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viernes 08 de diciembre de 2017

La mejor novela del año es mendocina

Y de Mercedes Fernández. Su obra Grietas en el paraíso recibió la Faja de Honor que otorga la Sociedad Argentina de Escritores.

La Faja de Honor que todos los años otorga la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) distingue a las mejores obras literarias presentadas en castellano y otras lenguas habladas por comunidades autóctonas de nuestro país.

En el género novela, ese prestigioso reconocimiento ha sido otorgado a la escritora y periodista mendocina Mercedes Fernández, por su obra Grietas en el paraíso, entre trabajos de toda la Argentina que se presentaron.

El jurado estuvo integrado por Amalia de Labra y Sanz, Rubén Darío Gasparini y María Dolores Nuevo Mardones.

La ceremonia de premiación será el miércoles 13 de este mes en la sede de la entidad en Buenos Aires y Mercedes estará presente para recibirlo.

–¿Este reconocimiento tiene un sabor especial, al ser otorgado por tus pares?
–Sí, y además tiene de especial que la SADE nacional premie y destaque como mejor novela a una obra de Mendoza, de las provincias, por todo el esfuerzo que implica para nosotros publicar, porque la mayoría son autogestiones. Es un estímulo que se detengan en un escritor para ellos desconocido.

–Dentro de tu obra, ¿qué ha significado "Grietas en el paraíso"?
–Es una obra que quiero mucho, porque recojo un paisaje totalmente distinto, que fue la experiencia de cuando viví cinco años en Canadá. El escenario es ese país y Mendoza. Hay una implicación de este tener que irse del país y estar evocando constantemente tu tierra, pero encontrar en el otro lado un paisaje que, además de atractivo, tiene una magia especial, porque Canadá es realmente un lugar maravilloso.

–¿Cómo fueron esos años allá?
–Puse un diario allá, tenía 42 periodistas latinoamericanos. Fue maravilloso. Era la subdirectora y editora general.

–¿Por qué te fuiste?
–Porque mis chicos se fueron en 1999 y al principio fui como turista, a visitarlos, pero después me quedé. De mis tres hijos dos están en Canadá, están nacionalizados. De mis seis nietos, cinco están allá.

–Es un desarraigo fuerte...
–Es mucho, es muy fuerte. Es tener el corazón dividido realmente. Por eso a esta novela –que la estamos traduciendo al inglés, porque hay un proyecto firme de convertirla en película en Canadá– la quiero mucho, porque aunque es ficción, anda bien, angelada. Siempre tengo noticias de que algo le pasa.

–¿"Grietas en el paraíso es parte de una saga?
–Esta primera novela es parte de una trilogía. La segunda es La marca, que ya está en imprenta, y la tercera es Muerte en North Park. Las tres son thrillers, pero es una saga porque tienen los mismos personajes. Me he divertido mucho escribiéndolas.

–Contame qué es lo que convertía a Canadá en ese paisaje especial que describís en tu novela...
–Primero, como paisaje humano, es increíble, porque es una multiculturalidad que se traduce en las miles de voces distintas que vos escuchás cuando caminás por sus calles. Los colores de las ropas, los turbantes, los colores de las pieles, la amabilidad con que te trata la gente. Hay gentileza y respeto para aquellos que llegan. Primero, porque los necesitan: Canadá es inmenso y tiene 35 millones de habitantes.

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La autora. Mercedes Fernández es también una reconocida formadora de escritores.
La autora. Mercedes Fernández es también una reconocida formadora de escritores.

– ¿Y el paisaje geográfico?
–Es maravilloso, porque cada 15 o 20 cuadras encontrás un bosque maravilloso, con una floración increíble en invierno y en verano. Además, la nieve, con todo lo que implica para nosotros, que la vemos sobre todo en la montaña. Lo he descripto de una manera casi cinematográfica. Yo escribo siempre pensando en películas, porque me gusta mucho el cine. Escribo con muchas imágenes y son bien fuertes, poderosas.

–¿Ese paisaje amable, en este thriller no se convierte en una trampa?
–Absolutamente. Generalmente los puñales están guardados en terciopelo. Hay un juego con la amabilidad y con la sumisión que tiene el que llega a Canadá. Llega a un gran país del Norte –que es muy distinto a Estados Unidos y no quiere parecerse– con una apetencia de encontrar la paz allá y la encuentran, porque prácticamente no hay inseguridad.

–Lo que se veía en el documental de Michael Moore "Bowling for Columbine", que entraba a las casas en Canadá porque dejaban la puerta principal sin llave...
–Es que es cierto. Dejás las bicicletas en la calle y las encontrás donde las dejaste. Tiene mucha tranquilidad, pero también tiene un gran índice de infanticidios. Los países del primer mundo comienzan a hacer agua cuando aparece el filicidio como estadística de violencia. Cuando comienzan a comerse a sus hijos, están comiendo su simiente.

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