Diario Uno > País

El cambio climático y las olas de calor ponen en jaque los viñedos

Por Claudia Pagliarulonye@diariouno.net.ar

Las variables climáticas que se vienen presentando en los últimos años producto del calentamiento global están modificando la respuesta fenológica de la vid. Según distintas investigaciones realizadas en la provincia, ciertos fenómenos como las olas de calor, la escasez de lluvias y las granizadas extraordinarias, sufridas particularmente en los últimos cinco años, están impactando en el ciclo de la vid.

De hecho, “casi el 60% del rendimiento de la vid responde a la variabilidad climática. El 40% restante tiene que ver con la intervención del hombre en el manejo del viñedo”, señala Martín Cavagnaro, coordinador del Área de Investigación y Desarrollo de la Dirección de Agricultura y Contingencias Climáticas de la Provincia de Mendoza. Particularmente, las temperaturas y las precipitaciones son los factores que influyen en el rendimiento de los viñedos.

Las primeras conclusiones indican que, en algunos casos, estos fenómenos provocan una maduración más rápida de la vid o un menor peso del racimo, en otros, datos de los que la industria vitivinícola deberá tomar nota para optimizar el manejo de los viñedos y mitigar el impacto.

Estudios“Para hablar de cambio climático, hay que disponer de una serie de datos de larga data y sorprende que en Sudamérica todavía no haya muchos estudios referidos a la vid, a diferencia de California o Europa. Pero sí se puede hablar de variabilidad térmica, de los regímenes de temperatura, de lo que ocurre con las corrientes del Niño y la Niña en el Pacífico, y cómo influye la temperatura superficial del mar en el hemisferio Sur y particularmente en Cuyo, en cuanto a los rendimientos de brotación y floración”, explica Cavagnaro.

Se sabe que cuando se da el fenómeno de la corriente del Niño se producen veranos más húmedos, que generan mayor cantidad de precipitaciones y probabilidad de tormentas de granizo pero “una de las variables que se vienen dando en los últimos cinco o seis años son las famosas olas de calor. Hay semanas que han tenido temperaturas promedio superiores a los 35° durante cinco días y la mínima no ha bajado de 25° o 27° y eso afecta la transpiración y respiración de la uva”, resalta.

Aunque estos procesos todavía están en estudio, “se ha observado que mientras el volumen de uva es el mismo, pesaba un 25% menos”. Estos datos surgen de una investigación de tres años sobre “Variabilidad y Cambio Climático en el sur del Cono Sur, Antártida y Océanos adyacente. Impacto en actividades productivas regionales”, dirigida por investigadores de la UCA (Universidad Católica Argentina) y que sirvió de disparador para la tesis doctoral que prepara Cavagnaro, denominada “Estudio de los efectos de la variabilidad y tendencia climática en la producción vitícola de la Provincia de Mendoza”.

El INV (Instituto Nacional de Vitivinicultura) también viene realizando estudios sobre esta problemática desde 2008, que coinciden con lo manifestado desde la Dirección de Contingencias Climáticas.

De acuerdo con Claudia Quini, subgerenta de Investigaciones del INV, “estamos viendo que algunos eventos se están sucediendo con más frecuencia como las olas de calor, que si bien este año no las hemos tenido, sí han ocurrido en los cinco años anteriores, con exposición de los cultivos a temperaturas por encima de los 35° en períodos que superan los cinco días. También en los últimos años ha habido un déficit de disponibilidad de agua.

Esto ha hecho que el viñedo tenga un comportamiento diferente a años con otras incidencias más normales”.

La presidenta de la OIV señala que en 2008 se produjo una ola de calor muy importante y comenzó a analizarse su impacto, como ya se venía haciendo en otros lugares del mundo como Australia.

“Esto se viene sucediendo alternadamente con mayor o menor incidencia y en las diferentes regiones del país. Hay años en los que la deshidratación ha afectado el peso. Hemos tenido el mismo volumen de racimos pero con menor peso. Pero, por suerte, la vid es muy noble y se recupera muy fácilmente. Al otro año es como si no le hubiera pasado nada. Tiene mucha adaptación, es muy plástica” señala Quini, junto a Mónica Barrera Oro, jefa del Departamento de Estudios Vitícolas del INV.

Incidencias en la maduraciónMás allá de la pérdida de peso que produce la deshidratación por las altas temperaturas y la escasez de lluvias, el intenso calor también está teniendo incidencia en el ciclo de la vid, modificando los tiempos de brotación, floración y cuaje.

“Hemos visto que estos fenómenos provocan, por ejemplo, un adelantamiento de la fecha de brotación. También se está observando que las horas de calor que la vid necesita para completar su ciclo se están acortando y se están produciendo cosechas anticipadas. Además se ven cambios en los días que había entre una etapa fenomenológica y otra; por ejemplo, entre floración y cuaje, o entre brotación y floración, que se van acortando”, ilustra Cavagnaro.

Por su parte Quini señaló que se está notando un desfasaje entre las distintas curvas que hay que tener en cuenta para cosechar. “A determinada fecha, hay un contenido de azúcar en la uva, como está ocurriendo hoy, listo para cosechar. Sin embargo, si se parte el grano, la semilla aún está verde, es decir que falta una maduración de materia colorante, polifenoles o aromas”, explicó.

Antes esas curvas “eran más paralelas” y hoy se presenta un desfasaje que “el enólogo y el ingeniero agrónomo deben tener en cuenta para determinar el momento óptimo para cosechar”. De hecho, si se cosechará en estas condiciones, “eso influiría en la calidad del vino. Es decir, podría tener menos estructura, menos aroma o color”, completó Quini.

¿Cosechas escalonadas o adelantadas?La variabilidad climática ha alterado los indicadores que los enólogos e ingenieros evalúan para establecer el momento justo de la cosecha.

Aunque estos procesos todavía se están estudiando, “vemos que esta variabilidad climática está afectando las relaciones de la vid con su entorno”, destacó el especialista Martín Cavagnaro.

El fin último de estos estudios “es tratar que los viticultores y los bodegueros logren la mayor eficiencia en los viñedos conociendo todas estas variables; que puedan generarse nuevas formas de hacer viticultura, nuevas tecnologías y obviamente que se puedan desarrollar políticas públicas que mitiguen los efectos del cambio climático”, sostuvo.

En este sentido anticipó que “las fincas y en las bodegas van a tener que trabajar de manera diferencial, sabiendo que se pueden dar cosechas anticipadas, que la maduración llega muy rápido y quizás pensar en cosechas escalonadas”.

De las investigaciones se desprende que las variaciones climáticas afectan tanto a tintas, como a blancas y rosadas. Sí, influye más el lugar donde están localizados los viñedos y en este sentido, la que tiene temperaturas más altas es la zona Este, que justamente es la que marca los números en cuanto a volumen de producción.

Por lo pronto, ambas instituciones –la Dirección de Contingencias Climáticas y el INV– buscan profundizar los estudios para contar con mayor información.

La Dirección de Contingencias Climáticas está iniciando un estudio sobre la influencia de la radiación solar y temperaturas con respecto al tenor azucarino de la vid en la última década.

En tanto, el INV trabaja con la citada dirección, con la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNCuyo y con el IDR (Instituto de Desarrollo Rural), en otros métodos de medición.

El titular del IDR, Francisco Gómez manifestó que se está trabajando en un ajuste metodológico para el pronóstico de cosecha. Aunque no se trata de un estudio sobre variabilidad climática, “las curvas de crecimiento de las que se tome registro, a posteriori se pueden utilizar para un estudio realizado sobre cambio climático”.

El impacto sobre el ajoAdemás de la influencia de las variables climáticas en la vid, también se están realizando en la provincia estudios sobre el impacto que tiene en la producción de ajo.

La Facultad de Ciencias Agrarias de la UNCuyo está realizando un ensayo sobre el impacto del “aumento de temperatura del aire en los tres tipos de ajo: blanco, colorado y morado”, indicó Mónica Guiñazú, adjunta de la cátedra de Fisiología Vegetal de esa casa de estudios. La investigación está en pleno desarrollo y se espera la próxima cosecha para evaluar los resultados.

Ya el año pasado, se había realizado otro ensayo para analizar la influencia del aumento de la temperatura del suelo en ajo colorado, en distintas fases del ciclo. Los resultados arrojaron que “si el aumento de temperatura se producía durante el invierno, había mayor producción comercial mientras que si era durante la formación del bulbo, teníamos menos producción porque había más cantidad de bulbos deformes”, explicó la ingeniera.