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La víctima del caso que indignó al país por la actuación de los jueces, hoy vive con su madrina y sus tres hijos. Pasaron cinco años de cuando fue abusado por un hombre que hoy está libre.

Entre la vergüenza y el querer tener una vida normal: así vive el nene tras el fallo que benefició a su abusador

Por UNO

Un abusador sexual beneficiado por un fallo bastante discutible, jueces en la mira y un niño que hoy siente vergüenza cuando ve que todos los medios del país hablan de él.El chico que fue abusado cuando tenía seis años y cuyo caso se conoció en los últimos días, hoy vive con su madrina y los tres hijos de esta. Prácticamente es un hermanito más, que juega todos los días al fútbol con ellos en patio y que en los últimos días no ha querido ir a la escuela por temor a que lo reconozcan. Es apenas un chico de sexto grado que carga en silencio con una de las cruces más pesadas del abuso sexual: no siente miedo, siente vergüenza.

A Aldana –su madrina y quien lucha por adoptarlo legalmente–, le dice “má”. En el patio, los chicos y sus tres perros juegan a la pelota. Cualquiera que haya hablado alguna vez con una persona trans sabrá que es cierto que las primeras huellas aparecen en la infancia: niños que se ponen ropa de sus hermanas o que se maquillan en busca de su identidad de género. Pero este nene no se parece en nada a esa imagen con la que los jueces quisieron justificar su fallo: es un chico sonriente –recién se le cayeron las muelas– que dejó de jugar a la pelota en el club en el que fue abusado pero que juega tan bien que es buscado por otros clubes que quieren ficharlo.

Aldana lo mantiene lejos de la televisión: “No quiero que reviva lo que le pasó. Pero el otro día me distraje un segundo y vio a su tía hablando en la tele. Me dijo: ‘¿Má..., todo esto es por mí? Me da mucha vergüenza”, cuenta. Y a pesar de su edad (tiene 28 años) sabe que necesita protegerlo: cada vez que él se acerca, revoltoso y transpirado, ella se calla. “Hace dos días que no va al colegio. Me daba miedo que los compañeritos se burlaran pero hoy me llamó la maestra y me dijo que lo mandara tranquila, que los chicos piensan que el de las noticias es un chico de 6 años (ahora tiene 11) y ni se imaginan que están hablando de él”.

La contención de su nuevo hogar lo ayudó a digerir su historia. El nene tiene un padre biológico que pasó 30 años preso y una madre que huyó después de que su pareja le diera una paliza feroz. “Al principio, cuando pudo contar el abuso, se ponía muy mal: se hacía pis, no quería jugar a la pelota, se enojaba y revoleaba las cosas, no quería salir a jugar a la vereda. Pero era más vergüenza que otra cosa, se había enterado todo el barrio”, dice. Pero lo que quiso ser una señal de seguridad, se les volvió en contra: “Cuando él decía que tenía miedo de cruzárselo, le decíamos ‘tranquilo, está preso, no va a volver más’. Y él se calmaba. Y de repente nos venimos a enterar que hacía un año que estaba libre, viviendo a cuatro cuadras de casa, y nosotros no lo sabíamos”.

En estos años, el nene dejó de hacerse pis en la cama, dejó de tener pesadillas y de a poco, volvió a comportarse como un chico. “Pero empezó a hacer otras cosas: llegaba del colegio, abría el portón, se escapaba y volvía a casa dos horas después. Cuando le preguntábamos por qué lo hacía decía ‘no sé’”, cuenta Aldana. Y habla de un chico que, a veces, tolera su historia y otras, necesita escapar de ella. Y de una madre adoptiva, ella, a la que le pasa lo mismo: “Quisiera que él tenga una vida normal pero me da miedo. Yo no lo dejo que esté con ningún desconocido, no dejo que se le acerque nadie. Va de la escuela a casa. Y a las 9 de la noche, todo el mundo a la cama”.

Pero los días no son todos iguales. Hay días en que el nene recuerda que tiene “novia”, pregunta si ella puede venir a jugar al patio, mira dibujitos. Otros, donde recuerdan que nunca volvió a jugar a la pelota en un club: no puede entrar a un vestuario. Y como un mecanismo que lo salve, “a veces dice que no se acuerda de nada. Pero otras, cuando yo le digo que tal vez tenga que volver a declarar, se empieza a frotar las manos, fuerte, cada vez más fuerte. Siempre hace eso cuando hablamos del tema. Después me dice que sí, que se acuerda de todo, de lo que pasaba en el vestuario, y de cuando Mario lo llevaba a jugar a su casa, con su hijo. Porque el tipo tiene un hijo de su misma edad”.

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