Boca Juniors - Carlos Tevez Boca Juniors
viernes 08 de julio de 2016

¿Boca se compró un problema?

El Xeneize tuvo varias chances de sellar la serie y sacar medio boleto a la final de la Copa Libertadores pero, por diversas razones, no pudo liquidarla.


Por Walter Vargas, Télam


Boca estuvo dos, tres, cuatro veces a punto de sellar la serie y sacar más de medio boleto a la final, pero por diversas razones no pudo ni supo asestar el golpe de gracia a un adversario, Independiente del Valle, que a despecho de sus fragilidades cuando se siente más de lo que en realidad es se vuelve peligroso.

Y se volvió peligroso en el Atahualpa de Quito, en la medida que Boca miró demasiado la pizarra, o se confío o, es honesto subrayarlo, intentó cambiar un aire que no siempre sobró y que, incluso, en el último tramo, le faltó.


No fue un gran partido de Boca, ni por asomo, una verdad más o menos a mano para ser examinada, contrastada y sopesada, como la de una superioridad potencial que en los hechos rubricó sólo de a ratos.


Del mismo modo, urge reponer el detalle cualitativo de que convirtió el segundo gol, el del 2-0, un gol legítimo a todas luces, pero el despiste de un juez de línea se lo impidió: el centro de Pablo Pérez llevaba cicuta incorporada, el paraguayo Librado Azcona perdió la referencia espacial y permaneció un par de segundos dentro del arco con la pelota en las manos.


(Por cierto: ¿cuánto más habrá que esperar para que se instrumente el sensor capaz de establecer si la pelota entró o no entró? En un partido de fútbol muchas cosas pueden ser opinables, pero ¡jamás si un gol fue o no fue!).


Desde luego, el destino no es lo que pudo haber pasado, el destino es siempre lo que en efecto, pasa, pero el hecho de un gol genuino que no sube al marcador da la suficiente data para no ser ignorado y en este caso específico con un plus estructural: siempre, desde el primer minuto hasta el último, Boca insinuó que podía convertir.


De ahí que no sólo haya convertido una vez (exquisita pared de Pérez con el promisorio mendocino Fernando Zuqui) sino que merodeó el segundo festejo con el resultado 1-0, 1-1 y 1-2: amén del centro-shot-gol de Pérez, hubo una oportunidad clara en los pies de Carlos Tevez y otra en la que casi factura el blooper bis de Azcona, otra en los pies de Nicolás Lodeiro y en la última bola de la noche la que desaprovecharon Rodrigo Bentancur y el Cata Díaz.


Entonces, ¿por qué perdió?


Por varias razones, entre las que no se han mencionado hasta aquí porque el rival también juega (y con mucho terreno para recorrer los ecuatorianos encastran de memoria, son rápidos y atrevidos), pero además porque careció de oficio, sintonía y solidez para sobrellevar los momentos de marea baja.
Y todo eso sin contar los notorios fracasos individuales de los laterales, Leo Jara y Frank Fabra.


(En la defensa, salvo a la hora del segundo gol, un enorme mérito de José Angulo, los jugadores que sostuvieron cierta regularidad positiva fueron los del medio, no tanto Andrés Cubas, bastante más el Cata y Juan Insaurralde).


En este punto, el de las bajas de tensión y la blandura por las orillas, Guillermo Barros Schelotto deberá trabajar más allá de la tranquilidad que pueda transmitirle un score remontable y el atenuante, concedido, de que en los 2.850 metros de Quito el valor de una intensidad sostenida está fuera del alcance de cualquier expresión colectiva terrenal.


Esto es: daría la impresión de que Independiente del Valle, cuya participación en las semifinales es, 'per se' admirable, ha rozado su techo, pero en cambio a Boca le ha quedado bastante hilo en el carretel.


Tevez, de un espléndido segundo tiempo, conste, no faltó a la verdad cuando aludió a despistes y errores: sin esos lastres, o por lo menos disminuidas las probabilidades de volver a tropezar con la misma piedra, Boca se meterá en la final de la Copa y acaso hasta con holgura.

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