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domingo 13 de mayo de 2018

Tío y sobrino llevan media vida yendo a la Difunta Correa a campo traviesa

Viven en San Martín y cada 27 de abril van campo a traviesa hasta el santuario ubicado en la localidad sanjuanina de Vallecito. Lo hacen para cumplir con ella, por ellos y los suyos

Caminar por fe, con fe, aún cuando esa fe no sea reconocida. Caminar siempre, todos los años, desde hace mucho. Caminar por uno, por los demás, por todos, por más que nadie lo sepa, nadie lo pida.
Rafael Velázquez tiene 64 años y la mitad de su vida ha caminado. José Luis Calipo tiene 46, es su sobrino, y también ha caminado la mitad de sus años. Cada 27 de abril han salido desde su terruño, un distrito rural de San Martín, y han caminado a campo traviesa casi 200 kilómetros durante cuatro días para llegar a donde ellos creen que deben llegar. Al santuario de la Difunta Correa, en Vallecito, San Juan.

No son los únicos. Desde el Este todos los años van caminando unas quince personas, pero quizás Rafael y su sobrino sean hoy los más persistentes a través de los años.

"Soy de acá, de El Divisadero, aunque desde hace más de 30 años vivo en Palmira", dijo Rafael. José Luis, a quien todos le dicen Pepe, reafirma: "Soy nacido y criado aquí", refiriéndose al distrito poco poblado del extremo norte del departamento sanmartiniano.

Rafael, que trabaja en la construcción, recordó que hace 32 años salió de El Divisadero con un amigo "Miguel Parlante, que ya murió". Decidieron hacer su peregrinaje a campo traviesa, siguiendo las vías del tren. "Llevábamos mochilas grandes, de 30 kilos, cargadas con todo: ropa, mantas, comida, panes...". Dijo que ahora van más livianos. Que el equipo es más práctico, más liviano y que hasta llevan una carpa. Antes dormían bajo el cielo estrellado.

Contó que la primera promesa que le hizo a la Difunta fue por "un problema con mi hijo, que tenía 2 años" y que ahora ya le ha dado nietos. "Se había comido una hoja de una planta venenosa. Le pedí a la Difunta que lo salvara". Y así comenzó a caminar. "Después he pedido por mi madre, por mis nietos, por mi familia, porque todos estén bien. Y ella siempre me ha cumplido. Nunca me faltó trabajo".

Pepe Calipo también tiene promesas hechas y cumplidas. La fe popular dice que Deolinda Correa es cumplidora, pero también buena cobradora y que lo que se promete se debe hacer. Y los promeseros saben eso.

Pepe ha vivido siempre en El Divisadero. Trabaja en una finca muy activa. Tiene mujer, Mónica, e hijos, Leonardo (26) y Estefanía (24). "Y también a Mía, que crío como si fuera mi hija", dijo. La niñita es su nieta, pero es casi lo mismo.

"La primera vez que fui con mi tío fue en el año'92. Tuve una nena que se murió, le dio leucemia. Empecé a ir por ella, pero se murió, no sé por qué. Pero seguí yendo. Después fui por mi hijo, que nació con hidrocelafia. Los médicos me decían que iba a ser como un vegetal. No quedó bien de una parte de su cuerpo, pero acá lo tengo, está bien, está vivo, por lo menos lo tengo. Después fui por mi viejo, por mi vieja, por mis hermanos...".

Los promesantes creen. Piden, creen y cumplen. La fe los potencia, los contiene. No es algo racional. No es una transacción comercial. Se da y se recibe lo que la Difunta quiera dar. Y listo.

Rafael y Pepe dicen que habrá asado alguna noche de estas con los promesantes. "Vengan, así los conocen y los escuchan", invitaron. Rafael tiene 64 y ha dicho que éste ha sido el último año. Que ya no irá más, porque el físico pasa factura. Pero advierte: "Si usté quiere ir, yo lo acompaño". Y listo.

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