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lunes 12 de noviembre de 2012

Un Fabián Danubio para Johana y Soledad

Ese arquitecto rastreó por 10 años a su hijita desaparecida. ¿Hasta cuándo podrá Lavalle clamar por las chicas?

Por José Luis Verderico
jlverderico@diariouno.net.ar

Terminé de leer la recomendable novela policial El jardín de bronce este viernes, casi al mismo tiempo que una caravana de lavallinos reclamaba la urgente aparición de Johana Chacón y Soledad Olivera.

El libro debut de Gustavo Malajovich, uno de los guionistas de la serie televisiva Los simuladores, alumbra a un nuevo detective argentino: Fabián Danubio, un arquitecto que a lo largo de casi 500 páginas y de una década busca a su hija de 4 años que desapareció de la faz de la tierra de un momento para otro, como pasó con Johana y Soledad, en Tres de Mayo, hace 68 días y 12 meses, respectivamente.

Ferocidad, tenacidad y, por supuesto, altibajos caracterizan al personaje de ficción, el que en su derrotero se encuentra con policías, jueces, funcionarios, periodistas, investigadores privados y delincuentes de toda laya, que sólo aportan confusión y torpeza (ya sea por buenas y malas intenciones). Danubio encarna a un padre al que le arrebataron a una hija –a una parte suya, en definitiva– y que no encuentra en la sociedad ningún apoyo fructífero, hasta que decide rastrearla por su cuenta.

Tengo para mí que los vecinos de Lavalle y los docentes y alumnos de las escuelas Virgen del Rosario y Francisco Arias que se hicieron escuchar con sus bocinazos representan al Fabián Danubio de Johana Chacón y Soledad Olivera.

Este grupo de rastreadores, liderados por la directora Silvia Minoli, dio a conocer el caso públicamente, logró instalarlo en la prensa, promovió marchas por Lavalle y el microcentro, y sigue muy de cerca qué pasa con las pesquisas a cargo del fiscal Santiago Garay.

Resultado inequívoco de esa ferocidad y tenacidad propias de una sociedad a la que le arrebatan a dos hijas dilectas y preocupadas por el futuro de sus demás habitantes, la búsqueda de Johana reveló otro caso tanto o acaso más grave: la desaparición de Olivera. ¿Cómo es posible que nadie sepa qué pasó con esta mujer de 28 años y madre de dos niños que un día salió de su casa por un momento y desapareció como por arte de magia hace un año ya? ¿Cómo es posible que Johana Chacón se haya esfumado al cruzar la tranquera de la finca donde vive con su amplísima familia cuidadora? ¿Cómo es posible que no se sepa ni un dato certero sobre ellas? ¿Estarán vivas? ¿Dónde?

También llama la atención que la recompensa de $10.000 ofrecida para pagar datos que conduzcan al hallazgo de Johana no haya generado más que un puñado de pistas inservibles.

¿Nadie tiene nada para decir? Realmente cuesta creerlo, pero es así. Al menos hasta ahora.

Hasta en la novela El jardín de bronce, alguien muy cercano al rastreador Danubio tenía algo importantísimo para aportar acerca de la desaparición de su pequeña Moira. Pero antes, ese padre desgarrado por la incertidumbre debió indagar, caminar, levantarse una y mil veces y volver a la carga para que el caso no muriera.

Me pregunto hasta cuándo resistirán los lavallinos, hasta dónde llegarán las ansias investigativas de la Policía y del fiscal Garay. Me inquieta saber que, cada día que pasa sin Johana ni Soledad, el desgano y el colapso de trabajo los vayan atenazando hasta que las dos chicas sean apenas dos rostros en blanco y negro en paredes y automóviles.

Esta semana, sus casos llegaron a la prensa porteña, como tantos otros episodios conmovedores.

El periodista Ricardo Canaletti, del canal TN, dedicó un buen espacio a desmenuzar las desapariciones y las pesquisas. Lo mismo que en un programa de radio Concepto, miembro de una cadena federal que llega a casi todo el país. Otra vez, Mendoza ante los ojos del país.

Ojalá pronto volvamos a ser noticia por la reaparición de Johana y Soledad. Para eso será indispensable que el pueblo lavallino siga siendo ese incansable Fabián Danubio que no se rinde ante nada, ni siquiera ante los silencios que hoy aparecen inquebrantables.

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