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domingo 13 de mayo de 2018

"La escuela pública les enseña a los chicos a vivir juntos"

Lo afirmó Mariano Narodowski, autor de El colapso de la educación, libro que expone un sistema crítico. "La huida hacia colegios privados es un signo de paralización", asegura. Dará una charla en Mendoza el viernes

La educación en Argentina está colapsada. Eso es lo que plantea de forma tajante el académico y docente Mariano Narodowski en su último libro. El especialista, que acumula además de trayectoria como maestro una vasta formación gracias a doctorados, becas y más de 30 años de investigación, enciende alarmas.

Ante un sistema que ve paralizado, quien fue también ministro de Educación bonaerense entre 2007 y 2009 plantea en El colapso de la educación la necesidad de que se tome conciencia y se trabaje en un proyecto serio para mejorar y evitar situaciones que podrían ser muy perjudiciales.
Gracias al ciclo de escritores Grupo Planeta-Grupo América, los mendocinos podrán acceder a sus postulados ya que es el primer invitado a charlar en público con el periodista Andrés Gabrielli. La cita es el viernes 18 de mayo, en Las Heras.

—¿Cuáles son los signos del colapso?
—La educación en Argentina está paralizada, no va ni para atrás ni para adelante, lo que significa una degradación constante del sistema educativo, que está empantanado. Comparándola con cualquier sistema educativo latinoamericano progresamos siempre mucho menos que Uruguay, que Chile, incluso que Brasil y México. En los últimos 60 años hubo una brutal salida de las clases medias y medias bajas hacia la escuela privada. Sabemos que algo anda mal cuando la gente paga por lo que tiene gratis, que es incompatible con un sistema democrático.

—¿La privatización de la educación está sujeta a una política específica?
—Es una política de Estado lamentablemente exitosa que ha atravesado a gobiernos radicales, peronistas, militares, menemismo, kirchnerismo y macrismo.

—¿Cómo una política de Estado?
—El problema de la privatización de la educación no aparece como un problema ni del kirchnerismo, ni del gobierno actual. Ni en el Plan Quinquenal, ni en la Declaración de Purmamarca, ni en el Plan Maestro se menciona. Pareciera que existe un consenso de que está bien y eso es un signo de colapso. Que las clases medias se vayan hacia la educación privada termina favoreciendo a los gobiernos, les es funcional. Les quedan más recursos para la educación de los más pobres y al irse el actor más dinámico, que en vez de reclamarle al ministro de Educación o a un gobernador le reclama al dueño de una escuela, el debate se vuelve cada vez más opaco. El único actor político que queda en el sistema educativo es el sindicato docente.

—¿Cuál escuela enseña mejor?
—La que tiene educadores comprometidos y con un proyecto educativo. Eso en Argentina no abunda, ni en las públicas ni en las privadas. A la clase dirigente argentina no le interesa la educación. No sólo a la clase política, sino al empresariado, a las organizaciones obreras, a los intelectuales, a los medios. Siempre reaccionamos a sucesos. Hablamos cuando hay una huelga o cuando toman una escuela o con los Aprender, pero son debates superficiales.

—¿Es posible revertir esto?
—Hay oportunidades de mejorar pero tenemos que cambiar. Tienen que entender que la educación formal es parte de un activo social y económico para el desarrollo.

—¿Cuáles son las condiciones del docente hoy?
—El principal problema es que su salario se aumenta sólo por antigüedad. Los resultados de las paritarias no son aumentos salariales, sino actualizaciones por inflación y muchas veces ni siquiera. Eso genera incentivos negativos. Es un sistema muy perverso. Sólo el paso del tiempo te aumenta el sueldo, la señal es que da lo mismo hacer las cosas bien que hacerlas mal con tal de que te quedes en el aula y pase el tiempo.

—¿Por qué crear identidades docentes?
—La identidad tradicional del docente argentino era la del sacrificio, la entrega absoluta y de vocación. Que está siendo remplazada por una identidad basada más en la lucha, para el lado de lo sindical, o por la apatía, el "no me importa lo que sucede porque nadie me lo va a reconocer". Hace falta que mejoren las condiciones laborales docentes y que los gobiernos tengan la capacidad de identificar a los docentes innovadores, reconocerlos en su salario como en lo simbólico.

—¿Por qué bregar por una escuela que logre la integración social?
—A dividir por dos cifras o el Martín Fierro se puede aprender en una escuela pública como privada. Pero aprenderlo juntos, todas la clases sociales, todos los credos religiosos, todas las opciones culturales, eso sólo puede hacerlo la escuela pública. Que los chicos aprendan a vivir juntos, ese es el sentido central de la educación pública en el siglo XXI. Que sea fuerte, con capacidad de trabajo y que atraiga a todos los sectores sociales. Una escuela solamente para los pobres no sólo afecta a los más vulnerables, sino a los sectores medios y altos que se privan de formar a sus hijos de una manera más pluralista e integral.

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