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domingo 10 de mayo de 2015

El destino misterioso de ese exquisito fullback de San Martín

Figura en los ’70 y DT en las horas difíciles, el Flaco desapareció hace 14 años y hace 6 meses la Justicia lo declaró fallecido. Para la hija y amigos del fútbol, está vivo

José Luis Verderico
verdericojl@gmail.com
@jlverderico

Una resolución de la Justicia civil fechada el  5 de noviembre último en San Martín indica que Rodolfo Juan Zuvialde presuntamente falleció el 31 de diciembre de 2002, a las doce de la noche, en el distrito Palmira. Firmado: María Violeta Derimais, jueza.
El expediente 48.370, caratulado “Ausencia con presunción de fallecimiento”, da respuesta, al menos en los papeles, a un misterio que late en la zona Este desde hace 14 años: ¿dónde está el Flaco Zuvialde, aquel desgarbado fullback del glorioso Atlético Club San Martín  de los ’70, desde que la tierra se lo tragó el 14 de junio de 2001?
Pasión dominguera
Mediados de los ’70. La hinchada albirroja canta, grita y alienta, y el humo de los choripanes y el redoblante le dan el marco justo a la tarde futbolera. Juega San Martín, señoras y señores. Un rival lanzado al ataque se anima y tira el centro bombeado, pero el Gringo Reggi está tranquilo: el Flaco Zuvialde sabe qué hacer y lo hace bien: salta, cabecea en el aire y aleja el balón y el peligro. “Bien, Flacooo”, lo premia un plateísta. El aplauso colectivo baja del tablón  como un bálsamo por otra acción clara, precisa, la única posible de ese último hombre en el que también confiaron otros guardametas, como Raúl Tamagnone, que lo evoca así. “El Flaco hablaba poco, pero cuando lo hacía tenía una chispa bárbara y una fina ironía. Jugaba con una tranquilidad asombrosa. Llegaba siempre,  en cada cruce, a cada pelota. Era un tiempista; un Schiavi, un Ruggeri pero, ojo, no le pegaba a nadie”.
El hoy político Tamagnone está convencido de que el Flaco está vivo: “Creo que no se lo buscó como era debido. Nunca lo noté enfermo ni deprimido, pero bueno... el fin de la carrera de futbolista pudo haberlo afectado; el retiro no es sencillo. Gracias a diferentes versiones lo buscamos en San Juan, y nada”.
Puertas adentro
Nancy Zuvialde, la hija mayor del Flaco, habla con UNO del delicadísimo tema. Por primera vez. “Se fue. Ojalá alguna vez sepamos qué pasó con mi papá, dónde está. Sería un remedio para tantos años de dolor e incertidumbre familiar”.
“Me agradecía por todo en una nota que dejó ”
La carátula de ausencia con presunción de fallecimiento se aplica para declarar la muerte civil de una persona que lleva al menos diez años desaparecida, que fue buscada y sin embargo no fue hallada viva ni muerta. Como el Flaco Zuvialde, que fue visto por última vez saliendo del mercadito con carnicería de Sergio Vázquez, otra gloria del fútbol local, que el Flaco atendía en Palmira. “Dentro de la bolsa en la que me dejaba la recaudación el Flaco me había dejado una nota que le entregué a la familia. Todo era raro en esa carta: me saludaba dos veces, me agradecía por todo y me decía que se iba a Buenos Aires.  Esperá que bajo un cachito el televisor”, pide con voz ronca y porteña. Este jueves, mientras Messi la rompía contra los alemanes del Bayern Munich, Vázquez prefería hablar del Flaco: “Era muy hábil con el balón a pesar de su gran estatura; un fullback exquisito –remarca–, o un stopper si la jugada lo pedía. Era un fuera de serie. Fuimos muy amigos. Jugamos juntos la Copa Argentina en Palmira y Jorge Julio era el DT. El Rolo, porque yo le decía Rolo, hablaba poco, pero a veces hacía chistes en pleno partido, era gracioso, honesto, correcto. Lo busqué en San Juan, en San Luis... Nunca apareció”.  
En el éxito y en las malas, un hombre bueno
Las exitosas campañas del Albirrojo de 1974 y 1975 también fueron intensas desde lo físico. Tantas horas de quites, forcejeos y despejes en pos de la pelota, de la gloria, le costaron al Flaco Zuvialde la operación de una pierna. El encargado de accionar el bisturí y de monitorear la recuperación fue Juan Carlos Luque, médico del club durante más de cuatro décadas e histórico protagonista de la vida institucional. “El Flaco Zuvialde era sencillo, buena persona y un gran futbolista. Jugaba de 2 o de 6”, recordó desde su casa en San Martín, y durante la charla reapareció la figura del día después del pitazo final. “El Flaco también fue un gran DT de las inferiores del club y aceptó dirigir la Primera en momentos de crisis y de salidas de técnicos que llegaron con mucho renombre y nada más. Debió tener más oportunidades”, reflexionó. “No tenía el perfil de la persona depresiva y era un enamorado de su familia, a la que le costó recuperarse de su desaparición; lo recuerdo andando en bicicleta llevando al nietito sentado en el caño, fue la última vez, ¿14 años ya? Cómo pasa la vida!”.
El fútbol está en el ADN familiar y en las inferiores
Más allá de las ausencias con presunción de fallecimiento, la vida sucede.
El ADN de los Zuvialde tiene un fuerte componente futbolero. Juan Andrés, el hijo más chico del Flaco y de Norma Calani, llegó a jugar en la Primera de Palmira, donde el Flaco brilló antes de pasar al club albirrojo.
Hoy, el nuevo eslabón de esa cadena es Tomás: aquel nietito al que Zuvialde paseaba en el caño de la bicicleta tiene 16 años y juega en las inferiores de San Martín. Es alto y desgarbado, como el Flaco. Pero no es defensor, sino delantero.
De andar cansino, como su abuelo, Tomás es el primer hijo de Nancy y el primer y único nieto al que Zuvialde conoció y mimó antes de irse. Otros seis descendientes crecen, crecieron y crecerán escuchando anécdotas de horas de sudor y esfuerzo, y de ganar y de perder los partidos, y acaso repasando las fotos históricas y los artículos de época, e incluso esta nota de UNO. El abuelo, leyeron y leerán, fue uno de los protagonistas descollantes de la llamada “defensa de los rubios” junto con el Pato Gramari y al Ruso Dubrowszyk.
La hija del Flaco respiró fútbol desde su primer instante. Se crió en San Martín viendo al padre saltando y cabeceando y despejando y robándoles la pelota a tipos tan famosos como el Gringo Scotta o el Loco Houseman; se alegró con los triunfos y sufrió las derrotas, incondicional. “Muchos me reconocen como la hija del Flaco y eso me pone muy contenta”, dice con voz pausada y hablar sencillo  esta mujer delgada y de hermosos ojos celestes que fue Reina Vendimial de San Martín en 1993 y que un día volvió a la cancha del Albirrojo, ya no como antaño para ver al padre, sino acompañando y apoyando a Tomás: “Dicen que juega bien, pero qué te puedo decir yo que soy la madre... En casa somos todos futboleros –confiesa– mientras en el televisor de su casa, uno de los tantos canales de deportes repiten el maravilloso y endiablado segundo gol de Messi a los alemanes del Bayern, con pelota pinchada sobre el arquero.
 Una de las fotos que ilustran  la web del Atlético San Martín muestra al Flaco y al resto del equipo en la cancha, listos para jugar.
El humo de los choris, el olor a mandarinas, el redoblante y las banderas y la hinchada completan la inolvidable postal.
El mito de la nueva vida familiar, muy lejos   
La Justicia declaró la muerte de Zuvialde, que tiene –¿o tendría?– más de 70 años, tras analizar las pruebas de que fue buscado y jamás encontrado. “Mi papá es –Nancy habla en presente porque ella siente que está– retraído”.
–¿Qué pasó con el Flaco?
–Se fue y nunca más supimos de él.
–¿Ni una llamada ni una carta?
–Nada.
–Se llegó a decir que armó otra familia, lejos de Mendoza...
–Si apareciera, aun con otra vida, sería reparador para todos. Los primeros años de búsqueda fueron terribles. Te cuento...  (continuará).
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