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sábado 06 de enero de 2018

El oscuro reflejo de las nuevas tecnologías

Black Mirror. Los seis capítulos de la recientemente estrenada cuarta temporada vuelven a exponer las desventajas –a veces atroces– de dispositivos creados para facilitarnos la vida o hacerla más entretenida, con su habitual tono desesperanzador

Cuando recién transcurrían los primeros minutos del viernes 29 de diciembre, muchos fanáticos de la serie Black Mirror, creada por el inglés Charlie Brooker, comenzaron a ver uno a uno los seis capítulos que integran esta cuarta temporada disponible en Netflix.

El primer capítulo es USS Callister, con dirección de Toby Haynes, y cuenta con Jesse Plemons como protagonista (Fargo, Breaking Bad). En un mundo virtual, en que se rinde homenaje a Star Trek, un hombre apacible convierte a personas de su entorno en personajes de un juego virtual donde él se mueve como un tirano. Y aquí está la marca de Black Mirror, que expone el costado perverso de una tecnología que le permite a un hombre común ser un semidiós que dispone de la vida de los otros.

Arkangel, el episodio dirigido por Jodie Foster con Rosemarie Dewitt en el papel estelar, expone los miedos de una madre soltera para quien su hija es el centro del mundo. Por eso accede a un dispositivo en fase experimental que le permite "ingresar" al cerebro de la niña y ver lo que ella ve, al mismo tiempo que siempre sabe en qué lugar está. Pero cuando la pequeña llega a la adolescencia, los difusos límites entre el control maternal y la invasión a la intimidad comienzan a borrarse.

En otro homenaje a una serie –en este caso Fargo– y también a la película homónima de los hermanos Joel y Ethan Coen, llega el capítulo Crocodile, de John Hillcoat, un thriller que se convierte en uno de los capítulos más logrados de esta temporada. Con un dispositivo que permite acceder a los recuerdos de las personas, una mujer verá derrumbarse su vida al tratar de componer un crimen del pasado.

Sigue Hang the DJ, de Tim van Patten, que muestra la historia de dos jóvenes que se vinculan a partir de una aplicación encargada de encontrar la pareja perfecta. Metalhead, dirigido por David Slade –el primer episodio de Black Mirror en blanco y negro–es la pesadilla de una mujer que es "cazada" por perros-robots, en tanto que Black Museum, dirigido por Colm McCarthy, se ubica en un lugar dedicado a mostrar dispositivos tecnológicos que participaron en crímenes de sangre.

Despareja en cuanto a su efectividad y tratamiento del tema de la tecnología –como suele suceder en proyectos donde intervienen varios directores, esta temporada de Black Mirror vuelve a mostrar el lado oscuro que los avances tecnológicos habilitan, permiten o potencian en los seres humanos, con una mirada casi siempre desesperanzada, en la cual la humanidad ya no controla a los dispositivos, sino que éstos son los que ejercen el control.

Lo mejor: el angustiante episodio de Metalhead y Crocodile y los homenajes a series anteriores. Porque el mundo y las referencias de los espectadores, merced a la tecnología, también están conectados.
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