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sábado 06 de enero de 2018

Una flecha musical

Mariana Päraway se quedó con el galardón a mejor álbum artista femenina de los Premios Escenario 2017 por su disco La flecha.

La mendocina Mariana Päraway es una cantautora, instrumentista y compositora argentina de pop rock. En sus 37 años construyó una extensa carrera en la música consolidada por sus tres álbumes como solista. El último, La flecha, ganó el Premio Escenario a mejor álbum artista femenina.

Su carrera solista comenzó en el 2011, con su primer disco, El tiempo, pero su popularidad y notoriedad comenzó con el segundo trabajo discográfico, Los peces. Este año lanzó el álbum La flecha, producido por el ganador de dos Grammys Ernesto Neto García, y editado por Concepto Cero.

Es originaria del departamento de General Alvear pero comenzó a estudiar y tocar la guitarra a los 16 años en la ciudad de Santa Rosa, La Pampa. También estudió violonchelo y guitarra en la Escuela de Música de la Universidad Nacional de Cuyo.

Es una de las cantautoras mendocinas más importantes del momento, con talento para tocar diversos instrumentos.
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Su primera incursión en el rock fue como guitarrista de una agrupación llamada Prismal y luego formó parte de la banda Glamour, integrada en su totalidad por mujeres, con estilo muy próximo al punk rock y la música alternativa.

–¿Qué significó ganar el Premio Escenario?
–Fue muy emocionante, cuando decían la terna me latía fuerte el corazón, estaba nerviosa. Es un reconocimiento al trabajo y al esfuerzo que ponemos los artistas para hacer cultura más allá de que logres un premio o no. Cada reconocimiento es una subjetividad de quienes lo eligen así que estoy muy agradecida a quienes creen y sienten que yo lo merecía.

–¿Qué conserva Mariana de sus orígenes, de los pagos donde nació?
–¡Muchas cosas! Tengo algo con la vida tranquila en el barrio, soy muy familiera aunque me cuesta viajar a verlos a todos. La necesidad corporal de hacer arte viene de allí también, tengo recuerdos de armar shows con mi hermana Luciana y nuestras amigas donde bailábamos y cantábamos en la vereda para nuestros vecino, incluso llegamos a cobrar entrada.
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–¿Qué es lo que más recordás de tus comienzos?
–Recuerdo exactamente cómo me sentí la primera vez que toqué mis canciones, fue muy movilizante. También me acuerdo cuando las compuse y se las mostré a mis amigas. Esas sensaciones son siempre una chispa viva en mis manos, en mis ojos, en mis pies.

–¿Cómo resumirías la experiencia de tu primer y segundo disco?
–Como algo precioso, como algo que fui transitando para aprender. Aprender a transformar en canciones lo que siento, para aprender de la industria, para aprender de los demás. Mis discos son reflejo innegable de quién soy en ese momento. Cuando me muera voy a tener un trailer de mi vida gracias a eso..

–¿De qué hablan tus letras, o tus composiciones?
–Mis letras han ido mutando desde que empecé. Al principio hablaban casi exclusivamente del amor (y el desamor), pero luego empecé a hablar de otro tipo de cosas: la amistad, la soledad, sentirse perdido o sentir que el camino que elegís es el correcto. En mi último disco abrí mucho más el espectro porque necesitaba decir cosas del mundo, de la naturaleza, de la vida, y entonces hablo de la obsesión, de la muerte, de la quietud, de la fuerza, de los objetivos y de ser ave fénix.

–¿Cuál es el instrumento que más te gusta tocar?
–En casa tengo muchos instrumentos, casi todos de cuerda: ukulele, arpa paraguaya, guitarra criolla y eléctrica, dos charangos, cuatro venezolano, piano, violín, mandolina, sintetizador, xilofón, flauta, pero tocar el arpa es para mí lo más placentero, me encanta sentir la vibración del sonido en la madera contra mi cuerpo, es un instrumento muy hermoso.

–¿Cuál es tu canción preferida de otro artista?
–Sawdust and Diamonds, del disco Ys, de Joanna Newsom. Me hace llorar de la emoción, siento que es una obra única, hermosa, increíble y que me da esperanza.

–¿Cómo llega a tu carrera La flecha, tu tercer disco?
–Llega en el momento justo, como cada disco, llega para decirme que no me quede cómoda en ningún lado. Fue un proceso largo que empezó conmigo a principios de 2016 componiendo 20 canciones en cuatro meses para mandar a México y con el trabajo de Concepto Cero para lograrlo. Luego fueron varios viajes, incluidos los míos, para elegir, producir y grabar las siete que quedaron. Tuvo mucho despliegue, mucha logística, muchas millas acumuladas, muchos llantos, muchos saltos de alegría, muchas frustraciones y muchas frentes en alto. La flecha fue un viaje para encontrar a esta yo que soy ahora, con todo lo que eso implica.

–¿Qué es lo que más te gusta de este material?
–Dos cosas, por un lado siento que mi poesía creció, se abrió camino de otro modo y logré canciones con letras que me hacen sentir muy satisfecha y me hacen sentir la posibilidad de ir cada vez más lejos. Por otro lado, lo que más me gusta es cómo Neto García, mi productor, pudo leer estos nuevos sonidos desde las entrañas de las canciones; me acuerdo estar en México al lado suyo mientras imaginábamos los bombos sincopados de Fitzcarralda, por ejemplo, y ponernos felices.

–¿Qué planes tenés para este año?
–Por ahora lo estoy armando con varios recitales para el verano. La idea es volver a Chile (tocó el 21/12 con Camila Moreno y Natisú), a México y a Colombia. Por otro lado estoy empezando con la preproducción de unos videos y pensando en la presentación de La flecha acá en Mendoza y también tomarme unas vacaciones.

–¿Qué soñás?
–Siempre estoy imaginando futuro, pensando en todo lo que amo hacer y cómo me gustaría que vaya alcanzando niveles o subiendo peldaños. Me imagino cantando, tocando y haciendo discos siempre, viajando por el mundo, aprendiendo y entendiendo cosas de la vida.

–¿Qué cosas te motivan o incentivan a seguir siempre?
–Me motivan las cosas que me dice la gente, los mails, los comentarios, me motiva que me escuchen en muchos países, pero también me motiva la curiosidad, esa necesidad de encontrarme en nuevas situaciones, en nuevas formas, me motiva aprender siempre de las cosas, de la gente, de las culturas, de los errores, de las tristezas, de los peldaños que se bajan (porque no siempre se sube...). Pero sobre todo me motiva una sensación adentro que salta, que es tibia, que vibra con las cuerdas al ritmo interno de mi sangre.
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