Diario Uno País

Francisco Saturnino Arce (70) vive en Rivadavia y su mundo, desde hace un tiempo, gira alrededor de la fabricación a mano de pelotas. Gajo por gajo, este ex centrojá lleva creados más de 1.700 balones. Galería de fotos.

El artesano Tonino, el dios de los sueños y la felicidad redonda

Por UNO

Por Enrique Pfaabepfaab@diariouno.net.ar

Aquí nace todo. La ilusión, la risa y el llanto, el deseo, los sueños. La felicidad plena. Aquí, en esta casa del barrio Democracia, de Rivadavia, viven Zeus y todos los dioses. Aquí habita aquel que hace posible la alegría. Su documento miente. Dice que es humano y se llama Francisco Saturnino Arce, y que tiene 70 años, pero esto no es cierto. Los vecinos lo llaman Tonino y, al menos, debería ser canonizado. San Tonino tendría que ser y el onomástico debería festejarse todos los 18 de julio, recordando ese día de 1977 cuando Tonino hizo su primera pelota de fútbol. Gajo por gajo, costura tras costura. Redonda y eterna. “El otro día me llamó una señora. Me contó que un camión regador le había pasado por encima a una pelota que le había vendido. Se reventó sólo la cámara, pero es casco quedó intacto”.

De niño ya fue el encargado de parchar y volver a coser las pelotas –los fulbos, mejor dicho– del grupo de pibes del barrio que se juntaba en algún picadito. “Yo jugaba de centrojá (5), hasta que alguien me puso de 2 y de ahí no me moví más. Hasta quisieron llevarme a la Lepra, pero en Rivadavia no me quisieron dar la ficha. Entonces dejé todo y sólo jugaba con los amigos”, recuerda Tonino en el comedor de su casa, mientras corta hexágonos de dos tamaños distintos, negros y blancos, para hacer el siguiente balón. “Antes llevaba la cuenta, pero después la perdí. Llevó hechas unas 1.700 pelotas”, estima.

En la radio suena música latina. Tonino perfora los bordes de los gajos. La esfera perfecta, de cuero y sin charol –“ésas, como las sintéticas de ahora, sólo sirven para jugar en el pasto, porque en la tierra o el cemento se pelan todas”, aclara– tendrá 62 gajos, algunos hexagonales y otros triangulares. Formarán dos medias esferas que luego se unirán y se trasformarán en el sueño del pibe. “Este modelo lo vi en una vidriera de un negocio en Mar del Plata en el ’91. Cuando vine, estuve tres horas hasta poder resolver cómo fabricarla”. El diseño es perfecto y muy llamativo. Además están los diseños convencionales, que combinan gajos grandes con otros más pequeños. “Yo las pruebo con 40 libras, cuando los neumáticos de un auto llevan 30. Las costuras se estiran y se ajustan, pero jamás se zafan”, dice Tonino, orgulloso.

El hombre nació en la calle Arrascaeta, de Junín, el 7 de abril de 1943. Cuando se casó, se vino a vivir a Rivadavia. Trabajó en la Municipalidad de Junín durante 35 años. Después, su mala salud lo jubiló. Tuvo un principio de cirrosis que se llevó la mitad de su hígado. También tiene problemas de artritis y diabetes. Su vida estuvo a punto de desinflarse cuando contrajo una de las formas más graves de hepatitis. “Once años estuve viajando a Buenos Aires para hacerme atender”. En uno de esos hospitales se pescó un virus intrahospitalario que le produjo una gravísima infección en la mano y el brazo derechos. La consecuencia: sus dedos índice y pulgar no tienen sensibilidad y están fríos, pero no inútiles. La voluntad de Tonino puede más. Aún los usa para coser el cuero. “Ahora tardo ocho horas en hacer una pelota. Antes me llevaba algo más de una hora”, cuenta.Mientras su esposa, Chavela, prepara el almuerzo, Tonino muestra sus herramientas: una enorme tijera, la lezna, la perforadora, la esfera de hierro que contiene la pelota cuando le inyecta las 40 libras de aire, el hilo engrasado con el que cose los gajos, “que es el mejor y es argentino. Ninguna otra tiene esta calidad de costuras”.

Y si de costuras se trata, el artesano todavía recuerda los viejos balones cosidos con tientos y con gajos en forma de banana. “Ésos eran los que yo arreglaba cuando era chico”, recuerda. Y también tiene fijada en la memoria las imágenes como jugador con ese esférico. “Cuando la pelota venía, venía así (y gira los dedos, graficando un remolino). ¿Te acordás? Si te agarraban esas costuras en las canillas te pelaban todo. Nadie quería cabecear”.

Y también hay remembranzas del juego. A mí me decían Machucón. Cuando uno se tiraba a marcar a pies no era falta. Ahora te cobran ful por todo. Antes hacían un retranque que llegaba a guasquear la pelota y no era falta. Ahora todo es falta”.

Tonino aprendió mirando. “Los talabarteros no me quisieron enseñar. Entonces, un día desarmé una pelota e hice una nueva. La primera, que todavía la guardo, me salió ovalada”.

En las grandes fábricas de todo el mundo, la pelota se sigue cosiendo a mano, pero todo el resto del proceso es casi mecánico. En casa de Tonino Arce todo es manual, del principio al fin.

De allí salen todos los tamaños de pelotas de fútbol, pero también fabrica guindas de rugby. “Y también reparo las de básquet, las de vóley... todas”.

Hace poco, a Tonino lo quisieron llevar a Santa Fe para que mostrara cómo trabaja. “Yo no quise. Ya sufro mucho viajando en colectivo. La única manera sería ir en avión”.

Corta y cose. Dale y dale. Vende sus pelotas a $180. “Y la gente me dice que están baratas –comenta–, porque las que se venden en los negocios van de los $250 hacia arriba. Y las que hago yo duran mucho más”.

Chavela ha terminado la comida. Los gajos del futuro balón deben desaparecer de arriba de la mesa. Afuera hay sol, ideal para un picadito cuando caiga la tarde, cuando sea hora de ser feliz. Porque la felicidad es redonda. Bien redonda.

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Perfecta. Probada con 40 libras, esta pelota está lista para algún picadito.
Perfecta. Probada con 40 libras, esta pelota está lista para algún picadito.
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Tonino. En su mesa de trabajo, con las herramientas que servirán para darle movimiento a la pasión.
Tonino. En su mesa de trabajo, con las herramientas que servirán para darle movimiento a la pasión.
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Detalles. La perforación a la distancia justa. Francisco Saturnino Arce es admirado por su trabajo. Doble costura con el mejor hilo del mundo, que es argentino.
Detalles. La perforación a la distancia justa. Francisco Saturnino Arce es admirado por su trabajo. Doble costura con el mejor hilo del mundo, que es argentino.
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