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La primera mujer en llegar tan alto en la cúpula carcelaria local dice que el 30 por ciento de los presos estudia y que la inseguridad no se combate endureciendo el régimen de prisión.

Milagros Noli: "Apuesto fuerte a la educación de internos y penitenciarios"

Por UNO

José Luis Verdericoverderico.joseluis@diariouno.net.ar

Es la primera mujer en llegar tan alto en la conducción del colapsado sistema penitenciario mendocino. La subdirectora María Milagros Noli es abogada, nació en Tucumán hace 29 años y, contra los pronósticos de que la realidad carcelaria “se la va a comer cruda” por ser una joven dama, asegura que en caso de motín estará “donde corresponda”. Y considera, por su formación académica vinculada con los derechos humanos, que “la educación, el acceso al trabajo y la capacitación” son claves para la recuperación de los 3.500 internos y para que los 2.500 penitenciarios hagan un trabajo eficaz y garante de los derechos de los privados de libertad, como le corresponde al Estado.

Noli, una de las tantas mujeres que componen el elenco de Francisco Pérez, habla con la voz, con las manos y con el ceño: “Me siento kirchnerista y apoyo este proyecto nacional y popular”. Niega ser de La Cámpora, aunque le gusta el trabajo de esa agrupación política, y reconoce, sin titubeos, que el puesto se lo debe a Pérez: “Trabajo para fortalecer la gestión de mi gobernador, porque apuesta a la juventud y a las mujeres en la ocu

pación de los espacios de poder que históricamente fueron ocupados por hombres”.

Teoría y práctica

–La conocimos hace pocos meses por su función en Defensa del Consumidor... ¿Ahora cuál es su ocupación?–El tratamiento de los internos y de las ofertas y posibilidades de educación que se les pueda brindar desde lo formal, no formal, las unidades productivas y los talleres, más la formación del personal penitenciario. Desde 2012 tenemos el Instituto de Formación Penitenciaria, donde dictamos cursos para aspirantes y personal. Apostamos fuerte a la educación y queremos fortalecer ese perfil para que el personal sea una fuerza eficiente, que funcione y sea respetuosa de los derechos de los internos. También trabajo sobre políticas penitenciarias con perspectiva de género para las internas y las penitenciarias.

–¿Le genera temor el trato con los presos?–No. La lucha que damos las mujeres es diaria y en todos los espacios de poder.

–Pero convengamos que la cárcel puede ser más peligrosa que una reunión de gabinete...–Sí, pero no me genera ningún miedo. También hay penales de mujeres privadas de la libertad.

–¿Cómo es tratar con ellas?–No hay un estereotipo. En nuestro sistema carcelario nacional tenemos una fuerte criminalización de la pobreza. Por lo general, las personas privadas de libertad están vinculadas con sectores vulnerables, y esos patrones se repiten en las penitenciarías de mujeres. Durante mucho tiempo los mayores índices estaban vinculados con el narcotráfico, que es un delito federal, pero eso está cambiando y ahora las mujeres están más involucradas en delitos comunes, de competencia provincial, y superan el 50% de la población carcelaria femenina.

–¿La educación es suficiente para recuperar a los internos en un sistema carcelario colapsado?–Falta crear espacios de capacitación. Este año tenemos un grato problema: faltan aulas para internos que quieren estudiar. La matrícula excedió la capacidad edilicia.

–¿Qué porción de la población penitenciaria estudia? –Más del 30%, y es elevada. Estudian en CENS, CEBAS y universidades. Este número fluctúa porque algunos internos abandonan sus estudios, pero este año el interés que tienen por estudiar superó las expectativas. La definición de los talleres que se aplican en el sistema está sesgada por una visión machista: en las penitenciarías para hombres tenemos talleres de carpintería y herrería, y para las mujeres hay para que hagan cajitas de madera, peluquería... Son actividades que obedecen a una concepción patriarcal de la distribución social de los roles, y de que si sos mujer te corresponde hacer una tarea y si sos hombre te corresponde hacer otra.

–¿Qué actividades deberían hacer las mujeres en las cárceles?– Tenemos que pensar en el grupo social mayoritario dentro del siste-ma. ¿Pero por qué no generar talleres de carpintería para mujeres? Hay que pensar en brindarles herramientas a las personas que quieran aprender un oficio para que puedan ejercerlo cuando recuperen su libertad y estén capacitados. Si una interna, cuando recupere la libertad, tiene la chance de trabajar en un taller de herrería o carpintería, le estaríamos facilitando el camino...

–¿Hay suficientes penitenciarios para semejante población penal?–En el Estado siempre se puede considerar que el recurso humano es escaso, pero estamos bien.