lunes 13 de noviembre de 2017

"No es ciencia ficción, es realismo futurista"

Esta ficción, dirigida por Nicolás Puenzo, es protagonizada por Peter Lanzani y Juana Burga, y también cuenta con la participación de Natalia Oreiro, Luis Machín y Alejandro Awada

Con una importante trayectoria en el mundo audiovisual, Nicolás Puenzo debutó en la dirección de un largometraje con Los últimos. Esta ficción camina unos metros adelante del presente para contar la historia de una pareja de refugiados, ella una mujer embarazada, que con la ayuda de un reportero gráfico huye por un altiplano saqueado en sus recursos naturales.

"Hace un par de años vengo trabajando en el guión de este proyecto y siempre fue el primero que quería concretar. Me interesa este tema, fue un intenso proceso de rodaje y uno complejo de posproducción", explica el joven realizador que, además de ser hijo de Luis Puenzo y hermano de Lucía, también cineasta, compartió con ella y Pablo Fendrik la dirección de la premiada miniserie Cromo.

La historia, que fue rodada en escenarios naturales de Argentina, Bolivia y Chile, muestra una zona arrasada por empresas que quieren arrebatar toda la riqueza posible a esos subsuelos sin importar las consecuencias, y lo hacen con ejércitos privados, armas pesadas y drones cazadores, a los que este grupo hará frente con la única primera meta de que la mujer pueda lograr dar a luz a su hijo lejos de allí.

Los últimos


En el relato es clave la idea de la serpiente Uroboros, aquella que en circulo se traga a si misma, una clara metáfora acerca del ciclo eterno de las cosas, también el esfuerzo o la lucha eterna, o bien el esfuerzo inútil, ya que el ciclo vuelve a comenzar a pesar de las acciones para impedirlo, y que aquí tiene peso metafórico fundamental en el personaje del fotógrafo que, finalmente, tomara una decisión.

Para lograr su propósito, Puenzo, que comparte la producción con sus tres hermanos y el guión con la también directora Lucía, se reservó para él mismo los papeles de director de fotografía y camarógrafo, y convocó a Germán Palacios, Peter Lanzani, la modelo peruana Juana Burga, además de Natalia Oreiro, Alejandro Awada, Luis Machin, lo que se dice un equipo fuerte.

–¿Cómo nació la idea de este relato fantástico?
–De niño siempre fui fanático de las películas de Andrei Tarkovsky, y creo que en la película incluye elementos de su cine. Lo que me terminó impactando muchísimo es el trabajo del fotoperiodista de guerra más que el cine de ciencia ficción. Siempre me fascinó el fotoperiodismo, como el de la escuela de Magnum por ejemplo. Siempre fue una referencia muy fuerte para mí.

–¿Cómo te metiste en el tema?
–Me contacté con Rodrigo Abd, un fotógrafo argentino muy famoso, ganador del Premio Pulitzer y empecé a darme cuenta del tipo personaje que está expuesto a una realidad tremendamente grande, matizado por el aturdimiento de las bombas y de la sangre. Lo único que tienen es una cámara para expresar todo lo que está viviendo y generan al mismo tiempo unas imágenes que son a la vez muy pictóricas y realistas.

–¿Cómo te propusiste logra eso mismo en el cine?
–Tenía que lograr eso en la imagen de mi historia. Para mí siempre fue fascinante hacer cámara en mano, porque además te permite una relación con el actor muy interesante. Siempre me fascinó el fotoperiodismo y en cuanto lo pictórico también la obra de Francis Bacon. La película tiene todo un eje de naturalismo que se mueve en los canales del azul y el amarillo que es el celeste y es un poco símbolo de pureza y también otro eje que tiene que ver con la toxicidad, entre el verde y el rojo.

–¿Tuviste en cuenta la dimensión del desafío al pensar esta historia?
–Es una ópera prima y en muchos aspectos me sentí el novato que está haciendo un primer trabajo pero pude tener la tranquilidad de sufrir todos esos momentos de buscar la narrativa y el tono exacto, pero tranquilo porque había una base técnica. Eso me permitió dedicarme más a mi obsesión de tirarle sangre a la cámara.

–Hay un enfrentamiento entre la guerra y lo humano...
–Cuando vi lo de las Torres Gemelas y la gente cayendo de los edificios tuve la primera idea de una película posapocalíptica que fue el germen de esta que hice ahora. Tiempo después me di cuenta que para mucha gente ya se había terminado el mundo y empecé a entrar en conflicto con la idea del posapocalipsis: para un refugiado sirio es injusto hacer una película posapocalíptica. Me interesaba mucho el núcleo de la película tenga que ver con la vida. Hay algo muy fuerte de lo humano que a mí me interesaba explorar, el contexto de la guerra y la explotación de los recursos naturales. También el cómo se deshace de los que quedaron afuera del organigrama de los poderosos. El lado salvaje va avanzando sobre el humano, y de ahí surge el tema de la resistencia.

–¿Además de lo de las Torres Gemelas, que otro hecho te llamó la atención?
–A mí me sorprendió mucho cuando apareció la foto del niño sirio muerto en la playa y esa misma noche el primer ministro de Francia anunció un bombardeo al ejército sirio y al Isis. Nunca había escuchado que un ejército bombardeara a las dos facciones de la misma guerra. A partir de ahí empecé a rastrear las fotos de los medios, y tras ellas vienen anuncios. Hay un organigrama mediático-militar que es muy grande. Los recursos naturales pueden ser la pieza de cobre que está debajo de una montaña o el chico que nace de su madre y trabaja en la fábrica, es decir los recursos humanos.

–Para hablar de este futuro recurrís a la idea de poner en discusión algunos temas presentes...
–Traté de generar una historia que a la vez te genere la necesidad de buscar en internet más información. Antes el cine te tenía que dar toda la información pero como yo tengo la opción de jugar en internet con Google existe la posibilidad de impresionarte con la ficción y que después te pongas a buscar.

Agencia Télam
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