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Cuidado, máquinas trabajando

Por Luciano Bertolottibertolotti.luciano@diariouno.net.ar

“Máquinas trabajando”, reza el cartel metros antes de llegar a las obras de remodelación de la calle Boulougne Sur Mer. Y sí, un par de máquinas, pero nada avisa que también y, sobre todo, en la calzada hay decenas de hombres. Que hay personas que están trabajando, seres, sujetos, individuos.

La señalización alerta. La grandilocuencia del hierro puede más, dice más, vale más que la fragilidad de los cuerpos escondidos tras un casco, tras el uniforme, y que están lejos de la magnificencia de una verdadera tragedia, donde el vapor y el humo se resignifican constantemente.

Máquinas trabajando. Progreso, crecimiento, escombros y sudor devaluado.

Andamios para sostener los vientos del ayer y hacer flamear las banderas que marcan un rumbo preestablecido en la naciente de sus ruinas.

Calles, carriles, cemento. Destinos, tránsito y la negación constante del desencuentro.

La maquinaria está también en la fiesta internacional donde se muestra lo local trayendo mercadería de afuera, esa que brilla aún más con el fuego de la pirotecnia que sobrevuela estridente como llamador, como placebo, como sello y afirmación de algún tácito sin excepción que vale todo aplauso programado como predicción. La tradición, el folclore, hace sus piruetas en la esquina donde la industria levanta las paredes que le dan sombra a lobbystas.

La maquinaria sostiene las arcas sindicales, mas allá de quienes ya titubean en sostenerse desde el oficialismo que los impulsó a comandar el tablero de mando y que ahora manufacturan el discurso opositor. Ven de reojo arriba y abajo. Presionan, ceden, compran; la idea es no perder la topadora y todo lo que esta arrastra, levanta y allana.

El progreso necesita la topadora que esconde los datos o lo disimula, que culpabiliza y estigmatiza.

Maquinaria discursirva que un día defenestra a una petrolera española y luego negocia para asociarla. Allí estarán los guanacos extrayendo la materia que posibilita el movimiento de esto que llaman progreso.Tránsito, calles, esmog y más máquinas trabajando.

Hombres, mujeres, maquinizadas víctimas la representación maniquea.

Máquina que fortalece la deshumanización, que reprime en nombre de la felicidad. Artefacto, en todos sus sentidos, y preparado para imposibilitar toda huida, para envenenar y demonizar todo lo que escape a su alcance, a sus tentáculos de hierro.