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Según especialistas, es la obsesión por el rendimiento en la intimidad. Empuja a personas de 25 a 30 años a buscar estimulantes medicamentosos. Las mujeres, en cambio, logran mayor placer.

"Penecentrismo", un fenómeno que afecta la vida sexual del varón

Por UNO

Cecilia Osorioosorio.cecilia@diariouno.net.ar

La ansiedad crónica y la obsesión por el rendimiento condicionan la calidad sexual de los hombres, que cada vez, a edades más tempranas, manifiestan problemas en la práctica del sexo. En paralelo, hay un “florecimiento femenino”: las mujeres se interesan más, se informan y toman la posta de las consultas, logrando procesos de mayor placer y plenitud.

Es el “penecentrismo”, como define el médico y especialista en sexología Miguel Palmieri a la obsesión por el rendimiento (cuántas veces, cuánto duró, qué longitud tiene el pene o qué grosor) –sumado a una vida cada vez más compleja que esquiva la construcción de la intimidad–, lo que hace que hombres de 25 y 30 años concurran a los consultorios para requerir estimulantes medicamentosos como método para paliar sus dificultades.

“El hombre, acostumbrado al rol social, al poder fálico, comienza a sufrir las consecuencias de una vida condicionada por el consumismo y la necesidad de responder a determinados parámetros. Eso lo lleva a enfocarse en el rendimiento sexual de su órgano genital, casi como si se tratara de una performance deportiva. Usa Viagra para no hablar de su intimidad y para resolver el problema en un corto plazo, pero tampoco eso funciona”, explicó el especialista graduado en la UNCuyo, que representa a la provincia en distintas organizaciones internacionales de sexología clínica.

Aportó un ejemplo claro sobre los eyaculadores precoces: “Cuando piensan que pueden subsanar la situación argumentando ‘el primero es para mí, el segundo para vos’, no comprenden que quizás no hace falta una segunda eyaculación si la inicial es placentera y completa, y que deben trabajar en eso”. Añadió luego que, en condiciones normales, “una cosa es buscar una segunda erección en el transcurso de una noche erótica porque está todo bien con la pareja y otra muy distinta es tener la obligación porque el otro no está satisfecho”.

En el contexto del impulso de una especialidad que no existe en el ámbito académico de la provincia, Palmieri habló de una salud sexual que mejore la calidad de vida porque es “más integrada a lo afectivo, a la alegría, al cuerpo, al cuidado, al mimo, a la búsqueda del placer”.

Los efectosLa calidad de las relaciones sexuales está en retroceso y el problema es la falta de una mirada constructiva y afectiva de las relaciones.

“Los objetivos, el hacer, el tener, la cantidad, son pensamientos masculinos predominantes que impregnan la sexualidad y lejos de favorecer el disfrute priorizan el rendimiento en desmedro de la calidad. Muchas mujeres también lo entienden y piensan en esos términos”, dijo Palmieri, y agregó: “Es cierto, hay momentos de la vida, como la juventud, en que por la gran cantidad de hormonas y estímulos los hombres tienen naturalmente más erecciones. Pero eso dura poco, hasta que empiezan a convivir con una pareja, a trabajar en forma continua y se encuentran después de una semana sin tener sexo ni ganas”.

El médico mendocino señaló que el fármaco indicado para tratar la disfunción eréctil, pero cuyo uso se extendió a jóvenes de 25 a 30 años que no tienen esa patología, no sirve cuando incide la ansiedad.

“El citrato de sildenafilo (Viagra) mejora el flujo de sangre al pene, y está indicado para aquellas disfunciones eréctiles generadas por problemas arteriales. Cuando por la ansiedad crónica se descargan adrenalina y otras hormonas que sacan sangre de órganos que no lo necesitan para enviarla al cerebro, los músculos y el corazón, el estímulo logrado con ese medicamento en el pene termina contrarrestándose”, aportó Palmieri.