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domingo 10 de junio de 2018

Las huellas que dejó en Mendoza el muralismo mexicano en los '50

Juan Carlos Castagnino llegó en 1954 a Mendoza a dar un curso sobre la técnica del fresco. Fue la primera experiencia. Bajo su dirección, un grupo de artistas jóvenes realizó un mural en la clínica Godoy Cruz

Las paredes fueron comunistas alguna vez. El arte fue comunista. En la conservadora Mendoza lo fueron, alguna vez. En los '50 hubo un movimiento plástico, formado por un grupo de jóvenes artistas, que entendían que el arte debía ser acercado a las mayorías y que la producción artística era un trabajo colectivo. Así se formó el Club de Grabados y el Taller de Murales.

Ese movimiento tuvo el germen en el Taller de Arte Popular Realista, con un potente contenido ideológico y que buscaba traer a Mendoza el muralismo mexicano, aquel de Diego Rivera y Siqueiros.

Para eso, en 1954 y gracias a las vinculaciones políticas, llegó a Mendoza Juan Carlos Castagnino, invitado para dictar un curso sobre la técnica del fresco. Así lo cuenta María Clara Marquet, licenciada en cerámica artística de la Facultad de Artes de la UNCuyo, en un trabajo titulado "La resignificación del muralismo mexicano en Mendoza (1952-1961)".

Bajo la dirección de Castagnino, "un pequeño grupo de jóvenes artistas, José Bermúdez, Noemí Barchilón, Basilio Rosas y Luis Quesada como coordinador, realizaron un mural en la clínica Godoy Cruz de nuestra provincia", contó.

Allí está el mural todavía. Mirta Huerta, administradora de la clínica dedicada a nariz, garganta y oído que tiene 70 años de historia, dijo que el mural recibe un cuidado muy riguroso y se encuentra impecable.
Castagnino marcó en ese mural su orientación humanista del arte. Un paisaje típico mendocino, con vides y montañas. "Si bien el tema tiene que ver con la evolución de la medicina, la problemática social se manifiesta en la representación de los más desprotegidos: los niños, la madre, la curandera, la maestra, la enfermera, los humildes campesinos de nuestra región", analizó Marquet.

Además se analiza que "la realización de este mural será de gran importancia porque significó la primera experiencia de la técnica tradicional del fresco en nuestra provincia. Vino a cubrir una necesidad largamente manifestada por los artistas del medio, teniendo en cuenta que la enseñanza en las dos instituciones artísticas no incluía la práctica de este modo de expresión", dijo.

La ceramista ubica el contexto: "Debemos considerar como antecedentes de la práctica de un arte de carácter más popular, en principio, la inauguración en Buenos Aires del Taller de Arte Mural (1944) en el que trabajaron Castagnino, Berni, Spilimbergo, Urruchúa y Colmeiro. La obra más significativa y emblemática realizada por este grupo, los murales de las Galerías Pacífico, materializó la prédica proselitista que Siqueiros difundió hacia 1933 en nuestro país, instalando su mensaje muralista de un arte para el pueblo".

En el taller de Luis Quesada
Juan Carlos Castagnino (1908/ 1972) cursó estudios en la Escuela Superior de Bellas Artes de la Nación Ernesto de la Cárcova, para luego concurrir a los talleres de Lino Enea Spilimbergo y de Ramón Gómez Cornet.

A fines de la década del '20 comenzó a militar y participar activamente en el Partido Comunista.
En 1933 integró el grupo que fundó el primer sindicato argentino de artistas plásticos. Ese mismo año expuso en el Salón Nacional de Bellas Artes.

Junto con Antonio Berni, Lino Enea Spilimbergo y el mexicano Siqueiros, realizó los murales en la Quinta de Natalio Botana, en Don Torcuato.

En 1941, se casó con Nina Haeberle y se recibió de arquitecto en la Universidad de Buenos Aires. Luego mudó su atelier a Villa Insuperable.

José de Jesús Alfaro Siqueiros, más conocido como David Alfaro Siqueiros (1896 – 1974), es considerado uno de los tres grandes exponentes del muralismo mexicano junto con Diego Rivera y José Clemente Orozco.

En 1922 comenzó a trabajar en la Ciudad de México como muralista para el gobierno revolucionario de Álvaro Obregón. El entonces secretario de Educación Pública, José Vasconcelos, se impuso la misión de educar a las masas a través del arte público y contrató a decenas de artistas y escritores para erigir una cultura mexicana moderna. Siqueiros, Rivera y José Clemente Orozco trabajaron juntos con Vasconcelos, quien apoyó el movimiento muralista encargándoles murales para edificios destacados en el DF.

En Mendoza los muralistas comenzaron a trabajar en el pequeño taller del maestro Luis Quesada, quien congregaba a estudiantes de arte e intelectuales para experimentar la técnica del grabado y debatir sobre temas que colocaban a la actividad artística en relación con la realidad social, política y económica de la época. Lo llamaron Taller de Arte Popular Realista y fue la matriz ideológica y experimental de la que surgió luego una serie de proyectos tendientes a difundir la práctica de un arte comprometido socialmente.
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