Diario Uno País

Esa escuela del distrito tupungatino de La Arboleda es el alma del pueblo y todos los festejos tuvieron una cerrada alusión a la historia del departamento, sus personajes y sus tradiciones.

La escuela Lindor Castillo de Tupungato cumplió 100 años

Por UNO

Por Alejandra Adiadi.alejandra@diariouno.net.ar

En Tupungato nombrar a La Arboleda es hablar de identidad, de misiones jesuíticas, de fundación y de patrimonio. Es nombrar a una de las primeras zonas productivas y a la inicial villa cabecera. Es citar a Secundino Gómez y a Lucas Pizarro. Es encontrar la historia de un pueblo en el simple sonido de la vieja campana que aún suena en el patio y donde todavía se luce el número 393, con el cual se designó en 1913 la escuela Lindor Castillo, creada el 4 de junio de ese año en el distrito donde se fundó el departamento.

Hace días comenzaron los festejos en honor al centenario de su creación y fueron las distintas generaciones que pasaron por ella los protagonistas de estas celebraciones.

“Yo digo siempre que La Arboleda es mía, y la cancha y la escuela también. Cuando hablan del centro, yo les digo: ¿dónde es el centro? Este es el centro de Tupungato. Acá se fundó”, afirma Juan Cacho Pérez, quien cursó hasta 4º grado en la antigua escuela, de la intersección del carril Zapata e Iriarte, y quien recuerda también el primer día de clases en el nuevo edificio, ubicado frente al monolito fundacional.

A los 16 años presidió el centro de ex alumnos y a los 18 la cooperadora, puesto que ocupó 40 años. “Tenemos tantos recuerdos, pero principalmente que todos trabajábamos en equipo por la escuela. No me voy a olvidar jamás de las maestras cargando por kilómetros palos al hombro para realizar los “pretes” para las paleteadas”, recuerda este tupungatino reconocido en La Arboleda por su incasable labor con los vecinos. Bailes y campeonatos de truco eran otros de los eventos para recaudar fondos.

Pero no sólo en Cacho se manifiesta ese elogiable sentido de pertenencia al distrito y a la escuela en la que se criaron, que es la segunda más antigua de la localidad. Carmela Giaquinta y Santos Ramírez, a sus 89 años, también se encontraron hace unos días para recordar sus años como compañeros de pupitre.

“A mí no me gustaba sentarme con vos, porque vos de Santo sólo tenés el nombre”, así lo recibe entre risas Doña Carmela a Don Ramírez, en la puerta de su casa. Él, a pesar de que recuerda menos, sí repite sus travesuras. “Jugábamos a la banderita, a ver quién la subía más rápido. Y cuando nos íbamos caminando para la escuela les tirábamos a las chicas unos frutos de la higuera que había a la orilla de la calle”, relata, pícaro, además de contar que el primer día de clases su madre lo bajó del caballo pidiéndole que entrara y que él, rebelde, lo hizo recién a las horas.

Ella ríe con cada anécdota y reflexiona: “Eran tiempos difíciles y nosotras las mujeres no salíamos ni teníamos todo lo que tenemos hoy. Yo aprendí sola a coser y a cocinar, porque a los 12 años falleció mi mamá y me hice cargo de las tareas de la casa y de mis hermanos”. Ni luz, ni calles marcadas, ni agua potable había por ese entones en La Arboleda. Recuerdan que igual se podía estudiar y que eran tiempos de mucha exigencia en la Lindor Castillo.

Santiago Rulo Silva es otro de los vecinos que aportaron para la reconstrucción de estas memorias. Él nació en la antigua escuela de La Arboleda, donde vivía porque Serafina Pedra, su madre, era portera, celadora y cocinera. “Ella nos hacía la tinta y después se compraban las plumas, por eso el agujerito que todavía tienen los bancos”, relata Rulo, quien a sus 77 años contó además cómo trabajó de albañil construyendo el nuevo edificio.

Historia viva y testimoniosBajo el lema “Nada es imposible cuando el amor es suficientemente grande”, la escuela comenzó con las actividades en el marco del centésimo aniversario de la institución.

La reconstrucción de la historia de la Lindor Castillo, cuyo primer edificio es una de las 14 escuelas declaradas como bien patrimonial, es uno de los objetivos que se han propuesto los miembros de esta comunidad educativa dirigida por Liliana Redondo.

Es a través de los testimonios de algunos de sus primeros alumnos, vecinos, egresados y ex docentes –como los de Cacho, Rulo, Carmela y Santos– que hoy está honrándose su trayectoria. A ellos, como a la ex directora Amanda Gatica, se los homenajeó el 7 de junio en un popular acto en el que los actuales 300 alumnos desfilaron desde el monolito fundacional hacia el patio de la escuela. Allí estuvieron presentes autoridades, padres, vecinos, ex alumnos y docentes compartiendo el acto artístico.

Usar la banca del vecino con algunos alumnos para reclamar el cuidado y conservación de lo que resta del viejo edificio –ya que es patrimonio–, realizar encuentros de ex alumnos y seguir recolectando testimonios son algunas de las propuestas para lo que resta del 2013.

Datos históricosLa escuela de La Arboleda se creó el 4 de junio de 1913, con el número 393. El nombre Lindor Castillo se puso en honor a quien fuese el director de la escuela de la parroquia de San Nicolás en 1924. Fue transferida por la Nación a la Provincia en 1978. La antigua escuela fue reemplazada en 1952 por el nuevo edificio, ubicado frente al monolito fundacional.

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Recuerdos. Carmela Giaquinta, Rulo Silva, Cacho Pérez y Santos Ramírez, históricos de la Lindor Castillo.
Recuerdos. Carmela Giaquinta, Rulo Silva, Cacho Pérez y Santos Ramírez, históricos de la Lindor Castillo.
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Flores. Amanda Gatica, otra de las homenajeadas en el acto del centenario.
Flores. Amanda Gatica, otra de las homenajeadas en el acto del centenario.