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lunes 16 de abril de 2018

El "Fin del Mundo" y sus encantos

Alemanes, chinos, japoneses, belgas, estadounidenses y todo lo que uno se imagine, son parte de las nacionalidades que eligen conocer el Fin del Mundo, y en especial vivirlo a través de una experiencia con la naturaleza en el Parque Nacional Tierra del Fuego, en el extremo más austral del mapa de la Argentina y antes de llegar a la Antártida.
   
Unos 350.000 turistas son los que han disfrutado de este paisaje que en otoño se torna especial con sus colores rojos encendidos, ocres, amarillos y marrones, que lo pueblan en las montañas hasta el mar con los guindos o cohiue de Magallanes, las lengas, las estepas alto andinas y los turbales de esta región plena de bosque Subantártico o Andino Patagónico.
   
Al mirar el mapa, impresiona ver la zona protegida junto al canal Beagle y en especial caminar junto a la Bahia Lapataia, único fiordo en el lado argentino del canal y la Ensenada Zaratiegui, donde a primera hora del día y vestidos con capas de abrigo, como una cebolla, es posible sorprenderse con un día sin viento y con sol, que alcanza los 12 grados y torna a la experiencia en casi un trekking de primavera pero en pleno otoño.

Una joven pareja de turistas belgas, eligió el Fin del Mundo además de los fiordos chilenos para conocer este punto en el mapa y tras pensar los atractivos en el Parque Nacional "la inmensidad" fue parte de su sorpresa al comentar que en Bélgica un parque nacional alcanza las 6.000 hectáreas como el caso del PN Hoge kempen a diferencia de las 68.909 hectáreas que abarca el criollo PN Tierra del Fuego de las cuales sólo un tres por ciento son de uso público. Pero, claro que con esto, alcanza y sobra para sentirse en el Fin del Mundo.

Hay un trekking que se puede realizar en tres horas, ida y vuelta, hasta el Hito XXIV junto al lago Acigami, hasta el límite internacional Argentina-Chile, pero también hay otro que concentra emoción y para el cual hay que prepararse dado que son ocho kilómetros que caminando como cuando uno pasea mirando vidrieras, se accede al final del camino desde la Ensenada Zaratiegui hasta el Lago Acigami para terminar con un refrigerio glorioso en el restaurante del centro de servicios al visitante Alakush, donde se puede recorrer además, una exposición con instalación de la historia de la región.

El sendero recorre el bosque y la costa, se sube y se baja por desniveles sencillos, pero lo cierto es que hay pequeñas ensenadas, y miradores naturales incluso, donde poder conocer los sitios arqueológicos donde los Yámanas construían sus campamentos y con una historia de más de seis mil años, aún se pueden ver los "concheros", recintos que dibujan ondulación en el terreno con forma anular donde se han encontrado restos de valvas marinas (del alimento que consumían), huesos de animales y restos de fogones.

El bosque se siente desde sus árboles hasta en los pies. Hay que estar atentos porque además de los troncos caídos cubiertos por un sinfín de musgos y helechos también como en un mundo "Avatar", se ven hongos de distintos tamaños y colores. La espesura tiene su propio sonido y aroma.
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