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domingo 19 de noviembre de 2017

La abogada con la matrícula 10.000 prefiere el acuerdo al pleito

Para Ana Gracia Ubalde "no hay que ir tanto a tribunales". Quiere asesorar a empresas con un perfil conciliador, evitando la judicialización de los conflictos

El 12 de diciembre de 2016 Ana Gracia Ubalde (30) se recibió de abogada en la Universidad de Congreso y hace dos meses, cuando recibió la matrícula, se convirtió en la profesional del derecho número 10.000 en Mendoza. "Ya desde chiquita soñaba con ser abogada; a lo mejor idealizaba un poco, pero siempre quise serlo", comenta la joven.

Agradece no venir de una familia de abogados, ya que eso le garantiza mayor libertad y le quita presión por no tener que responder a un apellido conocido en la profesión.

"Mi mamá, María Gracia Indiveri, es bromatóloga, y mi papá, Luis Evaristo Ubalde, es ingeniero electrónico. Mi tía Elena, ya jubilada, fue abogada, pero nunca ejerció, o sea que es para mí un peso menos no tener que responder a las exigencias que a veces llegan desde la familia o del entorno laboral. Es ser responsable de uno mismo sin depender de una mochila", aclara Ana Gracia, que tiene dos hermanos, Ana Lucía (21) y Luis Felipe (28).

–Comienza una etapa nueva...
–Sí, por ahora no tengo trabajo aunque trabajé en un estudio jurídico 6 años mientras estudiaba. Tengo proyectos y estoy viendo cómo llevarlos a cabo. También en lo personal, ya que vivo con mi novio y nos casaremos en febrero de 2018, son expectativas muy positivas.

–¿Diez mil abogados son mucho para Mendoza?
–Hay quienes estudian y se reciben y se esfuerzan para lograr un título, y me parece bien, además es la oferta de las universidades, pero sí son muchos, tendrán que ver ellos cómo se organizan, pero no lo veo mal. Hay que considerar que muchos ya están jubilados.

– Al parecer quieren que se rinda una especie de evaluación después de recibidos, que podría servir como filtro o como un examen más...
–Si esa evaluación se realiza con la idea de que los profesionales logren nuevas herramientas para ejercer, que abra otros caminos y sirva como para enriquecer sus conocimientos, me parece correcto. Pero si la idea es que funcione como filtro porque se considera que hay muchos abogados y hay que poner un freno, no estoy de acuerdo. Cada persona tiene una vocación y hay que dejarla que la ejerza. Creo que son decisiones que deben ser consensuadas con la comunidad que interviene en esto.

–¿Qué cambiarías en el mundo de los profesionales de tu entorno?
–Considero que en nuestra comunidad, frente a cualquier conflicto se busca a un abogado para resolver sus problemas. Creo que hay que cambiar la mentalidad del cliente y del abogado, tratar de que no se judicialice todo, disminuir esas instancias y tratar de llegar a acuerdos sin ir a tribunales. La formación profesional apunta a la legalización de los problemas y no me parece mal, pero implica demoras, gastos y tribunales colapsados. Deberían tanto la comunidad como los abogados tener una perfil más conciliador y no enceguecerse con el juicio.

–¿A eso apuntás?
–Me gusta el derecho conciliador, que la gente se ponga de acuerdo, de esa manera se llegan a mejores términos, se evitan trámites en la Justicia, se bajan los tiempos de espera y se gasta menos. Me ayudó mucho tener este perfil el haber realizado cursos de mediación. Y también trabajé en un estudio que se dedicaba a asesoramiento de empresas que tratan justamente de no ir siempre a la Justicia para solucionar un conflicto.

–¿Sería como un arreglo un poco más amigable?
–Sí, lo mejor es conciliar. En el estudio trabajé con empresas internacionales, importantes, y aprendí mucho del tema. La idea es prevenir también problemas, por ejemplo entre un cliente y una empresa o entre dos empresas. Para eso hay que trabajar mucho en la mentalidad de la gente.

–¿A qué rama del derecho te vas a dedicar?
–Me resulta muy interesante la posibilidad de ayudar a las empresas. Estoy elaborando un proyecto relacionado con las pymes, porque muchas veces las sociedades se constituyen y quedan sin autorización. Hay que ayudarlas, asesorarlas, analizar las empresas y ver las distintas opciones que pueden tener, siempre tratando de que estén conformadas y regularizadas para evitar sanciones y multas que aparecen a los 15 años y a veces los directivos no tienen idea.

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