Mendoza - Rivadavia Rivadavia
domingo 29 de abril de 2018

Toby, el perrito que vivió junto a la tumba de su amo

Cuando su dueño falleció, el animalito se instaló en el cementerio de Rivadavia para estar siempre cerca de su patrón.

Falleció su dueño e hizo guardia durante dos años junto a su tumba, hasta que también murió y, en honor a su fidelidad, lo sepultaron a los pies de la tumba de su patrón. Se llamaba Toby y por su actitud fue el perro más querido de Rivadavia.

"Cuando la gente se enteró de la historia de Toby, hubo varios que quisieron adoptarlo. Incluso vino gente de otras provincias. Pero preferimos que se quedara con nosotros, porque todo el tiempo iba hasta la tumba de su dueño y se quedaba allí", cuenta Juan Carlos Videla, encargado del cementerio municipal de Rivadavia. "Murió hace un tiempo", dice, y fue enterrado en uno de los pasillos, justo a los pies de aquel hombre que tanto quería.

Toby era negro. Un perro mestizo con algunos genes de cocker spaniel. Por su dentadura tenía unos 2 años cuando este periodista se lo cruzó en una visita al cementerio de Rivadavia, a principios de diciembre de 2011.

Tirado debajo de un banco, con mirada triste, el perro llamaba la atención. No fue difícil saber su historia. En ese entonces fue el mismo Juan Carlos Videla el que aportó los datos.

Había sido el fiel compañero de Juan Carlos Ferreyra, un trabajador que lograba su sustento con algunas changas. Montaba su bicicleta y, con Toby corriendo a su lado, recorría la ciudad en busca de algo que hacer y ganarse dignamente algún Belgrano, a veces un Rosas, casi nunca un Sarmiento y menos un Roca.

Cuentan que nunca se separaba de su dueño. Uno trabajaba y el otro esperaba en la puerta de turno. Después emprendían el regreso juntos, juntos comían y también juntos se tiraban a descansar. Porque sabido es que los humildes no se acuestan, simplemente se tiran.

Pero un día, el 6 de mayo de 2011, Ferreyra no se levantó. Nunca más. Sus sufridos 55 años de vida le pasaron factura. Fue un velorio simple y un cortejo breve. Toby corrió junto al coche fúnebre. No le costó mucho esfuerzo, ya que el auto negro iba a la misma velocidad que solía ir la bicicleta de su patrón.

"Ese día tuvimos que poner el féretro en el depósito, porque había que preparar la tumba en donde ya estaba ubicado uno de los hijos del fallecido", contó Juan Carlos Videla.

Después del responso todos se fueron, menos Toby. Los deudos quisieron cargarlo en un auto, pero el choco les gruñó y después corrió a ocultarse.

"Cuando todos se fueron se tiró en la puerta del depósito y se quedó ahí. Al día siguiente preparamos la fosa 49, del cuadro 6, de la sección Común Adultos, y trasladamos el ataúd. El perrito nos siguió y esperó a que termináramos el trabajo. Se quedó un rato junto a la fosa y después volvió, desesperado al depósito. Hizo ese recorrido casi todo el día. Ida y vuelta. Siempre corriendo", recordó Videla.

Pasó el tiempo. Toby no se fue nunca más del cementerio. "Andaba con nosotros, que lo alimentábamos y lo cuidábamos. Todos los días, a cada rato y pese a que nos seguía a todos lados, el Toby se daba una vuelta por la tumba de su dueño y se quedaba ahí un rato. Siempre. Todos los días".

Normalmente era un perro muy tranquilo pero, cuando llegaba un cortejo, se ponía inquieto y corría hacia la comitiva. Se metía entre la gente y los olfateaba. Revisaba también el coche fúnebre. Buscaba a su dueño. Después, fracasado, volvía a tirarse al fresco cerca de la tumba.

Pasaron dos años. En ese tiempo hubo varias familias que lo quisieron adoptar, pero Toby se negaba a irse y los empleados del camposanto ya se habían encariñado con él y no les convencía que el perro fuera separado del lugar que él mismo había elegido.

"Un día lo atropelló un auto. Lo hicimos curar y se sanó, pero parece que ese golpe y la pena se sumaron. Murió acá, dos años después que su dueño", cuenta Videla.

En silencio, respetando la voluntad del perro, los empleados decidieron enterrarlo a los pies de su amo, casi en el pasillo y sin invadir el terreno de los humanos, pero bien cerca uno del otro.

Allí está Toby. Ahora descansa. Se ha reencontrado con su patrón. Es una linda historia para referirse a la celebración de este domingo 29 de abril: el Día del Animal.
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