Diario Uno Información General

Los Juegos inolvidables Se iniciaban en México DF los Juegos Olímpicos que dejaron 22 récords delmundo en atletismo sobre la nueva pista de tartán. Se produjeron marcas que tardaron décadas en superarse.

Al estilo del '68

Por UNO

Por Lucio Ortizortiz.lucio@diariouno.net.ar

Los 2.240 metros sobre el nivel del mar del Distrito Federal de México fueron uno de las causantes de tantos récords mundiales en los Juegos Olímpicos de 1968. Pero el atletismo recordará esta edición olímpica porque este deporte iba a cambiar para siempre en los aspectos técnicos y en la adaptación a los nuevos materiales.

Las críticas llovieron cuando el Comité Olímpico Internacional le otorgó en octubre de 1963 la sede de los XIX Juegos Olímpicos de 1968 a la ciudad de México. Habían participado en la elección las ciudades de Lyon (Francia), Detroit (EE.UU) y Buenos Aires. De los 58 votantes, 30 lo hicieron por México, 14 por Detroit 14, 12 por Lyon y 2 por Buenos Aires.

Era la primera ocasión en que un país no desarrollado recibía la organización. Además México sería el primer país iberoamericano, el primero de habla hispana y el segundo americano en organizar los Juegos. Los críticos deportivos denunciaban que a 2.240 metros sobre el nivel del mar sería imposible mejorar marcas mundiales. Hubo comentarios humillantes y hasta de desprecio.

¡Qué  equivocados que estaban! Porque hubo un “antes y un después” de México ‘68. Las competencias se pudieron ver en directo por TV en color y fue una verdadera apertura a las comunicaciones internacionales.

Desde el 12 de octubre del ’68 se desarrollaron hasta el 27 de ese mes uno de las ediciones más recordadas por el buen nivel, las nuevas marcas y el brillo de los atletas. Participaron 5.557 deportistas de 112 países en 18 disciplinas y en 2 deportes de exhibición.

En atletismo durante 8 días se realizaron un total de 36 competencias en las que participaron 1.114 hombres y mujeres de 92 naciones.

Por primera vez se corrió sobre una pista sintética de tartán, se implementó la garrocha de fibra de vidrio (también en los trampolines de natación) y se comenzó a medir el tiempo con cronómetros electrónicos con centésimas de segundo.

También se usó el sistema Omega Photosprint I para las llegadas. Se lograron 26 nuevos registros entre olímpicos y mundiales.

Una de las innovaciones que perduraron fue el estilo de saltar en alto de Dick Fosbury, que había practicado en Oregon, EE.UU. Encaraba la viga de costado y luego se lanzaba de espalda para pasar el listón. Se conoció como el Fosbury Flop para pasar los 2,24 metros. Los estilos rodillo ventral, rodillo occidental o el estilo tijera quedarían en la historia. No fue récord mundial pero le sirvió para ganar y dejar para siempre su sello.

Entre los récords que se batieron sobresalieron tres. Todos logrados por atletas de EE.UU. de raza negra. Especialmente Bob Beamon (EE.UU.) que llegó hasta los 8,90 metros en el salto en largo. Había superado por 55 centímetros la marca anterior.

Se dijo en su momento que era un salto del futuro porque casi 23 años después lo pudieron batir. En el Mundial de Tokio en 1991 Carl Lewis logró un salto de 8,91 metros, pero en esa misma prueba un rato después su compatriota Mike Powell alcanzaría la notable marca de 8,95 metros, que todavía perdura.

En la final de los 100 metros Jim Hines fue el primero en bajar los 10 segundos. Finalizó con 9s95 centésimas. En 1988 se pudo superar el registro cuando Calvin Smith la superó con 9s93c.

También la marca de Lee Evans de 43s86c. para los 400 metros, estuvo sin ser superada hasta 1983 cuando Harry Butch Reynolds marcó 43s 29c.

Uno de los hechos que salió de lo deportivo fue la protesta racial de Tommie Smith y John Carlos, oro y bronce en los 200 metros, cuando en el podio alzaron el puño con un guante negro y bajaron la cabeza cuando sonó el himno de Estados Unidos.

También los velocistas de la prueba de 4x400 fueron al podio con una boina negra y elevando el puño; pero al escuchar el himno adoptaron al posición de firmes.

Pero el atletismo quedó marcado por los récords “de otro planeta” en tiempos que en el mundo se pedía “la imaginación al poder”.  

 Embed      
 Embed      
 Embed