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La santa tormenta de las diferencias

Por Luciano Bertolotti

jlbertolotti@diariouno.net.ar

En la tormenta de las diferencias, todos ganan. Todo vale, todo pasa.

Mientras la Presidenta Cristina de Kirchner ultimaba su almuerzo, en el Vaticano, con Jorge Bergoglio y concretaban la primera reunión cumbre entre los popes de dos Estados, los fundamentalistas del kirchnerismo, de la mano de Gabriel Mariotto hablaban del “Papa peronista”, como otro de los legados del espíritu santo sobre quien fuera, hasta hace unos días arzobispo de Buenos Aires, y por otro lado, la inteligencia K (Carta Abierta) salió a pegarle con ironía y sarcasmo, a través del director de la Biblioteca Nacional, Horacio González, a sus socios partidarios que festejaron la elección de la nueva cabeza mundial de la Iglesia. El sociólogo dijo, entre otras cosas: “No puede ser que compañeros nuestros entren en esa superchería” y sacó a relucir esas heridas internas que no les cierran ni aún compartiendo el poder.

Y por allá la jefa, en la onda expansiva de la sencillez y la austeridad, regalaba un mate, y cerraba filas diplomáticas con quien la criticó y le “pegó” en cuanto Tedeum pudo, y por acá otro sector de los suyos salía a vincular a Bergoglio con la última dictadura y los sectores de derecha del peronismo.

Era el momento justo y la política nacional presentaba el regreso de la señora de las contradicciones y amiga del nuevo Papa: Elisa Lilita Carrió, quien más mística y feliz que nunca presentó a su nueva pareja (electoral), Fernando Pino Solanas.

De paso, y como para amenizar un poco lo monotemático que se ponía todo, se colaban los dichos del actor de moda (Ricardo Darín) a un diario español, donde decía que esta izquierda “empieza a parecerse mucho” a la derecha.

Todos los caminos conducen a Roma, dicen, o por lo menos lo que pasaba allá servía para que las aguas siguieran inquietas por el Río de la Plata y los que lo nutren. Para que la tormenta, donde las diferencias se confunden y se funden, arrastra esa basura anquilosada y contaminante.

Mientras tanto, por estas tierras, las mendocinas, se caía la estridente frase “con Vale o sin Vale”, la que duró poco y nunca se explicó como se sostenía. Tras hacer cuentas sobre la suspensión del emprendimiento Potasio Río Colorado –de la empresa brasileña– en Malargüe, cambiaron la consigna por “con Vale o con Vale”. Y claro, son muchos, pero muchos millones, y varios años, y otro tanto los trabajadores que ven peligrar las necesidades básicas de ellos y sus familias. Las cuentas no dan. El Ejecutivo analizaba este problema central y algunos ingenuos se preguntaban por qué todavía no llegaba desde ellos una adhesión, un repudio o algo parecido con el ataque que sufrieron periodistas, en su sindicato, por parte de una patota de estilo setentista.