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“Intelligentia” vaticana

Por Catherina Gibilaro

gibilaro.catherina@diariouno.net.ar

“Una cosa es el Santo Padre, otra es la santa sede”. Con esta frase, el decano de prensa del Vaticano, Max Berger, me recibió como la periodista vaticanista más joven, allá por los ‘80. En el momento me costó entender la dimensión de una frase que encerraba un mundo. Un mundo de 2.000 años de historia y que seguramente perdurará más allá de los tiempos. En los tres años que permanecí trabajando en la sala de prensa de la Santa Sede, trataba de absorber todo, como queriendo imbuirme de vaticanismo para tratar de comprender, de entender todas y cada una de las cosas que sucedían a diario en el Vaticano pero que ninguna persona puede descifrar en su totalidad. Siendo el Estado tal vez más pequeño del mundo, maneja millones de almas desparramadas por doquier. Hablar de la “intelligentia” vaticana es privilegio de algunos pocos, porque supera a cualquier mortal. Es algo grandioso, que queda explicado en los 2.000 años de historia de la Iglesia.

Ayer eligieron un nuevo Papa, luego de la renuncia de Benedicto XVI. Y el favorito del cónclave de 115 cardenales fue el argentino Jorge Mario Bergoglio, el primer jesuita que ocupa el sillón de Pedro.

Pero hay que recordar que no es el primer argentino que fue papable. Lo precedió, tras la muerte de Juan Pablo II, Eduardo Pironio, que tenía muchas posibilidades de ser electo. La santa madre Iglesia tenía otros planes y eligió a un alemán.

El Vaticano es como cualquier otro Estado, donde se manejan intereses que van más allá de nuestra pequeña imaginación. Nada es casual. Todo está estudiado en un diseño tan amplio que abarca el mundo entero.

La elección de Bergoglio demuestra que América Latina va a tener un puesto extremadamente importante y privilegiado entre los “grandes del mundo”. Esperamos también que los “pequeños” entiendan esto y sepan aprovechar la oportunidad que les brinda esta elección.

La tarea del Santo Padre no será fácil. A los problemas de Latinoamérica se suman los de África, donde la muerte de cientos de sacerdotes, especialmente en Nigeria, es un mal que no pudo ser erradicado y desvela desde siempre a los pontífices que precedieron a Bergoglio. Pero, sin duda, el problema más grave que deberá afrontar está en el seno de la Iglesia y cuál será la actitud de Bergoglio con los curas que mancharon a la Iglesia con el horrible delito de la pedofilia.

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