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Desde el 2005, la Fundación Ana Laura Chirino trabaja con niños y adolescentes que sufren algún tipo de cáncer. Necesitan un terreno para construir un centro integral y así mejorar la atención.

Contienen y asisten a pacientes oncológicos en el Este provincial

Por UNO

Por María Belén Morenomoreno.belen@unomedios.com.ar

Carlos Chirino y Elizabeth Lucero son papás de Ana Laura Chirino. En el 2002, la joven falleció a causa de un cáncer llamado sarcoma de Ewing, que se origina en las partes duras del cuerpo, como los huesos, y luego se extiende a las partes blandas. “Desde el momento que ella fallece, tuvimos la necesidad y las ganas de salir a mostrar que todo el dolor se puede transformar en algo positivo”, contó el papá.

Con el tiempo, el matrimonio se fue contactando, a través de sus conocimientos y experiencias, con familias que estaban pasando por situaciones similares. Es así que en el 2005 deciden formar la Fundación Ana Laura Chirino, para dar un marco formal a todas las acciones que venían realizando. “Queríamos institucionalizar la ayuda que recibíamos y canalizarla hacia personas y organizaciones”, explicó Carlos Chirino.

Cómo trabajanA través de la Fundación se ayuda a niños y adolescentes con problemas oncológicos y a sus familias. Se les brinda asesoramiento médico y contención psicológica y espiritual a lo largo de cada una de las etapas del tratamiento que realiza el paciente.

Poseen un equipo de profesionales y voluntarios que colaboran incondicionalmente con la institución. Trabajan con una psicóloga, Patricia Labrador, y un médico, Gonzalo Nalda. “Ambos estuvieron con nosotros en todo momento cuando Ana Laura estuvo enferma”, dijo el papá de la joven.

Desde la institución promueven una mejor calidad de vida para el paciente, por ello consideran que, en la mayoría de los casos, la mejor opción es retornar a su casa con un tratamiento ambulatorio. Allí tienen todas las comodidades y en especial el afecto de la familia.

En cada caso que les llega, de forma inmediata consultan a los profesionales con los que trabajan si además de las indicaciones médicas que ya tiene el paciente pueden aportar algo más desde la Fundación, por ejemplo algún tipo de medicina alternativa.

Si el niño o adolescente necesita un trasplante de médula, colaboran con toda la logística que implica la intervención, desde buscar un hospedaje hasta prever el tema de la comida. “Desde la obra social o el Estado siempre te cubren las necesidades del paciente y un acompañante. Nosotros tratamos de ayudar para que pueda viajar un segundo acompañante, porque consideramos que ese chico debe estar acompañado por su papá y su mamá”, señaló Chirino.

En el desafortunado caso que el paciente fallece, desde la institución se abocan al acompañamiento integral de la familia para que siga constituida como tal, ya que son comunes las culpas y las separaciones. En este sentido, Carlos dijo: “Contamos con el apoyo de algunos curas y pastores, que nos ayudan a preparar a la gente desde la parte espiritual”.

Un centro integralActualmente han lanzado la campaña Te abrazo con un abrigo y piden la donación de frazadas, ropa de abrigo y alimentos para llevar a las familias a las que asisten. La recepción de estos elementos la realizan en el sindicato de la Bancaria, España 1234 de Ciudad, de 9 a 16.

También están planeando asociarse a escuelas de fútbol para coordinar actividades que permitan a través del deporte sacar a los chicos de la calle.

Como la Fundación desarrolla su trabajo en el Este provincial, esperan la donación de un terreno para la construcción de un centro integral que les permita brindar un mejor servicio. La sede actual funciona en la casa de la familia Chirino, Riveros 2429 de Luzuriaga, Maipú. Para contactarse se puede llamar al teléfono 155410165 o escribir un mail a anychirino@yahoo.com.ar

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Esperanza. Roberto, acompañado en todo momento por la Fundación.
Esperanza. Roberto, acompañado en todo momento por la Fundación.
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Un ejemplo. “Por extraño que parezca, Ana Laura se preparó y nos preparó para su partida. En ese momento recién comenzábamos a transitar el camino en el que hoy estamos, de ayuda y contención. Ella siempre nos hablaba desde la espiritualidad, porque lo llevaba en su interior, ella sabía cuál era su misión en el mundo”, relató Carlos Chirino.
Un ejemplo. “Por extraño que parezca, Ana Laura se preparó y nos preparó para su partida. En ese momento recién comenzábamos a transitar el camino en el que hoy estamos, de ayuda y contención. Ella siempre nos hablaba desde la espiritualidad, porque lo llevaba en su interior, ella sabía cuál era su misión en el mundo”, relató Carlos Chirino.