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martes 06 de marzo de 2018

Singular monumento quedó encerrado en el ex Zoo provincial

Fue ideado por José Nestor Lencinas para celebrar la figura del obrero. Su hijo Carlos Washington lo hizo realidad. Fue emplazado en el Parque, pero terminó con los animales

Hay en Mendoza un monumento olvidado, casi perdido, del que la mayoría sabe poco y nada.
Que ocupaba un sitio importante en el parque General San Martín y que pasó a estar encerrado en el Zoológico, como si este fuera un desván a pesar de que, hecho por uno de los artistas más emblemáticos de la provincia, fue el primero en el país que honró a la figura que representa.

Es un héroe de alpargatas. Es el Monumento al Obrero, que José Néstor Lencinas resolvió levantar en su primer acto como gobernador, en 1918 –este 1 de mayo se cumplirán 100 años del decreto de creación–, y que recién pudo ser erigido por su hijo Carlos Washington Lencinas, quizás en 1923, luego de asumir el mando de la provincia y después de la muerte de su padre.

La polémica y las críticas hacia los Lencinas, replicadas en los diarios de la época, fueron brutales en ese momento y duraron años. Enclavado en el paseo de la oligarquía, incomodaba al pensamiento dominante de los poderosos, pese a que Emilio Civit había sido derrotado por el Gaucho ampliamente en las urnas. Y la incomodidad duró muchos años, hasta que entre 1939 y 1940 el arquitecto Daniel Ramos Correas reformó el Parque, hizo el Zoológico en el Cerro de la Gloria y lo encerró allí, sin placa ni nada que cuente sobre su historia, su origen y su motivo.

El decreto
La reconocida historiadora del arte e investigadora Patricia Favre hizo un detallado trabajo sobre este monumento, directamente relacionado con la convicción política de su ideólogo.

José Néstor Lencinas asumió el 6 de marzo de 1918. Casi inmediatamente, en acuerdo con sus ministros Carlos Puebla y Dardo Corvalán Mendilaharzo, firmaron un decreto para declarar feriado el 1º de Mayo y se ordenaba: "Procédase a la erección en uno de los paseos públicos de esta capital de un monumento en honor al obrero, que personifique los rasgos y atributos de éste, con arreglo a las modalidades de nuestro ambiente, costumbres y labores regionales", y en otro párrafo sostenía que "... la personalidad del obrero debe ser reivindicada contra los prejuicios sociales y difundida dentro de un alto concepto de justicia, para que su obra sea comprendida y respetada...".

La polémica estalló inmediatamente, sumándose a las abundantes críticas que realizaba el conservadurismo sobre todas las acciones que realizaba Lencinas.

"La iniciativa recibe muchísima oposición. Es cierto que hay un sector, el del campo popular, que lo aplaude, que festeja y celebra. Pero hay otro que está en contra", explica la historiadora Favre. "También generó mucho asombro, porque los monumentos eran todos en honor a los héroes, a los próceres, y que hubiera un monumento al obrero era algo muy conflictivo", agrega.

Lencinas había producido la incomodidad de los terratenientes. Contra sus políticas, uno de ellos decía, según cita Pablo Lacoste: "Las peonadas ensoberbecidas por la propaganda demagógica del partido gobernante se alzaban exigiendo aumento de salario y disminución de horas de trabajo. (...) ¿A dónde se iría a parar en manos de aquella chusma de alpargatas que había perdido el respeto a las personas de bien? (...) Las sirvientas se habían puesto contestadoras e irrespetuosas, hablaban de sus derechos. Esto era el acabose".

Tal fue la turbulencia que afrontó el gobierno de José Néstor Lencinas que el monumento no se concretó mientras fue gobernador y murió sin verlo, en enero de 1920.

A pesar de que no se han encontrado registros formales sobre su inauguración, se sabe que finalmente su hijo Carlos Washington Lencinas cumpliría ese objetivo, después de asumir en febrero de 1922 para completar el mandato de su padre.

El Gauchito fue hasta el taller del escultor Juan José Cardona, a encargarle la obra. Pero Cardona, por ese momento el artista más reconocido en esa rama en Mendoza y autor de varias obras emblemáticas, incluida el cóndor del cruce de los accesos, ya tenía allí una obra que había hecho hacia un tiempo y que el artista llamaba "paisanito".

Es una escultura de bronce, de 1,65m. Un hombre joven (dicen que tiene los rasgos del propio Cardona), de pantalón y saco, pañuelo anudado al cuello, sombrero y calzando alpargatas. Descansa el cuerpo sobre su pierna derecha y tiene las manos entrelazadas en la espalda, con un gesto meditativo.
Sin que haya registros sobre su inauguración, el monumento fue enclavado en el ahora paseo Las Palmeras, en el parque General San Martín, paseo habitual de la oligarquía de la época. La historia dice que Lencinas hijo fue asesinado en 1929 y que la oligarquía regresó al poder.

Aún incómodo, el monumento quedó allí hasta que entre 1939 y 1940 el arquitecto Daniel Ramos Correas reformó el Parque, hizo el Zoológico en el Cerro de la Gloria, y lo encerró allí.

Sin nada que lo identifique y cuente sobre su historia, los empleados del Zoológico decían que se trataba del "Gauchito Lencinas", cuando alguien preguntaba por él.

Y todavía está allí, esperando que se lo ubique en un lugar mejor, con las placas que cuenten qué representa, quién ordenó su instalación, quién lo hizo y el resto de su historia.

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