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jueves 05 de julio de 2018

Vocación por el prójimo: voluntarios ayudan a quienes están a la espera de un donante

Inés Martínez es voluntaria de la ONG "Hagamos algo por los chicos con leucemia". Su amor por el otro la lleva a encontrar el momento y dedicarse a quienes esperan por una donación de órgano, médula o tejidos.

Una mujer de mediana edad, ojos café y una larga cabellera negra. Cada día se levanta a revisar las redes sociales para ver si alguien precisa de su servicio, o tal vez si llega un milagro de solidaridad y consiguen lo que necesitan para los chicos que están ayudando.

Hagamos algo por los chicos con leucemia es una asociación civil que busca realizar un abordaje integral de la problemática. Tratan de brindarle apoyo y asesoramiento tanto a la persona como a su grupo familiar desde el momento en que es diagnosticada.

"No está de moda la solidaridad. No está de moda destinar un poco de tiempo para acompañar al otro en su dolor y su enfermedad", manifestó Inés Martínez, una de las voluntarias de esta asociación.

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"En un principio arrancamos solamente brindando acompañamiento a quienes padecían leucemia. Luego la asociación se fue conociendo, la gente pasaba nuestro contacto y empezaron a llegar otros casos como es el de Ezequiel, un niño que está a la espera de un riñón. También tenemos otros casos oncológicos", cuenta.

Inés cree en el gran poder de los abrazos como fuente sanadora. En su experiencia muchas veces le funcionó y otras veces fue un abrazo de despedida que la dejó con el sabor de la derrota por perder una vida.

"Hubo una historia que me marcó, hay historias con final feliz pero no fue este caso", contó. Ivana Quevedo, "una guerrera" según sus palabras, fue trasplantada pero no prosperó. Tuvo una mejoría, pero luego los estudios comenzaron a salir mal y finalmente le diagnosticaron que le quedaba poco tiempo de vida. Inés lo presintió y todavía recuerda el último abrazo que le dio en las puertas del Hospital Central.

Martínez explicó que la mayoría de los chicos que necesitan un trasplante y llegan a las ONG es porque tienen una situación económica mala o difícil. Por ejemplo, la leucemia obliga a estar todo el tiempo al lado del afectado, por lo que si los padres no tienen trabajo se complica y si tienen trabajo lo deben dejar para avocarse al tratamiento de la enfermedad.

"Por todo lo que implica pasar por esta lamentable situación, desde la asociación ayudamos a través de donaciones que nos llegan, alimentos no perecederos, agua mineral comprada porque los oncológicos no pueden tomar agua de la canilla, y a veces llevando estufas para los chicos que están internados", dijo.

En caso de no tener lo que necesitan, publican y hablan con gente hasta conseguirlo. Su vocación por el prójimo ha llevado a esta asociación a conseguir heladeras, lavarropas, frazadas, estufas y ventiladores.

Inés está hace 4 años y en diálogo con diariouno.com.ar cuenta que se ha encontrado con todo tipo de historias. Muchas veces vencieron la enfermedad y otras perdieron la batalla. "Cuando un niño al que acompañaste durante todo el proceso muere, es un golpe muy duro para uno como voluntaria", afirmó.

La historia se replica en muchos otros voluntarios que tienen su trabajo, su familia y sus obligaciones. Sin embargo, saben hacerse el tiempo para acompañar en la enfermedad y en las necesidades que vayan surgiendo a quienes esperan por un trasplante.

La ley Justina

Se llama así en memoria a Justina Locane que esperaba por un trasplante de corazón. El tiempo pasó y el donante nunca llegó. La niña de 12 años murió pero su lucha marcó un antes y un después.

A partir de la sanción de la ley todas las personas son donantes excepto que expresen claramente su negativa. La decisión ya no depende de los familiares.

La asociación

Esta asociación no tiene un lugar físico pero se la puede contactar a través de Facebook bajo el nombre de "Asociación Hagamos Algo Por Los Chicos Con Leucemia".

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