Mendoza - Junín Junín
sábado 13 de enero de 2018

Junín tuvo que demoler el viejo Hotel de los Inmigrantes

Fue comprado por la Comuna de Junín para transformarlo en albergue estudiantil, pero la estructura estaba muy dañada. Arquitectos polemizan.

Lo que iba a ser restauración y reacondicionamiento de un histórico edificio de Junín terminó en demolición. La Comuna, que compró el lugar hace unos años y comenzó un proyecto para transformarlo en albergue estudiantil universitario, sostiene que cuando comenzaron los trabajos se detectó que la estructura era irrecuperable y estaba en serio riesgo de derrumbe. Los arquitectos de la Comisión de Patrimonio Cultural Mendoza afirman que no se les pidió asesoramiento y que se cometió un etnocidio.

El Hotel de los Inmigrantes fue inaugurado en 1920 en una manzana tradicional, que concentraba gran parte de la vida social y económica de San Martín y Junín. Fue durante años el alojamiento principal de la zona, justo frente a la estación de trenes.

Lo mandó a construir Pedro Ojea, que lo regenteó hasta su muerte, en 1950. Lo heredó un hijo de él, que lo cerró y luego lo alquiló a la familia San Luis, que lo volvió a explotar como hotel, pero de menor jerarquía.

Luego pasó a manos de la familia Caballero y fue transformado en "casa de citas". Después se establecieron un bar y comercios pequeños en la planta baja y se alquilaron como viviendas tipo conventillo las habitaciones de la planta superior.

Finalmente, en septiembre de 2012 la Municipalidad de Junín adquirió el edificio en $400.000. En julio de 2017 la Comuna anunció que invertiría $7.500.000 para trasformar el hotel en un albergue estudiantil universitario y que la obra se haría simultáneamente con la construcción de nuevas aulas para el campus, totalizando un presupuesto de casi $13.000.000. Se pretendía modificar el interior y preservar la fachada. Pero no fue así. El edificio fue demolido completamente y lo que ya había generado cierta incomodidad en la Comisión de Patrimonio, desembocó en polémica en estos días cuando la fachada fue reducida a escombros.

"Las bases habían cedido 10 centímetros y el hormigón de la estructura se desgranaba. Se pidió un estudio a técnicos de la universidad y se concluyó que no había otra opción que demolerlo", dijo el intendente Mario Abed.

Con respecto a las críticas de los arquitectos, sostuvo: "Hablan desde la literatura" y aseguró: "Yo era el primer interesado en mantener la estructura original, pero se iba a derrumbar en algún momento y la primera responsabilidad que tenemos es la seguridad de las personas".

Además sostuvo: "Hemos hecho un relevamiento fotográfico completo y la nueva fachada será idéntica a la original".

La Comisión de Patrimonio Cultural Mendoza elevó un pedido de informes a la Comuna para que se explique los detalles que llevaron a adoptar la decisión de demolerlo. Su titular, Osmán Caylá Moreno, dijo que esta decisión fue tomada "quizá por ignorancia, desidia, etnocidio o por el puro hecho de la celeridad de los períodos eleccionarios, para que los gobiernos de turno se presenten en sociedad con los cambios tan ansiados, sin sustento histórico y menos de restauración y cuidado de la identidad de los pueblos".

Manzana histórica
-Toda la manzana donde estaba el hotel, delimitada por las calles Defensa, 25 de Mayo, Espejo y Las Heras, tuvo una larga, rica y pintoresca historia, además de la propia del Hotel de los Inmigrantes.

-Algunos datos aportados por el historiador Alejandro Ravazzani dicen:

-Al este del hotel, por calle Defensa, vivía Gaspar Espósito, quien había sido traído por el ferrocarril para trabajar despachando frutas hacia Buenos aires.

-Al lado vivían los hermanos Salvador y José Vela: uno peluquero y el otro sacamuelas (el primero de la zona), quienes utilizaban en mismo sillón para las dos cosas.

-Después le seguían la familia Moral, que tenía un bar; la peluquería de la familia Lara, la verdulería de Lázaro y Manuela Sánchez y la familia de don Antonio Sar Sar.

-Por calle 25 de Mayo había unos galpones que fueron ocupados con las oficinas y taller-terminal de la CITA (empresa de transporte colectivo).

-Sobre la misma calle estaba la vidriería de Abdala Baduí, la primera de la zona.

-En calle 25 de Mayo y Espejo funcionaba el bar de la familia Simón. El lugar tenía la particularidad de contar con un mostrador de latón, con desnivel hacia el centro y un agujero en el medio, debajo del cual colocaban una jarra para juntar el vino derramado por el temblor de las manos de los clientes ebrios y luego lo volvían a vender.

-En la esquina de Espejo y Las Heras estaba el hotel Taño, de la familia de Antonio Llaver Abed. Era de categoría muy inferior al Hotel de los Inmigrantes, para los viajeros de pocos recursos, que se alojaban en el patio, la galería y un pequeño galpón. La ubicación de los parroquianos era marcada en el piso con una línea de cal. Por instalarse en el patio se les cobraba cinco centavos, en la galería diez centavos y en el galpón veinte centavos, incluida una bolsa de arpillera que les servía de colchón.

-Sobre calle Las Heras estaba el bar del Muerto Parado, llamado así por el aspecto de su propietario, don Rafael de Luca, un hombre extremadamente pálido, alto y delgado.

-Al lado vivían los Molina, quienes tenían una verdulería y una casa de inquilinato.

-Finalmente, estaban las familias de José Fresneda y José Herrera, ambos dedicados al empaque de frutas.
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