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jueves 19 de octubre de 2017

Tiene 80 años y camina 15 cuadras por día para ir a clases

Adriana del Carmen Martínez distinguida en la Legislatura de Mendoza por ser un ejemplo de perseverancia.

Nunca es tarde y menos para empezar a estudiar. Al menos eso demuestra Adriana del Carmen Martínez, que con 80 años cursa el primer ciclo del Nivel Primario en un centro de educación en Perdriel, Luján. Vive en el barrio Costa Flores, tiene 7 hijos, 17 nietos y 5 bisnietos.

"Cuando era una niña vivía con mi familia y lejos del pueblo, por eso era difícil ir a estudiar. Mi mamá se enfermó y después viví con mi abuela, a quien tuve que cuidar porque se enfermó", recuerda Adriana que nació el 19 de mayo de 1937 en San Fabián de Alico, en la provincia de Ñuble, en Chile, y es la mayor de 9 hermanos.

A los 18 años se casó con Guillermo Arnaldo Fuentes, padre de sus siete hijos, y en 1975, por problemas sociopolíticos tuvo que dejar su país natal y se vinieron a la Argentina, a Mendoza precisamente. Primero llegaron en familia a Tupungato y luego se instalaron en Luján de Cuyo.

"Cuando me casé, tuve que empezar a cuidar a mis hijos y por eso nunca tenía tiempo para estudiar. Fui hace unos años atrás a cursar, pero nos daban mucha gimnasia, actividades recreativas y poca lectura, por eso dejé", explica Adriana que es viuda hace 17 años. En esos tiempos comenzó a trabajar vendiendo ropa para subsistir económicamente.

Tiene 14 compañeros
Pero a pesar de los obstáculos para estudiar, nunca se le fueron las ganas de aprender a leer y escribir. Y hoy camina todos los días un kilómetro y medio, para ir a clases en el aula satélite de la calle Bella Vista.

"Voy a clases de 15 a 18. La escuela está en un galpón prestado y en invierno es muy frío, ya que tenemos una estufa chica y otra a leña, pero no alcanza para pasar el frío. Por eso en invierno a veces no vamos a clases. En total somos 15 alumnos, yo soy la mayor del curso", comenta.

Entre las materias que tiene que estudiar, la que más le gusta es Matemáticas. Pero reconoce que lo que más le gustaría es aprender bien a leer y escribir. Y en eso está, se siente orgullosa cuando muestra su cuaderno, prolijo, con letras grandes y chicas, de todos los tamaños y colores. "No tenemos mucho material para estudiar, la señorita es la que lleva los cuadernos para nosotros. Ella nos ayuda mucho, siempre en todo", agradece la mujer que, además de ir al colegio, hace yoga, sale a caminar todos los días, antes de desayunar y hacer las tareas de la casa.

"¿Qué voy hacer en mi casa?, me puedo deprimir y por eso salgo, estudio y aliento a mis vecinas a que hagan lo mismo. Pero a muchas les da vergüenza y para mí, vergüenza es robar", dice en el comedor de su hogar, donde recibe a Diario UNO, junto a una de sus nietas.

Adriana se entusiasma con la lectura. "Creo que el año que viene voy a empezar a leer de corrido, aunque no nos dan libros, es la señorita la que nos da fotocopias", dice.

Y se anima a dar consejos a la gente para que pueda cumplir sus expectativas, a pesar de que a veces cuesta encontrar los tiempos para lograrlos. "Yo le diría a la gente que nunca es tarde para nada. Hay chicos que andan vagando, que se drogan cuando deberían ir al colegio a aprender. A veces, es verdad que los gobiernos no ayudan, pero con esfuerzo todo se logra. Ahora con tantos feriados no hemos tenido clases y extrañé mucho el colegio", cuenta.

Reconocimientos
Por su esfuerzo y dedicación ha sido distinguida oficialmente por el Concejo Deliberante de Luján de Cuyo y por la Dirección General de Escuelas (DGE).

Este jueves recibía otro reconocimiento legislativo por "su deseo de aprender, ejemplo de perseverancia y constancia para finalizar sus estudios". Así quedó establecido en la resolución Nº339 emanada de la Cámara de Senadores, a instancias de un proyecto presentado por el senador Gustavo Arenas (PJ), mediante el cual se estableció que la distinción sea para la destacada alumna, quien se ha transformado así en una guía para sus 17 nietos y cinco bisnietos con su "digno ejemplo de superación para toda la comunidad educativa y de Mendoza por representar valores de constancia y dedicación", según rezan los fundamentos de la iniciativa.

Se casó muy joven. A los 18 años se casó con Guillermo Arnaldo Fuentes, con quien tuvo siete hijos, en Chile: María Verónica (60), Guillermo (59), Wladimir (57), Jacob (55), Verenice (52), Nicolás (49) y Walter (45).
Intento. En 2012 decidió concurrir a un CEBJA de Luján para comenzar sus estudios, pero por problemas económicos tuvo que abandonar su sueño de aprender a leer y escribir.
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