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lunes 09 de julio de 2018

La mendocinidad al palo: café y tortita contra el frío

Aunque nieve, todos saben que van a encontrar a Juan Pablo atendiendo su puestito de ruta 7 y Montecaseros.

Frío. Son las 9 de la mañana y la temperatura está en la frontera del punto de congelamiento. Por momentos llovizna, por otros nevisca. "Sí, hay menos gente en la calle. Los albañiles hoy no trabajan, por ejemplo, pero los que si deben trabajar, pasan por acá por más que esté nevando".

Juan Pablo no tiene apellido. Es "el del puesto de la ruta y Montecaseros". El que está ahí desde hace 7 años. De lunes a lunes, sin descanso. El que se levanta a las 2 y media de la madrugada a preparar el café y las tortitas. El que cambió un almacén por un puesto callejero porque "me cansé de estar encerrado".

Debajo de la nevisca, el puesto de Juan Pablo era el refugio ideal. En una mañana templada el café y la tortita se consumen entre charlas con el cliente de al lado. Ayer apenas se cruzaba un saludo y cada uno se volvía al auto. Pero la escala en el puesto era indispensable, como todos los días.

"Hay gente que viene todos los días y otros son circunstanciales", dice Juan, que atiende el puesto con su esposa Doris. "Es totalmente familiar. No nos da para tener a alguien empleado".

El puesto de ruta 7 y Montecaseros, en San Martín, es sólo un ejemplo de muchos que se reparten en rutas y carriles mendocinos. Porque esta, la del café y la tortita al paso en la ruta, es una costumbre muy mendocina, casi exclusivamente mendocina.

"Es cierto. Los camioneros que pasan por acá suelen contar eso. Que en otras provincias no se ven estos puestos en las rutas. Se paran en las estaciones de servicio, en otros paradores, pero no existen estos puestos", dice Juan.

Se puede decir que los clientes se dividen por franjas horarias. "Vienen de acuerdo al horario en que entran a trabajar. Estás los que vienen a las 6.45, a las 7.45, a las 8.45.... Piden un café y una tortita, charlan un ratito y se van al trabajo".

Y la charla siempre trata de triunfos o desengaños. Futbolísticos, políticos o amorosos, que son casi lo mismo. "Yo soy casi un psicólogo... o un moderador", dice Juan.

En la calle, por elección

"Tenía un almacén y me iba bien. Pero me cansé. Quería estar en la calle. Entonces dejé todo y salí a vender café".

Juan Pablo empezó con un carrito sencillo. Ahora tiene un lindo tráiler, enganchado de una camioneta Toyota. Pero no ha sido fácil. Se ha ganado cada cosa con trabajo y sacrificio.

"Me levanto todos los días, de lunes a lunes, a las 2.30 de la mañana", cuenta. Hasta las 5 y media prepara la mercadería. A las 6 ya está en la calle. Su trabajo es intenso hasta el mediodía. Casi a las 13 levanta campamento. "Descanso un poco y por la tarde tengo otro trabajo", dice.

Todo lo hace él y Doris. Dicen que el secreto es manejar los precios de compra y de venta, y cuidar esa franja entre uno y otro. En el puesto, un café o café con leche grande y una tortita salen $25.

"En cualquier confitería te cobran un mínimo de $60 por esto. Además tenés que ir hasta ahí, esperar a que te atiendan, buscar estacionamiento... Acá pasás, parás un instante y seguís viaje", cuentan.

Otro rubro, otros clientes y casi la misma mística

Sobre el Acceso Este y sobre casi todas las rutas más transitadas de Mendoza, hay casi siempre algún puestito de café y tortitas. Desde hace poco tiempo empezaron a proliferar también algunos improvisados, de cafeteros nóveles y a medio tiempo. Son clase media que, a fuerza de ingenio, intentan cubrir algún rojo en las finanzas familiares.

Pero, así como hay café y tortas hasta el mediodía, también están los puestos que se dedican en la ruta a los lomitos, las hamburguesas y los choripanes.

Estos buscan una clientela parecida, pero no necesariamente la misma. Y por lo general necesitan más despliegue de estructuras y no son los mismos que venden el café matinal. Son negocios aparte, otro rubro.

Y también están los clientes fanáticos de estos puestos. Sin ir más lejos, es una verdad irrefutable que debajo del puente de la avenida Gobernador Videla, en el cruce de Montecaseros, en Godoy Cruz, se comen los mejores choripanes del universo. Quien diga lo contrario, deberá aportar pruebas que deberán ser comprobadas y certificadas por este escriba.

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