musica musica
domingo 14 de enero de 2018

A 40 años del final de Sex Pistols

La banda inglesa fue la más importante en la historia del punk y, con su separación, marcó un quiebre en la música del género que había nacido para romper los cánones generales

Hace 40 años, los Sex Pistols daban su último concierto en San Francisco, en medio de una accidentada gira que marcó no sólo la desintegración final de la banda más importante del punk, sino que además representó el cierre de una era en un género que había nacido para romper con los cánones establecidos en la música y que, presa de aquellas cosas que combatía, debía reformularse para seguir existiendo.

"¿Nunca sintieron la sensación de haber sido estafados?", dijo un hastiado Johnny Rotten, antes de abandonar el escenario del Winterland Arena, el 14 de enero de 1978, luego de una desganada interpretación de No fun, un clásico de Iggy Pop and The Stooges, que resultó toda una declaración de principios sobre el estado de ánimo que dominaba no sólo al cantante, sino a gran parte del movimiento.

Es que el derrotero de la banda emblemática del movimiento resultaba la imagen más cabal de lo que había ocurrido con el género al que muchos aún consideran la última gran revolución en la historia del rock.

Nacida con la idea de cambio permanente, el grupo, integrado por Rotten en voz, Steve Jones en guitarra, Sid Vicious en bajo y Paul Cook en batería, se encontraba estancado a nivel creativo, luego de haber editado un único disco, el famoso Never mind the bullocks, con sus integrantes distanciados, y en medio de un repudio generalizado por parte de toda la opinión pública, que consideraba a la banda un verdadero peligro público, de acuerdo a la imagen vendida por los medios de comunicación.

En este contexto, el futuro del punk se debatía entre seguir por el camino del sonido estridente y los acordes y ritmos básicos, lo cual permitía cristalizar el slogan "hágalo usted mismo", por resultar accesible de realizar incluso para aquellos analfabetos a nivel musical; o responder al mandato del cambio permanente, al nutrirse de otros géneros y posibilidades técnicas.

Esta dicotomía suponía además una división entre los jóvenes de clase baja que apenas podían acceder a instrumentos y educación musical, pero que veían en el punk un movimiento que les permitía cumplir el sueño de ser músicos; y aquellos que contaban con aspiraciones artísticas más elevadas, en muchos casos inaccesibles para las grandes masas.

Acaso por todas estas cosas, la historia de los Sex Pistols resulta un resumen preciso de todas aquellas posibilidades que el género ofrecía a los desclasados y la encrucijada que su desarrollo planteó.

La última gira de los Sex Pistols, que por esas curiosidades del destino tocó por última vez en vivo en la misma ciudad en donde 12 años antes lo habían hecho los Beatles, estuvo plagada de cancelaciones, a raíz de la mala reputación con la que contaba la banda, en gran parte gracias al plan de su omnipresente manager, el situacionista Malcolm McLaren.

En este sentido, sus ideas encontraban en Sid Vicious a su máximo intérprete, un personaje casi caricaturesco, con una ineptitud total para la música, pero con una personalidad destructiva que era capaz de generar todo tipo de escándalos arriba y abajo del escenario.

El ingreso de Vicious a la banda había ocurrido algunos meses antes, en reemplazo de Glen Matlock, el autor de la mayoría de las canciones de la banda, cuya convencionalidad a la hora de encarar la música no resultaba funcional al movimiento, según lo considerado por el resto de la banda.

Acaso, esta decisión haya sido el certificado de defunción de los Sex Pistols, que a partir de ese momento se convirtió en una parodia de sí mismo, más orientada a los escándalos y a cultivar una imagen, que a la producción artística.

Obviamente, esto también provocó el distanciamiento sin vuelta atrás entre McLaren y Rotten, quien no se resignaba a ser un mero "títere" del manager, y que además había avalado el ingreso de Vicious en un principio para luego lamentar que se había convertido en "un circo con patas".

Del mismo modo, el grupo que había planteado en sus inicios que no hacían falta años de conservatorio para tocar música y que apostaba al caos sonoro; además de haber pateado el tablero con algunas acciones públicas, como sus escandalosas incursiones televisivas y su concierto en un barco sobre el río Támesis en pleno jubileo de la Reina; se encontraba estancado y sometido a una imagen pública que de a poco lo devoraba.

De hecho, hasta la edición de su único disco, el cual es considerado uno de los más influyentes en la historia del rock, significó un duro golpe a los puristas del género, que se quejaron porque todo lo revolucionario que resultaba el movimiento había ido a parar a un producto tan convencional como una placa discográfica.

Para colmo, el ingeniero Chris Thomas se encargó de pulir el sonido de la banda, al punto que hasta el propio Rotten cuestionó tiempo después, al calificarlo de "un álbum pop" que si hubiera sido editado como él aspiraba, hubiera resultado "inescuchable" para el público.

La debacle final de los Pistols mostró a Rotten enfrentado para siempre con McLaren y aislado del resto del grupo, que no oponía resistencia a los deseos del manager.

En este sentido, McLaren emprendió un viaje a Río de Janeiro junto a Jones y Cook, para registrar imágenes para su proyecto fílmico The great swindle of Rock and Roll, al tiempo que fracasó su intento de convertir a Vicious en una estrella por su adicción a la heroína, que un año más tarde le provocaría la muerte, luego de un proceso judicial por el asesinato de su novia, Nancy Spunger.

Por su parte, Rotten, bajo su verdadero nombre John Lydon, encaró una larga disputa judicial y personal contra McLaren y se concentró en su nuevo grupo Public Image Ltd., con el que comprendió que la fórmula de los tres acordes, las quintas paralelas, los tempos altos y los sonidos "gordos" de guitarra estaba agotada, y era el tiempo de apostar a la electrónica y el reggae, entre otros elementos, para dar paso a lo que se conocería como postpunk.

Agencia Télam
Fuente:

Más Leídas