mundo insolito

“El arte y la literatura no tienen patria, el artista y el escritor sí”

Por UNO

Paola Aléale.paola@diariouno.net.ar

Pisar el suelo cubano es como enamorase por primera vez: puede que el momento pase y olvidemos el exacto azul de su mar. Las olas rompiendo contra las paredes del malecón que protege La Habana. Esa belleza muriendo en las ventanas ajadas de los edificios que perdieron juventud, pero se impregnaron de historia. Cuba, esa hermosa mujer descuidada, esa valiente guerrera de América, es como el amor: nunca más seremos los mismos después de que nos atraviesa. Por eso, el diálogo con el escritor cubano Julio Miguel Llanes es como volver a pisar las calles de la isla.

Julio es moreno, alto y en sus enormes ojos acuosos se reflejan imágenes. Por allí desfilan instantáneas de la campaña de alfabetización de Camilo Cienfuegos –el amigo burlón y revolucionario de Ernesto Che Guevara–. De su conversación se desprende que Cuba se ganó el respeto de Latinoamérica, porque supo mantenerse erguida y en marcha, a pesar de su andar dificultoso.

Llanes, quien se dedica especialmente a la literatura infantil y juvenil, tiene 67 años. Pero en sus palabras, habla el niño de 12 que partió de Sancti Spíritus, su ciudad natal, para ir a alfabetizar al monte. A pesar de tener una visión crítica de la situación económica compleja de su patria, también asegura que él cree en el proyecto revolucionario, sin dejar de entender a los que ya abandonaron esos ideales.

Un derecho ganado

A veces habla despacio, pero con esa musicalidad que trae el trópico consigo. A veces habla despacio porque tose fuerte. En cada tramo de la conversación, cuenta tantas cosas que se hace imposible escribirlas a todas. Las primeras ideas las dispara para explicar que la mala relación entre Cuba y Estados Unidos no tiene sus orígenes en la revolución de 1959. Llanes relata que Cuba fue engañada por Estados Unidos más de medio siglo antes de la revolución liderada por Fidel Castro.

“Cuba tuvo deseos de independizarse de España y Estados Unidos. Siempre se mantuvo neutral, hasta que decidió abandonar esa neutralidad e involucrarse en las guerras de la independencia. Cuando se triunfa sobre España, los soldados estadounidenses comienzan a tomar las ciudades, pero no permiten que el ejército independentista de Cuba desfile con ellos. Los apartan”, cuenta Julio y explica que esa fue la primera señal de que lo que los yanquis querían era gobernar. Sin embargo, Estados Unidos se dio cuenta de que Cuba no sería un pueblo sencillo de someter. El escritor retrata el espíritu guerrero de los cubanos. Ese que bastó para que el gobierno estadounidense se retirara de aquella tierra de mar y palmeras en 1902. Y que no pudiera reprimir la revolución del ‘59, a la que minimizó.

“La revolución de 1959 sorprendió a Estados Unidos. Fue una revolución martiana, ellos pensaron que podrían manejarla y no fue así, se les fue de las manos. Ellos (por los estadounidenses) estaban acostumbrados a aplastar cualquier intento revolucionario en los países de América Latina. Por eso, el caso de Cuba no se repitió nunca. Mi país tenía una tradición de lucha de años. La revolución tuvo una dirección muy sólida. Cuba se apoyó en Martí y recuperó la dignidad de país, como decía Alejo Carpentier”, relata. Si bien asegura que apoyó y apoya el proceso revolucionario de su patria, Llanes no deja de reconocer las dificultades. “Ha sido un tiempo muy difícil para los cubanos. A Cuba le hace falta un respiro, poder construir su economía”, asegura el escritor, quien también ve con espíritu crítico la reanudación de las relaciones con Estados Unidos.

“No hay que creer que ellos nos brindan la posibilidad de dejar de ser un país aislado. Esto es un derecho que Cuba se ganó. Estados Unidos restableció relaciones con Cuba, pero no porque sean buena gente. Sólo reconocieron que el bloqueo no les estaba dando resultado”, afirma.

Un capítulo aparte es el proceso de apertura económica que se está viviendo. Llanes lo explica de manera simple: el pueblo lo pidió. “Estas modificaciones se han dado por un proceso interno, porque mi país no funciona con una palanca que nos dice ‘tienen que hacer esto’”.

Imágenes de la revolución

“Cuando triunfó la revolución, tenía 11 años. Mi hermano y yo habíamos dejado de estudiar, no teníamos ni para comprar los libros, ni para comprar la ropa de las escuelas privadas. La vida nuestra era vender dulces, lustrar botas, no más estudio ni más nada. Mis padres no podían darme eso. La revolución nacionalizó la educación, las escuelas se convirtieron en estatales para evitar privilegios”. Mientras relata, sueña. “Porque en el fondo, contar es eso: viajar al pasado en las alas de un recuerdo”.

–¿Entonces pudo volver a estudiar?

–Primero nos enviaron a los estudiantes a alfabetizar. Con 12 años, partí al monte a enseñarle a leer y a escribir a mis compatriotas.

Con la naturalidad que un niño contaría que se fue de campamento, Julio Llanes se refiere a que participó en la proeza educativa más grande de la historia de América Latina: una campaña que eliminó el analfabetismo de Cuba. En un año, se alfabetizó a un millón de personas. “Cuando terminamos, le pedimos a Fidel ‘dinos qué otra cosa podemos hacer’. Y él nos dijo estudiar. Dio cientos de becas. Cuba se convirtió en una gran escuela.

 Jóvenes desilusionados

¿Por qué si la revolución parece ser el camino que apoyan los cubanos, hay tanto escepticismo, sobre todo entre los jóvenes isleños? La pregunta resuena a 6.900 kilómetros de Cuba. Llanes se queda callado por 10 segundos. Luego, responde: “Mira, tú no puedes pedir que haya un consenso total después de 50 años de bloqueo. Cuba es un país occidental que tenía una gran relación con Estados Unidos. Fuimos el primer país de América en tener televisión. La revolución ha costado mucho trabajo y mucho sacrificio, poco incentivo para los jóvenes” . Para Llanes, el problema de las nuevas generaciones es que como no vivieron la revolución, no la valoran lo suficiente. “Ellos nacieron con todos los logros revolucionarios adquiridos, no saben cuánto costaron”. Puntualmente, se refiere a la medicina, la educación, el deporte y la cultura. Cuba tiene altísimas expectativas al respecto, porque su pueblo es culto. Sin embargo, lo que más quieren es que su sueldo les alcance para vivir. “El anhelo de los cubanos es hacer de su salario algo justo, viajar, ir a la playa. Estados Unidos diseñó un bloqueo para que el pueblo se angustiara. Hicieron que las condiciones fueran favorables para que el pueblo no aguantara más y se revirara. Hay gente en Cuba que no tiene una concepción de país. De repente eres un deportista o un hombre de la cultura y si se te plantea la situación de ganar más en Estados Unidos, te vas”, comenta.

–¿Y después qué sucede, Julio?

–Después siguen siendo cubanos y pueden volver a Cuba. No son perseguidos ni nada. La emigración politizada de Cuba fue la de los primeros años. Ya la otra es una emigración económica.

–Pero las dificultades con las que día a día tiene que lidiar la gente son reales.

–Por supuesto que sí. La revolución cubana es muy difícil de hacer día a día, pero yo puedo decirte que a pesar de todos estos inconvenientes, el gobierno sigue contando con la mayoría del pueblo. Si no, ya hubiera explotado. Nosotros somos críticos del sistema, no pienses tú que porque yo hablo así estoy de acuerdo con todo. Nos enseñaron a discutir y por eso lo hacemos. Yo hablo así de mi país porque considero que el arte y la literatura no tienen patria, pero los artistas y los escritores sí. Yo creo en el proyecto revolucionario. Si otro no lo cree, pues que no lo crea.

El estudio y la literatura

La conversación vuelve a encausarse por los carriles de la literatura para saber cuándo, cómo y por qué se convirtió en escritor.

–¿Qué estudió y cómo fue su carrera universitaria?

–Me fui a estudiar a La Habana y me recibí en la Universidad Pedagógica. Empecé a trabajar en educación, pero siempre tuve la vocación y la inquietud de escribir. Entonces, entré a la Unión de Escritores Artistas.

–¿Cómo fue esa etapa?

–Fui presidente de la Unión de Escritores Artistas de Cuba en la provincia de Sancti Spíritus durante 20 años. Es una organización no gubernamental que hace una política cultural paralela al Estado. La intelectualidad cubana tiene un gran peso, ha sido mayoritariamente revolucionaria.

–¿Usted se dedica sólo a la literatura infantil?

–Es mi centro. He trabajado mucho para que la literatura infantil se situara al mismo nivel que la otra, que se utilizaran los mismos presupuestos teóricos para el análisis, que los mejores críticos se ocuparan de esta literatura. Creamos las cátedras de Literatura Infantil en todas las universidades.

 –¿Cómo combinaba este trabajo con su oficio de escritor?

–Yo escribí de milagro, porque a pesar de tener la inquietud, no tenía cómo encarar la tarea, porque la Unión de Escritores y Artistas de Cuba es una institución muy compleja y difícil de dirigir.

 –¿Cuáles son los temas más recurrentes en su obra?

–Me interesa la historia y me molestaba que fuera contada como un aluvión de fechas, datos carentes de emoción. Eso no le interesa a ningún estudiante. Yo quería hacer una literatura muy cercana a la historia que pudiera decir lo que la historia no había dicho. Empecé a hacer libros evocando a ciertos personajes, eso es lo que me gusta hacer.

 Viaje al corazón del Che

Cuando había cumplido 50 años, Llanes decidió entrar en el corazón del Che y lo hizo escribiendo una novela juvenil sobre su vida. Para eso, viajó por Latinoamérica.

“El viaje terminó transformándome a mí también y entendí al Che”. Ese libro es diferente a otros escritos sobre Guevara porque hace hincapié en su fuertísimo vínculo con la literatura.

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