Diario Uno > País

La Justicia le dio la razón y está un paso más cerca de su sueño

Por Luciana Moránmoran.luciana@diariouno.net.ar

“Ser madre para mí, como mujer, sería la mayor bendición que me podría dar Dios. Conlleva todo, entregar la vida por ese hijo, al margen de la sangre. No estoy soñando solamente con la panza, sino con lo que viene después, con criar un hijo”, dijo Jimena Romero (33), con una sonrisa inmensa que casi desborda sus mejillas.

La esperanza y la fe fueron dos compañeras inseparables del matrimonio que forma desde 2006 con Ricardo Ceballes (30). Desde ese entonces intentaron tener hijos, sin conseguirlo.

Jimena debió operarse tres veces, ya que tenía un problema en las trompas conocido como hidrosalpinx (están tapadas con líquido, impidiendo la concepción). Después de transitar dos embarazos ectópicos (fuera del útero) y numerosos estudios, las consultas con cinco profesionales terminaron de mostrarles que no podrían tener hijos de la manera convencional y comenzaron a ahorrar para poder someterse a una fertilización in vitro, mientras averiguaban acerca de la posibilidad de adoptar un niño, pero como eran menores de 30 años no podían ni siquiera aspirar.

“Soy hija única y como tal siempre soñé con tener muchos hijos. La realidad marcó otra cosa, pero creo que lo que más nos ayudó como pareja fue, primero, tener mucha fe. Somos muy creyentes, católicos, y creemos que todas las cosas que te van pasando te pasan por algo. Por ahí llorás, te enojás… pero siempre salimos adelante (…) Me cuesta mucho manejar las expectativas, como mujer soy muy ansiosa, de querer las cosas ya, ahora y en este camino tuve que aprender a esperar”, aseguró la mujer, que trabaja en un local de ropa de la calle 9 de Julio desde hace seis años.

Esfuerzo y constanciaDicen que la felicidad no se puede comprar, pero acercarse a ella cuesta caro. Después de invertir todos los ahorros y hacer grandes esfuerzos, se sometieron a una fertilización in vitro, que no prosperó. Es que no sabían que su esposo tenía problemas de fertilidad. “Hasta el momento, todo lo había presentado yo. En este caso, mi esposo tenía una morfología patológica en los espermas y se sumó esta complicación”.

Después de la fallida experiencia de 2009, “empezamos otro camino, que fue juntar y juntar y juntar otra vez porque sabíamos que era muy costoso el tratamiento. En aquel año costó 15.000 y ahora cuesta entre 35.000 a 40.000 pesos (…) Seguimos ahorrando, pero con otra mirada. Como nos fuimos tan de golpe con el primer tratamiento, seguros de que nos iría bien porque la mayoría de los médicos creían que probablemente daría resultados, gastamos todo y nos quedamos con una mano adelante y la otra atrás, y no funcionó. Entonces cuando decidimos ahorrar para el segundo tratamiento dijimos ‘vamos a consultar también a un estudio jurídico y ver qué se puede hacer por la vía legal’”.

Mientras tanto, Jimena halló un médico –Luciano Sabattini– que los contuvo y les hizo hacer estudios “que nunca nos habían hecho y nos dijo que esperáramos medio año antes de intentar otra vez. Mientras tanto, seguíamos ahorrando lo que podíamos porque ni los estudios nos cubría mi obra social (Osecac) ni la de mi marido, OSPSA (del personal de la sanidad, ya que él trabaja en un servicio de ambulancias). Estuvimos un año haciéndonos análisis”. Paralelamente, la pareja inició acciones legales contra la obra social de los empleados de comercio en 2012.

El segundo caso en MendozaEl viernes pasado el teléfono sonó en el mostrador. Ella estaba esperando que algún cliente ingresara al negocio. Era la secretaria de los abogados Marcos González y Jorge Caloiro diciéndole que la jueza había fallado a su favor y que la obra social debía cubrirle el 100% de los costos de medicación, tratamiento, consultas, todo sin límites de cobertura, hasta lograr el embarazo. No lo podía creer: “Le pregunté cinco veces si estaba segura (risas). Que esto haya salido tan rápido es para nosotros un regalo de Dios y no casualidad”.

El primer caso similar en la provincia se dio en 2011, cuando la justicia obligó a OMINT a cubrir un tratamiento de fertilización in vitro.

“Ojalá los legisladores se den cuenta de que esto se tiene que mover, que hay gente que no tiene los medios, como no los tuvimos nosotros en su momento y estuvimos años para ahorrar”, reflexionó la mendocina que hoy festejará un glorioso día, esperando más oportunidades para cumplir su sueño de ser mamá.

Un camino doloroso y difícil►2006: Jimena queda embarazada por primera vez, pero descubren que se trata de un embarazo ectópico (fuera de lugar). La misma situación se repite al año siguiente.

►2008: comienzan a ahorrar dinero para acceder a una fertilización in vitro, que no prosperó.

►2009: estudios y más análisis. Otra vez sacrificios económicos para intentar de nuevo. Empiezan a pedir ayuda formalmente a la obra social.

►2012: inician acciones legales a Osecac.

►2013: la Justicia falla a favor de la pareja.

Para los afectados►Las obras sociales, las prepagas y el Estado no están obligados a cubrir tratamientos de infertilidad.

►Cerca de $40.000 cuesta una fertilización in vitro.

►Existen grupos de apoyo. Uno de ellos es Sumate a dar vida, una asociación civil (www.sumateadarvida.com.ar).

►En Mendoza hay un proyecto de ley, pero al parecer la intención es adherir a la iniciativa nacional cuando sea aprobada.

La ley nacional duerme en el SenadoEn junio de 2012, la Cámara de Diputados de la Nación dio media sanción al proyecto de ley de fertilización asistida que surgió a partir de la integración en un mismo texto de iniciativas presentadas por legisladores de varios partidos políticos.

Entre otros puntos, la norma determina que el Estado, las obras sociales y las empresas de medicina prepaga deben cubrir los tratamientos, diagnósticos, medicamentos y terapias de apoyo para aquellas personas que deseen tener hijos y no puedan.

Uno de los puntos más complicados del proyecto se refiere a la reglamentación de la norma. Múltiples argumentos se escuchan, como por ejemplo la incapacidad del Estado de afrontar este tipo de tratamientos por la falta de infraestructura y los altos costos de los mismos. También existe la oposición de obras sociales y prepagas de costearlos por la misma razón.

En otro orden, aparecen además cuestionamientos éticos y morales acerca de ciertos procedimientos de fertilización asistida y otros aspectos que deberán debatirse en el Senado. La fecha para esto aún no está fijada.

En Mendoza existe un proyecto de ley sobre esta problemática, pero ni siquiera se ha pensado tratarlo este año en la Legislatura. La iniciativa contempla tratamientos de baja y alta complejidad, como la inducción de la ovulación, la estimulación ovárica controlada, la inseminación intrauterina y la fertilización in vitro.

Aún son pocas las provincias que cuentan con una legislación que se ocupe de los casos de infertilidad. Se trata de Córdoba, Entre Ríos, La Pampa, Río Negro y Buenos Aires. Esta última sancionó su norma provincial en 2011. El punto principal de la norma aprobada en Buenos Aires es que se declara la infertilidad como una enfermedad –al igual que lo hace la OMS– y permite como máximo 3 tratamientos para parejas en las que la mujer tenga entre 30 y 40 años. Considera como “pareja estéril” a aquella que haya tenido un año de relaciones habituales sin protección y que no haya logrado un embarazo. Sólo rige para cónyuges que puedan probar 3 años de residencia efectiva en territorio bonaerense.

 Embed      
Juan Cruz
Juan Cruz
 Embed      
Florencia Colacito
Florencia Colacito