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Los skaters tupungatinos luchan por tener su espacio

Alejandra Adilaadil@diariouno.net.ar

Los skaters tupungatinos comparten una pasión y también un anhelo. Eligen este deporte como estilo de vida. Hoy ocupan espacios públicos para practicar, mientras esperan la construcción de un skatepark que les prometieron. 

Son parte de una de las postales diarias que nacen del corazón de la plaza de Tupungato, en donde dedican varias horas de sus días a los desafíos que les implica dominar su tabla, aunque para algunos vecinos la reunión de los skaters en ese espacio no es bien vista.

Basta con observarlos o escucharlos detenidamente unos instantes para conocer las verdaderas motivaciones que comparten. Se plantean, cuentan ellos, nuevos retos para ir superándolos: práctica, concentración y disciplina. Amistad y compañerismo  son algunas de las razones que sustentan este pasatiempo, que para ellos es una pasión que busca proyectarse en la comunidad. Por ello hoy tienen en común un anhelo por el que vienen luchando acompañados de sus padres y de otros actores: la construcción de un skatepark.

“Para nosotros no es una moda, lo elegimos como un estilo de vida que mantendremos por mucho tiempo. Es un deporte más, pero extremo, que nos motiva, que nos va mostrando nuevos retos que a medida que vamos superando hace que más nos gusten los desafíos y que sigamos esforzándonos por crecer”, explica de manera desenvuelta Matías García.

Él tiene 14 años y es uno de los skaters tupungatinos que todas las tardes se reúnen con otros jóvenes a patinar en algunos espacios públicos o céntricos como la plaza San Martín, las afueras del hospital General Las Heras o frente a la parroquia Nuestra Señora del Socorro. A pesar de que cada uno cumple con sus responsabilidades escolares y familiares, tratan de compartir la mayor cantidad de tiempo posible porque entre ellos se enseñan y se ayudan para perfeccionar técnicas y trucos.

Son cerca de 30 los que se reúnen asiduamente en el espacio verde, entre los que se encuentran un niño de 6 años y un joven de 22, pero estiman que en todo el departamento hay unos 120 skaters.

“Entre nosotros no hay rivalidades porque nos gusta lo mismo. A pesar de las distintas edades charlamos mucho, nos vamos comentando qué novedades tenemos de otros grupos, qué hemos aprendido y vamos viendo en qué podemos mejorar”, expresó Martín Salinas (13) con respecto a la amistad que han forjado a partir de esta actividad. 

El hobby no queda en un mero pasatiempo. Muchos de ellos han viajado a otras ciudades para encontrarse con patinadores de otras provincias y también mantienen contacto vía Facebook con referentes de este deporte en otros países, como Chile. Además de poder progresar y participar en encuentros y competencias, ellos comparten un gran anhelo por el que vienen luchando desde hace más dos años: contar con su propia pista.

Justamente fue el cura párroco departamental el que los acompañó en el 2011 a reunir firmas de la comunidad en una nota en la que se le pedía a la Comuna la construcción de un skatepark. Ese lugar serviría para que puedan practicar, organizar exhibiciones y encuentros sin molestar a los vecinos en otros lugares públicos.

“Nosotros sabemos que es incómodo, que a veces es peligroso y que corremos el riesgo de romper alguna baldosa o algo pero no tenemos dónde practicarlo. Nosotros no queremos molestar y tratamos de practicar cuando no hay mucha gente. Por eso es que deseamos tanto un espacio para nosotros”, agregó Lucas Salinas (15), quien aseguró que reciben el apoyo incondicional de sus padres, quienes también los acompañaron en reiteradas ocasiones a las reuniones que mantuvieron con autoridades departamentales.

“Ellos saben lo mucho que nos gusta y prefieren que lo practiquemos antes de que estemos sin hacer nada en la calle, drogándonos o tomando”, agregó. 

A pesar de que en su momento – hace más de un año– el proyecto presentado para realizar esta pista estaba avanzado al punto de que les habían anunciado dónde se construiría, hasta el momento no han tenido novedades con respecto a la obra.

Sin embargo, estos jóvenes no bajan los brazos y se organizan e ingenian para poder seguir avanzando. Para ello mantienen un fondo común de dinero con el que compran materiales con los que ellos mismos van creando obstáculos o rampas y que usan también para sustentar esta actividad que es costosa por el valor de las tablas y de los accesorios que necesitan para entrenarse.