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viernes 12 de enero de 2018

A 40 años del último concierto de los Sex Pistols

El derrotero de la banda emblemática del movimiento resultaba la imagen más cabal de lo que había ocurrido con el género al que muchos aún consideran la última gran revolución en la historia del rock.

Hace 40 años, los Sex Pistols daban su último concierto en San Francisco, en medio de una accidentada gira que marcó no sólo la desintegración final de la banda más importante del punk, sino que además representó el cierre de una era en un género que había nacido para romper con los cánones establecidos en la música y que, presa de aquellas cosas que combatía, debía reformularse para seguir existiendo.

"¿Nunca sintieron la sensación de haber sido estafados?", dijo un hastiado Johnny Rotten, antes de abandonar el escenario del Winterland Arena, el 14 de enero de 1978, luego de una desganada interpretación de "No fun", un clásico de Iggy Pop and The Stooges, que resultó toda una declaración de
principios sobre el estado de ánimo que dominaba no sólo al cantante, sino a gran parte del movimiento.

Es que el derrotero de la banda emblemática del movimiento resultaba la imagen más cabal de lo que había ocurrido con el género al que muchos aún consideran la última gran revolución en la historia del rock.

Nacida con la idea de cambio permanente, el grupo, integrado por Rotten en voz, Steve Jones en guitarra, Sid Vicious en bajo y Paul Cook en batería, se encontraba estancado a nivel creativo, luego de haber editado un único disco, el famoso "Never mind the bullocks"; con sus integrantes distanciados; y en medio de un repudio generalizado por parte de la opinión pública, que consideraba a la banda un verdadero peligro público, de acuerdo a la imagen vendida por los medios de comunicación.

En este contexto, el futuro del punk se debatía entre seguir por el camino del sonido estridente y los acordes y ritmos básicos, lo cual permitía cristalizar el slogan "hágalo usted mismo", por resultar accesible de realizar incluso para aquellos analfabetos a nivel musical; o responder al mandato del cambio permanente, al nutrirse de otros géneros y posibilidades técnicas.

Esta dicotomía suponía además una división entre los jóvenes de clase baja que apenas podían acceder a instrumentos y educación musical, pero que veían en el punk un movimiento que les permitía cumplir el sueño de ser músicos; y aquellos que contaban con aspiraciones artísticas más elevadas, en muchos casos inaccesibles para las grandes masas.

Acaso por todas estas cosas, la historia de los Sex Pistols resulta un resumen preciso de todas aquellas posibilidades que el género ofrecía a los desclasados y la encrucijada que su desarrollo planteó.

La última gira de los Sex Pistols, que por esas curiosidades del destino tocó por última vez en vivo en la misma ciudad en donde 12 años antes lo habían hecho los Beatles, estuvo plagada de cancelaciones, a raíz de la mala reputación con la que contaba la banda, en gran parte gracias al plan de su omnipresente manager, el situacionista Malcolm McLaren.
Fuente: Télam

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