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viernes 08 de diciembre de 2017

Le dieron de alta al rugbier agredido por una patota: "Pensé que me mataban"

A través de su cuenta en Facebook, el joven publicó un posteo en el que relató los duros momentos que le tocaron vivir.

Jonathan Castellari, el joven rugbier gay que el viernes pasado fue agredido por una patota en un local de comidas rápidas del centro porteño, fue dado de alta hoy y publicó en las redes sociales una carta en la que afirmó "pensé que me mataban. Pensé que no iba a poder contar lo que pasó".

A través de su cuenta en Facebook, el joven publicó un posteo en el que relató: "Tengo 25 años y me crié en La Paternal. Siempre supe que era homosexual, sin embargo, traté de amoldarme a lo que la sociedad esperaba que fuera. A los 16 años, decidí contárselo a mi vieja pero me fui de casa escuchando su voz. Me decía: Preferiría haberte abortado".

"Nací en una familia 'tradicional' y en mi casa siempre se vivió el machismo: el sobrino que tenía que ir a debutar, la mujer que tenía que levantar la mesa mientras el hombre miraba el partido. Ni hablar si en la televisión aparecía una pareja de varones chapando: 'Cambiá esta mierda', 'poné otra cosa', 'sacá a estos putos'", siguió.

También se refirió a su "dura adolescencia" y que en el colegio, "el hecho de que no me gustara jugar a la pelota me convertía en un ser extraño: puto, maricón, gay".

"Soportar el peso de la mirada de los otros fue siempre lo más duro: esa mirada que te hace pensar que lo que sentís está mal porque va en contra de lo que el resto considera sano", expresó.

Y aseguró que su padre fue el único que le dijo: "No me importa lo que hagas entre cuatro paredes, siempre te voy a amar".

Luego escribió sobre cómo conoció a Gustavo, su novio, un paraguayo del campo, jugador de un equipo "tradicional" de rugby, lleno de prejuicios, que le mostró por chat una foto de una conversación con sus amigos, "donde estaban burlándose de uno que había puesto "me gusta" en la página de Ciervos Pampas, mi actual club de rugby. Claro, Ciervos es el "equipo de rugby gay". En su lógica, ese "me gusta" te convierte en puto".

"Cuando le pregunté si participaría de un equipo como el nuestro, me dijo que no. Que sentía que nos discriminábamos solos porque podíamos, tranquilamente, jugar en un equipo de rugby normal". Lo que no se daba cuenta es que él, jugando en un equipo de rugby tradicional, no podía decir abiertamente que era homosexual", explicó.

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Y al contar que eso le había permitido superar ciertos temores, Jonathan aseguró que la semana pasada "volvió" a encontrarse con la homofobia cara a cara.

"Esa madrugada, con Sebastián, mi amigo, salimos de un boliche y fuimos a desayunar al Mc Donalds. Estábamos esperando el pedido cuando entró un grupo de ocho pibes. Primero empezaron a insultarme, después comenzó la pesadilla. Me vi en el piso, bañado en sangre, completamente indefenso. Me pegaban piñas y patadas, mientras me decían "comé por puto", "tomá, puto de mierda". Hay un grito que nunca voy a olvidar: "Hay que matarlo por puto"", manifestó.

El joven agredido señaló "me salvé. Hoy puedo contarlo", pero también se planteó varios interrogantes: "¿Qué habrán sentido otros adolescentes que todavía no pueden contar que son gays cuando vieron por televisión lo que me hicieron? ¿Habrán sentido que si "se les nota lo gay" los van a cagar a trompadas? ¿Que si eso pasa nadie se va a meter?

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"Si te preguntás cómo podés ayudar a cambiar esta locura, educá, difundí, hablalo en tu casa, hablá con amigos, con tus hijos. No te calles, no seas cómplice. La homosexualidad no es una enfermedad y la homofobia es una forma de odio que se inculca mediante la discriminación. Ser gay es algo innato en nuestras vidas", concluyó.

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Fuente: Télam

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