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domingo 17 de mayo de 2015

Caso Zuvialde última parte: aquella tarde en que el fullback tocó el cielo con las manos

El Flaco Zuvialde, desaparecido hace 14 años, dejó huella en el fútbol de los ’70 con las casacas de San Martín y Palmira. La psiquiatría ofrece una explicación para un enigma que sigue en pie y que evoca tardes gloriosas y de puro fútbol.

Por José Luis Verderico - verdericojl@gmail.com.ar - @jlverderico
Hace catorce años a esta hora, Argentina se encaminaba inexorablemente hacia una de las crisis políticas, sociales y financieras más severas de la historia. El gobierno de la Alianza se desintegraba y la escasez de dinero genuino daba origen a las cuasimonedas emitidas por los gobiernos de provincias y al trueque de bienes comestibles y muebles en barrios, plazas y ciudades, como forma de supervivencia. Pero en San Martín, a 42 kilómetros de esta capital, la preocupación tenía otro epicentro: ¿dónde está el Flaco Zuvialde?, repetían en plena búsqueda, en la zona Este, desde el 14 de junio, cuando el exquisito fullback de Palmira y del club chacarero de los ’70 –ya retirado, pero vigente en la admiración futbolera y popular– salió de su casa y desapareció para siempre.
– (...) Los primeros años de búsqueda fueron terribles. Fuimos a San Juan, a San Luis, al sur del país. Recorrimos hospitales y comisarías, y nos tocó ver cuerpos de personas en estado de abandono, pero ninguno era papá– retoma la hija mayor, Nancy Zuvialde, en diálogo con Diario UNO.
Durante los seis meses posteriores, familiares, amigos y allegados amplificaron la desesperación por encontrar al Flaco pegando por doquier –comercios, colectivos, oficinas públicas, garajes y terminales de transporte– afiches con fotos y números de celulares, a la espera de la buena noticia que nunca llegó. 
–¿Por qué desapareció tu padre?
–Los especialistas nos dijeron que tenía un síndrome psiquiátrico que le provocaba la necesidad de irse,  de salir y caminar, al comienzo durante algunas horas y por varios días después. Hasta que al final...
La voz de Nancy tiembla. Parece que va a quedarse sin habla. Ahoga el llanto y sigue: “Nos explicaron que era hereditario. Dos tíos suyos tuvieron ese problema. Si él se hubiera hecho un buen tratamiento tal vez las cosas hubieran sido muy distintas, pero bueno, mi madre hizo mucho para que él se tratara. El problema se profundizó cuando dejó de jugar”.
Nancy habla del retiro del fútbol, el adiós tan temido, ahora y siempre, que pone, puso y pondrá a prueba a más de un deportista y sobre todo a la  estructura de personalidad forjada en la niñez y en la juventud de gloria.
El médico Juan Carlos Luque prefiere no hablar de ese delicado capítulo de la vida del recordado fullback de Palmira y del club albirrojo. “Nunca entendimos qué pasó con él. Era un gran futbolista, un hombre sencillo, bueno”.
 
El Flaco Zuvialde era callado, introvertido, y hacía gala de un humor fino e irónico, especialmente en las difíciles. Hoy, el ex arquero Raúl Tamagnone se declara convencido de que el retiro metió la cola para que Zuvialde tuviera un final incierto, misterioso. Y como en aquellos años de tapadas, achiques y de ahogar goles rivales, atenaza un par de anécdotas deliciosas: “El Flaco hablaba poco, pero se hacía sentir. Un día, en la concentración, a un joven compañero le pidió por favor que cerrara la puerta de la habitación y cuando el chico volvió le dijo: ‘Andá y cerrala, pero del lado de afuera y quedate allá’, como una forma muy elegante de decirle que debía irse. O como aquella tarde cuando, en la cancha de River, en pleno partido, me preguntó si había visto los aviones que sobrevolaban el Monumental a punto de aterrizar. Jugaba tranquilo, y mientras muchos estaban muy preocupados por el partido, el Flaco disfrutaba mirando los aviones, o los trenes en Avellaneda”.
El fútbol da revancha en cada partido, reza un viejo adagio futbolero, y aunque muchos profesionales del balompié no quieran utilizar ese término, las revanchas sí existen. Y Zuvialde tuvo su revancha con San Martín. Su llegada se frustró cuando el DT Mumo Orsi le bajó el pulgar al final de una práctica en la que se  probó junto con Tamagnone, que sí fue fichado por el Albirrojo. Estaba escrito que el Flaco Zuvialde, nacido en Zárate, Buenos Aires, de figura desgarbada, iba a triunfar, a futuro, con la casaca chacarera.
–Cuénteme doctor Luque...
–El Flaco volvió a Palmira, donde triunfó, y cuando San Martín lo contrató ya era un jugador exitoso, una figura de fuste.
Antes de entrar por la puerta grande al club de Boulogne Sur Mer y Lavalle, el fullback brilló vistiendo la camiseta  jarillera  de bastones amarillos y negros jugando la Copa Argentina de 1970 y saltó a la fama y a la tapa de la revista El Gráfico –la ilustración principal de esta página así lo testimonia–, que era como tocar el cielo con las manos. El 4 de marzo, Zuvialde y compañía eliminaron al mismísimo Independiente de Avellaneda en el estadio Feliciano Gambarte, de Godoy Cruz, y culminaron con un resultado global de 5 a 3.  La secuencia de los dos partidos fue 3 a 1 y empate en 2. El tercer gol del primer cotejo lo convirtió Pascual Cabecita Curia, recordado goleador de Atlético Argentino de San José que llegó como refuerzo. Ahora,  desde el mostrador de su puesto de frutas  en la feria del Acceso Este, el calabrés  se alegra por la llamada para conversar del Flaco.
–En la cancha tenía un gran sentido de la ubicación y de la anticipación como muy pocos defensores. Parecía que no iba a llegar a la pelota, pero siempre llegaba antes que el rival. Se movía con tranquilidad y saltaba con elegancia y efectividad. Sí, era un tipo callado; me extrañó mucho su desaparición; siempre fue muy querido por los compañeros y hasta por los rivales. El Flaco fue muy inteligente para jugar al fútbol.
Palmira, fiesta de goles y progreso
Ese exitoso capítulo de la vida futbolística de Zuvialde y compañía estuvo decididamente asociado a la prosperidad que se vivía en cada rincón de Palmira, motorizada por el ferrocarril y las múltiples actividades económicas, productivas e industriales que generaba a cada paso y que se esfumaron con la desaparición del tren.
Palmira fue una fiesta del fútbol hace 45 años, cuando dejó fuera de la Copa Argentina al Rojo de Avellaneda campeón del mundo. Así, el país futbolero supo de las virtudes de los muchachos conducidos por el Turco Jorge Julio, el gran mentor de la llegada de Zuvialde a tierras jarilleras.
 
El éxito deportivo se trasladó a los bolsillos de los jugadores, que cobraron muy buenos sueldos por las batallas contra Independiente de Avellaneda primero y Lanús después, aunque la serie contra el equipo granate de Ramón Cabrero y otros terminó en eliminación por penales y con la frente altísima y el reconocimiento de la hinchada que los acompañó hasta la cancha tombina. El plantel palmirense tuvo una preparación de campanillas, ideal para encaminarse al éxito: “Estuvimos casi tres meses concentrados –recuerda Curia– y la empresa alimenticia Noel, que era espónsor del club, ponía  las camisetas, los pantalones, las medias y la ropa de entrenamiento y hasta nos regalaba algunos de sus productos para llevar a casa. El tren hacía furor, eran otros tiempos en todo sentido”, reflexiona Curia antes de recibir a un nuevo cliente.
Unos lo vieron, a otros les contaron
La publicación de la primera parte del caso Zuvialde tuvo fuerte impacto en San Martín y la historia volvió a instalarse en las mesas familiares y en las reuniones al pie del asadito dominguero y del mate con raspaditas al sol. Algunos evocaron al Flaco Zuvialde porque lo vieron protagonizar duelos memorables con la camiseta albirroja o la de Palmira; otros, porque crecieron escuchando esas anécdotas rumbo a la cancha o en los entretiempos, entre el humo de los choris y el rocío de las naranjas y las mandarinas peladas en las tribunas con los ojos clavados en la jugada y el grito de gol a punto de explotar. Siempre listo.
–¿Cuál fue el diagnóstico?
–Que mi padre tenía un trastorno de personalidad llamado “de fuga disociativa” –relata Nancy–.
Fuga es sinónimo de huida, de escape. ¿De qué escapaba el Flaco Zuvialde? ¿De su destino de ex jugador de fútbol? ¿De vivir fuera de las canchas y de los entrenamientos en un mundo diferente? ¿Del futuro?
Los especialistas ayudan a acercarnos a una posible respuesta: “La fuga disociativa se caracteriza por huidas del hogar o sitio de trabajo con una incapacidad para recordar parte o todo del propio pasado. Algunos individuos muestran confusión por su identidad y otros toman una nueva. Es como si el paciente huyera de algo, pero no está consciente de la fuga. Con frecuencia, el episodio comienza en el contexto del estrés psicosocial intenso y tiene duración que va de horas a días”.
Los comentarios en el Facebook de UNO fueron diversos y variados esta semana. Gratos, dedicados al Flaco y a la familia. El lector Roger Aguilera expuso su teoría acerca de la desaparición del exquisito fullback. Es sencilla, contundente y está rodeada de un halo fantástico, propio de un cuento: “Al Flaco se lo llevó el fútbol”.
Año 2015. El misterio sigue en pie.  
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