Tras el ataque de Petean Pocoví impera la sorpresa en Gutiérrez

Mientras Carolina Seser se recupera en su casa, los vecinos siguen sin poder asimilar lo ocurrido el pasado viernes.

Una llovizna intensa y persistente hace la mañana aún más fría. La calle Blas Parera es corta, un par de cuadras, y las casas solo están en una vereda. En la otra está el terreno de la champanera de la bodega López. A mitad de cuadra del 200 está la casa. Es antigua, originalmente de adobe pero reforzada después y ahora luce bien pintada, cuidada y prolija.

Golpe de manos, en la vereda. Pasa un instante y alguien cierra las cortinas de la ventana que da a la calle, pero nadie atiende, nadie se asoma, nadie pregunta.

Es la casa de la familia Seser y adentro está Carolina (37), que ha recibido el alta hace unas horas y ahora puede continuar la convalecencia en su hogar. El viernes 25 su marido, Alberto Sebastián Petean Pocoví (33), la apuñaló, para después huir y atropellar y matar a dos policías. Carolina está bien y su embarazo de gemelos también.

Nadie atiende. En la casa de adelante vive la madre de Carolina y ella vive atrás, en una construcción al fondo. Pero nadie atiende. Y está bien. Ya han pasado por mucho, demasiado.

Gutiérrez viejo
A esta parte de Maipú se la conoce como Gutiérrez viejo. Detrás de la bodega López está la punta de rieles del metrotranvía y del otro lado de la manzana donde viven los Seser están la plaza, la iglesia, la escuela... Esa escuela en donde supo dar clases la madre de Carolina y quien hace poco concursó para un cargo de directora.

La casa es de adobe, bien reforzada y cuidada. Fue construida por Celestino Jañiez, un inmigrante español que fue anotado como "Yañez" por un empleado de Inmigraciones en el puerto de Buenos Aires, error que, pese a las protestas sucesivas de Celestino, no fue corregido.

Don Jañiez construyó esa casa, en un terreno amplio en donde plantó frutales, verduras y especias. Tuvo mujer e hijos y murió un día, allá hacia fines de los '70. Alguno de sus hijos quiso recuperar esa casa, que había acumulado deudas y estaba por salir a remate. Pero los hermanos no se pusieron de acuerdo y la casa se perdió. Aun así la descendencia de Celestino, varios de ellos, se quedaron viviendo por ahí.

"Después la casa la compraron los Seser, que viven ahí desde hace más de 20 años", intentó calcular Mercedes, una nieta de Celestino.

Sorprendidos
Mercedes tiene casa y almacencito a la vuelta de la manzana, casi detrás de los Seser. "Ese viernes 25, a la mañana, había venido él (Alberto Sebastián Petean Pocoví) con su hijito, un rubiecito hermoso que tiene unos dos años", recordó la mujer.

"Siempre venía. Se llevó alfajores para el nene y tostadas para él. Y me pidió si podía traer más alfajores para esta semana. Más allá de lo que ahora se puede decir y de lo que haya pasado puertas adentro, en la calle era un hombre amable, agradable y se notaba que quería mucho al nene", contó Mercedes.

Dice que de Carolina no puede contar mucho. "Casi no se la veía por acá. A su madre la conozco un poco más, pero de ella casi no sé nada. Dicen que se recibió de ingeniera agrónoma, pero no sé nada más". El dato es correcto; además, trabajaba para algunas bodegas.

Después reflexionó: "La verdad es que todos en el barrio estamos sorprendidos. Al muchacho se lo veía bueno, tranquilo... ¡Uno nunca sabe lo que pasa dentro de una casa!".

Diego también tiene almacén en la misma manzana y su relato es muy parecido al de Mercedes. La mujer atendió a Alberto Petean a la mañana y Diego lo atendió sobre el mediodía de ese 25. "Vino a comprar queso para rallar y pan. La familia es buena gente. Él era amable, por más de lo que se diga ahora. La verdad es que estamos todos sorprendidos. Uno no sabe nunca qué le pasa a cada uno adentro para que hagan estas cosas...".

Contó Diego que Carolina también iba seguido. "Yo siempre le decía Carina, y ella me corregía", dijo, mientras se ríe de su constante equivocación. "Es una buena chica. Toda la familia es buena gente".

Parece un barrio en donde nada malo puede pasar
Esta zona de Gutiérrez parece ser un buen lugar para vivir. Hay muchas casas antiguas y estas manzanas evidentemente deben de tener una larga y rica historia.

La plaza José López Rivas está bien cuidada. Tiene juegos nuevos y es un buen lugar para los niños.

En uno de sus laterales está la parroquia San José Obrero y en otro la Escuela 1-457 Leopoldo Zuloaga, que al mediodía genera un flujo importante de autos, de los padres que vienen a buscar a sus hijos.

Parece un lugar tranquilo, un buen barrio, donde nada malo puede pasar...

Secuencia
A las 14.45 Alberto Petean atacó a cuchilladas a Carolina Seser, que tiene un embarazo de 20 semanas. Estaban en el departamento del fondo.

La madre de Carolina escuchó gritos y fue hacia atrás. Se cruzó con su yerno, que salía corriendo.

Petean subió a su camioneta Ford Ranger color bordó y escapó. Los vecinos ayudaron a Carolina a subir a otra camioneta y la llevaron a la guardia del hospital Diego Paroissien, en Maipú. Después fue trasladada al Lagomaggiore.

Luego Petean, ya en Blanco Encalada, atropelló a dos policías, que murieron en el acto, y finalmente fue detenido.

Carolina estuvo internada hasta ahora y su embarazo sigue, sin riesgos.
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