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Y que Fayad haga cirugía mayor…

Por José Luis Verderico

verderico.joseluis@diariouno.net.ar

Ojalá que apenas se recupere de la operación de pulmón a la que fue sometido, Víctor Fayad se calce el barbijo y los guantes de látex y empuñe el bisturí y haga cirugía mayor sobre un problemón que ya no tiene cura: el caótico tránsito para entrar, salir y circular en el centro de Mendoza.

Fue el propio intendente de Ciudad el que hace un tiempo pregonó a los cuatro vientos una idea directa, pero que generó tanta polémica entre los ciudadanos (léase, votantes y contribuyentes) que se vio obligado a recular: limitar el ingreso al centro según los automóviles tuvieran patentes terminadas en número par o impar. Como en otras ciudades.

Lamento que el Viti haya abandonado esa iniciativa y que tampoco se haya tejido alguna estrategia conjunta entre Capital, el Gobierno de Mendoza y las comunas limítrofes, como Guaymallén, Las Heras y Godoy Cruz, que aportan la mayor cantidad de automotores cuyos propietarios van a trabajar, a pasear, a comprar, a estudiar, etcétera.

Escribo este lamento no como un automovilista que cada día padece el colapso vial, porque de hecho cada vez que voy al centro lo hago en colectivo, sino como observador y oyente de permanentes casos de embotellamientos y accidentes viales de toda importancia que se producen cada día en los accesos y egresos a las tierras del Viti.

Una muestra clara se vivió hace siete días, el lunes 11 de este mes, cuando a las 8.30 había tres kilómetros de coches que pugnaban por entrar al centro por el acceso Este, dos cuadras de conductores que esperaban a bocinazo pelado frente a la terminal y la calle Adolfo Calle era un hervidero para cruzar la Costanera, entre otras.

Ya a esa hora se habían reportado varios choques menores (incluso en el Acceso Este) y muchos perdían la paciencia a medida que miraban el reloj y se les hacía tarde para llegar a destino.

Valiente fue la iniciativa de Fayad de pensar en restringir el ingreso al centro para evitar las aglomeraciones. Pero bajó un cambio porque, a no dudarlo, se metió con lo que podría considerarse una de las costumbres mendocinas tan arraigadas como la siesta o la Vendimia, casi como una vaca sagrada: ir en el auto hasta la puerta del lugar de destino, ya sea la oficina, un hospital o el quiosco de la esquina para comprar cigarrillos.

Lamento que Fayad se haya quedado sólo en el pensamiento y no haya pasado a la acción, como cuando decidió que la calle Morón serviría sólo para salir del centro, borrando del mapa la vía de circulación hacia el oeste que durante décadas permitió ingresar desde Guaymallén.

Ahora, con la idea de la restricción en el cajón de las buenas intenciones, me parece que las comunas involucradas y el Gobierno deberían sentarse en una mesa común con la única intención de resolver este desaguisado que nos ofrece varias funciones por día, especialmente en las horas pico.

Y si lo quieren ver en vivo y en directo, que se instalen con sus funcionarios en los accesos al centro para ver, escuchar y palpar en vivo y en directo las consecuencias de su propia inacción.

Capítulo aparte merece la política del “hago lo que se me canta” de quienes cargan y descargan mercaderías en locales de la ciudad, sin que los inspectores capitalinos pongan coto a esta tendalada de camioncitos, combis y camionetas de todo porte que se detienen hasta en triple fila en calles tan angostas y circuladas como Buenos Aires, Salta, Rioja y 9 de Julio, entre otras, con tal de dejar como sea los pedidos.