También en Mendoza investigan sobre el reloj circadiano

Este año, el Nobel de Medicina fue para un grupo de estadounidenses que descubrieron genes de este mecanismo.

Suena el despertador. Son las 6 pero está de noche. Hay que levantarse igual aunque hay algo en el organismo que no entiende muy bien qué está pasando. Es el reloj interno propio que todos los seres vivos tenemos adentro. Un mecanismo biológico que le dice a nuestro cuerpo cuántas horas dormir y cuándo, aunque la vida social nos haga correrlo de hora.

Este año, el Premio Nobel de Medicina fue para un grupo de investigadores estadounidenses –Jeffrey Hall, Michael Rosbash y Michael Young– por sus descubrimientos acerca del funcionamiento de este reloj. Porque sí se sabe que existe pero dónde nace, cómo se articula, cuándo y cómo funciona, y por qué deja de funcionar con precisión, son preguntas que la ciencia todavía se hace.

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Estela Muñoz dirige la investigación que se desarrolla en la Universidad Nacional de Cuyo.
Estela Muñoz dirige la investigación que se desarrolla en la Universidad Nacional de Cuyo.

Muchos kilómetros más cerca que los ganadores del Nobel, en el predio de la Universidad Nacional de Cuyo en Mendoza funciona el Instituto de Histología y Embriología (IHEM), donde un grupo del Conicet, dirigido por la investigadora Estela Muñoz, doctora en Bioquímica y vicedirectora del instituto, estudia también el funcionamiento del reloj circadiano.

Es ciencia básica, a sólo minutos de viaje.

"Te doy un ejemplo", dijo Estela para explicar de qué se trata este reloj circadiano que dirige el funcionamiento del cuerpo con oscilaciones de casi 24 horas. "Yo necesito dormir y necesito estar activa. Eso normalmente en un individuo ocurre en un día. Si yo no durmiese, no estaría bien para hacer mis actividades el día siguiente. El reloj circadiano es esencial: cualquier mecanismo que uno trate de entender en el cuerpo, tiene una patita en dicho reloj", aseguró. Y agregó que en el caso de los ancianos, que duermen menos horas o tienen un sueño de menor calidad, lo que ocurre es que su reloj circadiano no está debidamente aceitado, "está envejecido".

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Estela Muñoz dirige la investigación que se desarrolla en la Universidad Nacional de Cuyo.
Estela Muñoz dirige la investigación que se desarrolla en la Universidad Nacional de Cuyo.

En el ser humano, el reloj está prácticamente en todas las células del cuerpo. "Pero hay relojes celulares –aclaró Estela– que son mucho más potentes que otros, que manejan mucho más precisamente la biología que otros. Esos otros chiquititos dependen de los más fuertes para generar una respuesta sincronizada. En el cerebro, por ejemplo, hay un reloj muy importante que es el reloj maestro". El organismo intenta, de por sí, "estar en hora", pero se lo puede afectar, por ejemplo, permaneciendo despierto y activo toda la noche y por eso al otro día son necesarias más horas para dormir y recuperarse.

Romper el reloj
¿Para qué sirve saber cómo funciona ese reloj? ¿Se puede influir sobre él positiva o negativamente? La investigadora explica que el ambiente influye, pero no sólo la luz o la oscuridad, sino que también afectan al reloj cuestiones sociales o emocionales. "Si vos vivís siempre sola y de repente te encontrás en un lugar con muchas personas, eso también va a impactar en tu reloj. Por eso es importante conocerse a uno mismo, porque a lo mejor uno necesita dormir 7 horas pero otro con tres está bien. Ese conocimiento nos permitirá respetar y educar a ese reloj para que funcione correctamente", aclaró.

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Doctora en Bioquímica. Estela Muñoz dirige la investigación que se desarrolla en la Universidad Nacional de Cuyo.
Doctora en Bioquímica. Estela Muñoz dirige la investigación que se desarrolla en la Universidad Nacional de Cuyo.

Los cambios de husos horarios son una de las formas más directas en las que el ambiente puede influir en nuestro reloj circadiano. "El adolescente o el niño tienen un patrón de sueño totalmente distinto al del adulto, necesitan dormir más horas. Aparentemente no les conviene despertarse a la noche e ir a la escuela a oscuras. Por eso cuando se deciden cambios horarios se espera también un cambio en la rutina escolar, aunque hay especialistas que sugieren que el alumno termina adaptándose a la nueva situación", explicó la investigadora.

"Todo lo que hay alrededor del reloj lo afecta, incluidos los factores cognitivos y emocionales. Está muy relacionado con los trastornos del ánimo o la depresión bipolar. Se trata de procesos de desincronización, el reloj no está funcionando bien. No quiere decir que el reloj se rompió primero y después me enfermé, puede ser que me enfermé y, por ende, afecté mi reloj", agregó.

Influir positivamente
Sabiendo con la mayor exactitud posible cómo funciona nuestro reloj, el de cada uno, pueden lograrse tratamientos médicos más efectivos, por ejemplo. "Yo tengo una patología y tengo que tomar a diario un medicamento, lo puedo tomar a la mañana, al mediodía, o a la noche. Cuándo va a ser mucho más efectivo lo dice la biología circadiana de cada individuo", explicó Estela. En Argentina, la búsqueda del cronotipo personalizado no es común, pero la especialista afirma que no deberíamos estar lejos de que se pueda implementar. "Puede que un tratamiento falle en una persona porque no fue administrado en el momento en que el organismo lo podría haber aprovechado mejor", agregó.

¿Qué observan en el instituto?
Estela Muñoz explicó que el grupo que dirige realiza investigación básica, no trabaja con pacientes, aunque espera que el conocimiento generado influya sobre la humanidad. "Lo que a nosotros nos interesa es cómo los engranajes del reloj son ensamblados. El reloj circadiano es una pieza de joyería fina con muchísimos componentes, cuándo se juntaron, cuándo cada pieza atrajo a la otra, cuándo el reloj circadiano hizo el primer tictac y qué necesita para seguir haciéndolo durante toda la vida de un organismo son lo que nos atrae a seguir estudiándolo. Se sabe mucho sobre la biología circadiana pero no se entiende totalmente. Vale la pena por lo tanto estar en este camino. Hace más de diez años que trabajamos en este tema, aquí en IHEM", contó.

El primer descubrimiento
Uno de los primeros experimentos que llevaron al descubrimiento del reloj circadiano en los seres vivos fue con una planta, la "mimosa", que abre y cierra sus hojas según la hora del día.

"Ese fue uno de los primeros descubrimientos, algo muy simple. A alguien se le ocurrió colocar esa plantita en un armario y mirarla. En plena oscuridad la plantita seguía abriendo y cerrando sus hojas como si estuviese expuesta a la luz ambiental, y eso es por algo que está adentro, endógeno, que funciona por sí mismo, pero que cuando se lo expone a un ambiente externo se deja influenciar por él", explicó la investigadora Estela Muñoz.
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