Musica Domingo, 19 de agosto de 2018

Dios Salve a la Reina, un lujo en el Bustelo

La mejor banda tributo a Queen se presentó el viernes por la noche en el auditorio Ángel Bustelo.

Quien haya estado el viernes por la noche en el Bustelo juraría por su vida que vio a Queen sobre el escenario. Aun más, afirmaría sin dudarlo y con toda la certeza del mundo que fue el mismísimo Freddie Mercury quien hizo estallar la sala mendocina y al público emocionado.

Porque si bien nos separan miles de kilómetros y casi dos décadas en el tiempo, el viernes el Bustelo se convirtió en el estadio de Wembley en julio de 1986, lugar en donde el líder de la banda brindó su último concierto que quedaría como uno de los más icónicos e inolvidables en la historia de la música mundial.

Y aunque dado la increíble similitud podría tratarse de una utopía con la que cualquier fanático sueña experimentar, o de una ilusión casi imposible de cumplir, fue la magia y la perfección de Dios Salve a la Reina.

Consagrada como nunca antes, la banda integrada por Pablo Padin (voz) "Freddie Mercury", Francisco Calgaro (guitarra) "Brian May", Ezequiel Tibaldo (bajo) "John Deacon" y Matías Albornoz (batería) "Roger Taylor" regresó a Mendoza con el show Remember Wembley, su más ambiciosa presentación emulando el concierto más importante de Queen, y su última actuación en vivo.

Con este show, los dignos herederos de Queen viajaron a Japón, donde recorrieron escenarios de Tokio, Kendai, Osaka e Hiroshima. Ahora estuvieron en la provincia brindando un espectacular concierto de casi una hora y media.

Como pocas veces suele pasar, el show fue brillante de principio a fin, una muestra de talento absoluto en la que si bien la iluminación, el escenario, la disposición de la banda y hasta los más de cinco cambios de vestuario que realizaron los músicos y que, por supuesto, son una copia exacta de los originales fueron elementos fundamentales para recrear lo vivido en Wembley, fue Pablo Padín quien se llevó todos los aplausos.

El cantante no solo deslumbró con su voz casi sino que, además, se desplazó de punta a punta, bailó, tocó el piano, el bajo y hasta la guitarra sin parar en ningún momento y manteniéndose en su personificación de principio a fin.

Desde la voz, el vestuario, los movimientos, los gestos más imperceptibles y hasta la misma forma de relacionarse con el público Padín revivió a Freddie hasta en el más mínimo detalle. La personificación fue tan exacta que habló pura y exclusivamente en inglés aún para el saludo final tanto que hasta hizo olvidar que era el quien estaba cantando y no el líder de Queen.

Pero su interpretación no hubiera estado completa sin el apoyo de su banda, en especial la de Brian May (Ezequiel Tibaldo). El bajista no solo acompañó a Padín en todo momento teniendo escenas de camaradería y conexión como la de los verdaderos Mercury y May sino que brilló con sus espectaculares solos. Aún durante la interpretación casi acústica de Love of my life, una versión íntima del hit entre el y Padín, en la que tuvo problemas de afinación con su guitarra, el Brian May argentino fue de lo más destacado del show.

El comienzo fue un poco lento con canciones no tan populares de Queen. Con la primera estrofa de Another one bite the dust el público ya entró en calor. Le siguieron Under pressure, Bohemian rhapsody y Crazy little thing called love, que puso al auditorio entero a bailar.

Otra de las canciones más emocionantes fue The show must go on. La iluminación en tonos rojizos, la silueta de Pablo Padín, su voz y la pasión y fuerza con la que interpretó ese tema fue una de las experiencias más impactantes de la noche.

Para terminar las infaltables Friends will be friends, We wiil rock you y We are the champions fueron las elegidas. Como final y ante la insistencia y pedido del público la banda les regaló a los fans Don't stop me now, canción con la que se despidió dejando una última imagen que certeramente quedará en la memoria de todos los presentes: Freddie Mercury (no Pablo Padín) con calzas coloradas, torso descubierto, capa fabulosa y, por supuesto, su inolvidable corona.