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lunes 27 de junio de 2016

La amargura no tiene fin

El seleccionado argentino volvi贸 a caer en un partido definitorio. Fue por segunda vez consecutiva, por penales ante Chile, despu茅s de 120 minutos 0 a 0.


Lucio A. Ortiz

ortiz.lucio@diariouno.net.ar

Apesar de tantos trofeos y tantos premios que acumula en las vitrinas, los armarios y en varios lugares de su casa, a esta la extrañará. Habrá un lugar vacío.

No estará la medalla dorada de la Copa del Centenario ni la réplica de la Copa. Como tampoco está la que se perdió el año pasado ante el mismo rival.

Y maldecirá a cuatro voces por haberle pegado tan mal en el primer penal. Y estará confundido entre los consuelos de sus compañeros y escuchará a Mascherano que le dirá decenas de veces que "la copa la perdimos todos, los que escaparon penales y los que no supimos ganar el partido".

Pero a Lionel Messi nadie lo puede consolar en su interior. Y en menor medida a Biglia que no metió otro penal, o Higuaín que perdió una buena ocasión, o el Kun Agüero que la tiró a la tribuna.

Y pasarán las recriminaciones de los hinchas y volverán a recrudecer las frustraciones y serán objeto del "que se vayan todos", que largan los exitistas.

El ojo de la tormenta pasa en estos momentos por el plantel se la selección argentina de fútbol. Casi con reiteración de sucesos con situaciones muy parecidas desde la final perdida en tiempo de alargue en la final de la Copa del Mundo de Brasil 2014 contra Alemania.

Y continuará con la final del 2015 en Santiago de Chile con la roja consagrándose campeona por penales, luego de 120 minutos de un 0 a 0. Este domingo, mientras la tarde de Nueva Jersey se iba convirtiendo en noche, crecía la angustia argentina. Porque no se convertía el gol. Porque siempre una pierna chilena impedía el último toque, las manos de Bravo para sacar las escasas que tuvo la Blanquiceleste.

Y se puteará porque el equipo de Martino no pudo aprovechar la superioridad de un jugador más y la expulsión de Rojo.

Y se pondrá en la "compu" en los teléfonos la grabación de Diego Maradona diciendo la semana pasada en un programa de TV: "Si no ganan, que no vuelvan más".

Aunque la estadística marque que Diego jugó tres veces la Copa América y no la pudo ganar. Ni de local en 1987 cuando se jugó en nuestro país y venía con el impulso del título en México '86.

Pelé tampoco pudo ganar nunca esta Copa, pero se colgó tres medallas de campeón mundial.

Messi seguirá ganando Ligas de España, copas y recopas. Aumentarán sus premios como el Mejor jugador del Mundo, las estadísticas se engordarán, como sus 55 goles en la selección argentina.

Brillará la estrella sobre el cielo de Barcelona, seguirá largando destellos sobre París en donde se ven las corridas de Di María, habrá luces de colores sobre Manchester City con Agüero iluminado y los tanos de Nápoles adorarán al Pipita Higuaín., con su récord de goles en el fútbol italiano. Todos continuarán aumentando rendimientos en sus equipos. Serán campeones de clubes y serán felices. Muy felices.

Y no tanto. Porque el karma de cargar con estas finales no te lo saca nadie. Ninguno de los jugadores que tuvieron la oportunidad de estar en la final podrá estar exento. Ni Banega, el Ottamendi, ni Lamela. Ninguno. Hasta los lesionados arrastrarán los lamentos por siempre.

Las finales se ganan, las definiciones son para los triunfadores. Los segundos quedan más abajo. Nadie los recuerda.

Estos muchachos tienen títulos mundiales con la selección sub 20, tienen medallas de oro olímpicas, pero con la Selección mayor están en deuda. O mejor dicho están en deuda con ellos mismos.

Irán en viaje en los aviones rumbo a Europa y no podrán sacarse de la cabeza esta final, ni la del año pasado, ni la otra. Se sienten culpables. Y es sólo un juego llamado fútbol. Sólo eso.

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