Mendoza - submarino ARA San Juan submarino ARA San Juan
domingo 26 de noviembre de 2017

Los héroes mendocinos de la tragedia bajo el mar

Se fueron del Este y el Sur en la juventud, persiguiendo mejores oportunidades de vida. Demostraron fuerte compromiso y amor por el trabajo de defender la soberanía.

"Valiente muchachada de la Armada que lejos de amor y hogar guardan la extensión del patrio mar; la furia de los vientos desatada no doblegará jamás a su corazón viril y audaz".

Varias veces esa estrofa de la Marcha a las Fuerzas Armadas debió resonar fuertemente en las voces de Hernán Rodríguez y Fernando Santilli, por quienes encienden velas y rezan en todo el país.

Ese no es el único punto en común entre ambos. Nacieron, se criaron y pasaron toda su juventud en Mendoza, hasta que se alistaron en las filas de la Armada Argentina, a la que llegaron buscando una mejor calidad de vida y nuevas oportunidades. Lejos de su tierra natal, forjaron una carrera signada por el compromiso y la dedicación, que los llevó también a formar sus propias familias en ciudades costeras como Mar del Plata.

Hoy, sus nombres comparten una lista común, la de los 44 submarinistas de las que aún no hay indicio de vida –y se piensa lo peor– luego de que se conociera de la explosión del ARA San Juan, que el miércoles 15 a la mañana navegaba por el golfo San Jorge y cuyo rastro desapareció.

Entre ambos hay otros puntos en común: los unió la misma causa, la de defender la soberanía nacional, al país y a la patria. También que hoy los dos ya se convirtieron en héroes.

Sacrificado y alegre

La familia Santilli es "palmirense", como se definen todos los pobladores de este distrito con aires de comuna del departamento de San Martín. Se criaron jugando en la calle Juan Di Paola, del barrio Don Bosco, los 4 hijos de Orlando y Silvia. Fernando (35), uno de los 44 submarinistas de los que hablan el país y el mundo, es el mayor y le siguen Giselle (33), María Emilia (27) y Ricardo (24).

A varias cuadras de allí, Fernando cursó la primaria en la escuela Batalla de Maipú y en Junín hizo el secundario, en la Presbítero Constantino Spagnolo. Cuando egresó decidió estudiar Ingeniería en la Universidad Nacional de Cuyo, pero ante la imposibilidad de solventar la carrera decidió viajar formar parte de las Fuerzas Armadas, en donde luego consiguió el título de submarinista, que defendía con labores desde hacía 8 años.

Alegre y optimista son algunos de los calificativos que sus familiares usaron para describirlo. "Fernando es muy responsable y ama lo que hace", dijo su hermana Giselle días antes de que se conociera la fatalidad de la que aún no hay rastros materiales. Que siempre hizo sacrificios para estudiar, trabajar y formar una familia, también dijeron.

Es que, a la par de su carrera militar, que inició hace 15 años y que lo llevó a estar en Bahía Blanca, en la Fragata Libertad y 5 meses en Francia, antes de radicarse en Mar del Plata y formar parte del ARA San Juan, fue construyendo una familia junto a Jéssica Gopar, con quien mantuvo 13 años de relación.

Con ella, que es oriunda de Necochea, se casó y buscaron durante mucho tiempo tener un hijo, lo que finalmente y "gracias a Dios" –como ella dijera hace unos días– se dio en 2016. El 5 de noviembre de ese año nació Stefano, alias Piquito.

El niño aprendió a decir "papá" y le celebraron el año de vida hace casi dos semanas. Fernando, que era un ferviente admirador de los héroes de Malvinas y a quien Gopar lo describió como amable, solidario y un hombre que lleva en el alma la profesión, se perdió ese acontecimiento porque ya estaba en el ARA San Juan, donde se desempeñaba como suboficial mayor maquinista.

"El trabajo es tirano", lamentaba Jéssica en su perfil de Facebook para entonces por el hecho de que su marido no los acompañara en el cumpleaños de Piquito, sin imaginar que luego usaría las redes sociales para pedir oraciones y hasta respuestas por la desaparición de la nave y para dejar mensajes sobre la desolación de no haber vuelto a ver, siquiera, el cuerpo del esposo.

"Adiós amor", escribió ella en Twitter el jueves ante la noticia de la explosión sabiendo que esa no era una despedida como las que tuvieron que afrontar en más de una década de amor. Esta pudo ser la última.

De Real del Padre a lograr sueños

"Los hombres fueron creados iguales, pero pocos serán submarinistas". Hernán Rodríguez (44) compartió esta frase en su perfil de Facebook el 25 de mayo último. Cuesta creer que detrás de la convicción de este miembro de la Armada Argentina hay una persona que recién de adulto cumplió el sueño de conocer el mar, del cual se enamoró. El deseo lo forjó en un "pueblito", como el mismo lo contara en una entrevista que le realizaron hace tiempo, haciendo alusión a Real del Padre, localidad de San Rafael donde vivió gran parte de su vida, aunque nació en General Alvear.

"Pensar que vengo de un pueblito de Mendoza, que no conocía el mar y me hice submarinista, ya no me quiero bajar. He estado en otras unidades y uno extraña estar acá. Más no puedo pedir, me siento contento y orgulloso de ser submarinista, es lo más lindo que me ha pasado", dijo Hernán frente a cámara, sobre su carrera de 22 años en la Armada.

En la grabación en la que se lo mostraba apasionado por su labor, en su hablar apresurado, este jefe de máquinas del ARA San Juan describió que su trabajo le permitió estar en la Fragata Libertad en 2001 gracias a la cual conoció "lugares que nunca pensaba conocer" y formar parte de dotaciones de invernada, como durante 14 meses que pasó en Orcadas.

"Mi hermano es un gran soldado y un tipo experimentado", describió Claudio, guardando en las capacidades de Hernán una de las últimas esperanzas de la familia Rodríguez de que a los 44 los encuentren con vida, aunque han asumido lo peor.

Más allá de los rezos, que venían propiciando apenas se conoció de la desaparición del ARA, la súplica de este mendocino en nombre de la familia Rodríguez fue otra: "Necesitamos ver a nuestros seres queridos, por lo menos sus cuerpos".

Hernán se crió en el barrio IPV de la localidad sanrafaelina, de donde emigró en 1993, cuando decidió ingresar a la Escuela de Mecánica de la Armada, en Buenos Aires.

Allí terminó el secundario para poder iniciar la carrera de Suboficial y se capacitó como maquinista, lo que lo llevó a Mar del Plata.

Entre esa ciudad costeña y Mendoza no sólo existía un vínculo con su madre y sus hermanos –su papá falleció–, que lo llevaba a regresar con frecuencia al sur de la provincia, sino que también era bien recibido por los vecinos, que lo describieron como un hombre siempre dispuesto a servir a la Patria.
A Real del Padre también lo unió durante los últimos años el amor por Marcela Moyano, docente y vecina de esta localidad de no más de 7 mil habitantes.

Con Marcela inició una relación gracias a las redes sociales.

Esta mujer, que por estos días se manifestó indignada en la red social Facebook, se mudó a Mar del Plata hace dos años para convivir con Hernán y con Francisco, de 17 años, que es hijo del submarinista del desaparecido ARA San Juan.
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