Mendoza - San Martín San Martín
miércoles 24 de enero de 2018

La misión de darles soluciones a personas en situación de calle

Una familia de San Martín fue reubicada en un refugio y en un hogar. Se habían resguardado en la parte trasera de una iglesia.

La madre fue ubicada en un refugio, casi a la fuerza. Su nuera y su nietita de un año fueron llevadas a un hogar por una orden preventiva judicial. Su hijo Julio fue detenido por alguna medida que tenía pendiente. Esta fue la suerte de la familia que se había refugiado durante tres semanas en la parte trasera de la iglesia del barrio San Pedro, en San Martín.

Cuando ya la beba y la nuera habían sido alojadas en Las Heras, la policía se llevó a la madre, al hijo, y a varios indigentes que ya se les habían sumado. Además sacaron todo lo que habían juntado y la Iglesia tapió el rincón que servía de refugio. "La principal dificultad para nosotros es ayudar a este tipo de personas que se niegan a dejar la calle y ven un albergue como una cárcel", dijo Patricia Funes, de Desarrollo Social de San Martín.

En ese departamento hay al menos unas 15 personas en situación de calle, en forma permanente. Están totalmente fuera del sistema y varios llevan años así. "La primera dificultad que tenemos para ayudarlos, es que sienten que vivir en un albergue o en un asilo es vivir en un encierro. Cuando los convencemos, se quedan un par de días y después se van otra vez a la calle", contó Patricia Funes, que hace años trabaja en el área y que este enero debió resolver, con colaboración de la Justicia y la fuerza pública, la situación de toda una familia y que pinta la realidad de muchas personas que viven en la indigencia.

La historia que ejemplifica esta realidad de muchas familias sin nombre, es la de Mabel Lencinas, ahora incapacitada por artrosis deformante y diabetes, integrada por su hijo Julio Lencinas (19 años y que jamás tuvo documentos), su nuera Lucía (16 años y que dejó su hogar a los 12) y Zamira (de sólo un año e hija de Lucía y Julio).

Para las direcciones de Desarrollo Social y de Familia del municipio de San Martín la historia de este grupo no es nueva. Durante los últimos años la familia supo vivir en un asentamiento muy precario detrás del hospital Perrupato. Después se instalaron en una bodega abandonada de la calle Tropero Sosa. Más tarde se trasladaron a Guaymallén y solían vagar por la terminal de ómnibus. Luego regresaron a la bodega abandonada, de San Martín. Finalmente, durante tres semanas y porque tenían conflictos con otros indigentes de esa bodega, recalaron en el San Pedro, cobijándose en un alero trasero de la iglesia.

Durante este tiempo Desarrollo Social y Familia intentaron darles algunas alternativas de solución, incluyendo la atención de salud, pero por diferentes razones esos intentos fracasaron por rechazo, desinterés o una arraigada costumbre de la familia de vivir en la más absoluta indigencia.

La primera medida que se logró realizar es alojar a la joven madre y a su beba en un hogar de CONIN, en Las Heras.

También estaban generando atención médica para Mabel y trámites de documentación para Julio, pero estos se negaron a las consultas.

Cuando este medio publicó una nota contando la situación de la familia, se aceleró el proceso.

"Llegó la policía y se los llevaron a ellos, a dos o tres que ya se habían sumado, y también cargaron las cosas", contó una vecina.

Lo concreto es que, según informaron desde Desarrollo Social, la Justicia ordenó la detención de Julio, quizás por alguna medida que tenía pendiente, y se llevó casi por la fuerza a Mabel a un refugio administrado por la Iglesia que está en inmediaciones de Tropero Sosa y 60 Granaderos, de San Martín.

Junto con esto la parroquia del San Pedro decidió apurar algunas obras de remodelación y cerró el reparo en donde estaba cobijada la familia, tratando de evitar que otros elijan ese refugio.

Siempre quieren volver a la indigencia
"Mabel había quedado sola después de que se llevaran a Lucía y a la beba y detuvieran a su hijo. Debimos acudir a medidas de seguridad y logramos que la policía nos ayudara a llevarla al refugio, porque ella no se quería ir y decía que quería estar con su familia", contó Patricia Funes, de Desarrollo Social de la comuna.

La trabajadora social dijo que el caso de esta familia es uno de los más frecuentes. "Son gente que es muy difícil que deje ser ayudada. Que se niega a dejar la calle o que, si acepta, sólo está unos días bajo techo y después vuelve a la calle. Hay que hacer un trabajo muy paciente".

Para sostener el ánimo los trabajadores sociales se apoyan en los logros pequeños e individuales, cuando consiguen que alguna de estas personas comience a reinsertarse y a consolidar un hogar. Pero siempre es poco, por más que el esfuerzo valga la pena.
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