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lunes 12 de octubre de 2015

Había una vez un grupo de gente que quería escribir

Por José Luis Verderico
verderico.joseluis@diariouno.net.ar
Comienza este lunes a cerrarse el círculo perfecto, ya que el trabajo de los incipientes escritores nucleados en El Taller de la Palabra de  Mercedes Fernández llegará a los verdaderos destinatarios: el público, los lectores, la sociedad.
El grupo, que dará a conocer su obra esta tarde, a las 18, en la sala Azul del espacio Le Parc, está conformado por hombres y mujeres de diversas edades y ocupaciones, autoconvocados por el deseo de leer y de escribir y de conversar sobre la palabra ya escrita y todas aquellas historias en ebullición que pujan por salir al encuentro de los otros para provocarles diversas sensaciones.
Así, cada semana, las fantasías futuristas y espaciales del entrañable Ray Bradbury conviven con la simbología de Borges y los cronopios y las famas de Cortázar y la fatalidad de Horacio Quiroga, entre otros maestros en el arte de narrar, y nutren a los talleristas y a la vez aprendices, que terminan cada cónclave con ganas, inquietudes y mucho brío que sólo encuentran la contención necesaria frente a la PC o al papel y la lapicera.
El asunto es escribir y capacitarse para hacerlo cada vez mejor, buscando el punto de equilibrio entre la ansiedad de volcar ideas y de contar historias y las reglas básicas de una escritura clara, prolija y entendible por quienes lean o escuchen.
Y decimos escuchar porque El Taller de la Palabra también estimula a leer en voz alta y en público y así el texto ya no será más del autor, porque pasará a ser propiedad de todos y cada uno de los lectores y oyentes.
Gran cantidad de pequeñas obras gestadas durante el último año y medio saldrán hoy a la luz. Son historias de vida, de muerte, de venganza, de amores y desamores, fantásticas; todas ellas imaginadas, creadas y revisadas en solitario y después en equipo. 
También han sido debatidas y criticadas hasta que, cual piezas de rompecabezas, se unieron y encastraron en un volumen que desde hoy es de todos. Una vez más, la consigna de escribir ya no para uno mismo sino para los demás se ha cumplido.

 
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