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domingo 11 de marzo de 2018

Julieta, la Reina familiera que quiere quedarse para siempre en Rivadavia

La soberana nacional es muy apegada a su hermana, a su papá y a su novio. Ama su terruño y está muy agradecida por el recibimiento que le tributaron al volver a casa

Dicen que el ilbric es un árbol, pese a que no hay forma de confirmarlo en los libros de botánica. Quizás el nombre esté deformado. Pero lo cierto es que hace más de 20 años un poblador de Rivadavia vendió sus tierras con la condición de que el barrio que allí se iba a construir llevara ese nombre.
La tercera pareja que se instaló allí fue la conformada por Javier Lagos y Carina Tur. Carina estaba embarazada y su hija Julieta fue la primera en nacer en ese barrio con nombre de árbol. Ha pasado el tiempo y ahora Julieta mira el barrio a través de la ventana.

Desde su casa se ven un aguaribay y, en una de las ramas más frágiles y sostenido por milagro, la casita de barro de un hornero. A 100 metros y en una esquina, tres jóvenes, uno con la camiseta de Boca, esperan que los pase a buscar la camioneta del contratista para ir a cosechar, mientras las catas se han acomodado sobre un fresno y aturden, a coro. En la esquina más cercana hay un almacén, que vende a $19,99 el kilo de pan y a $58 el maple de huevos. Y de poste a poste del alumbrado, un pasacalle que dice: "Bienvenida Julieta. Dios guarde esa sonrisa que nos da tanta alegría".

La muchacha, alta, castaña, perfecta, sale y se para debajo de una especie de glorieta que da una sombra perfecta gracias a una hiedra que plantó Javier hace ya mucho tiempo. "Sí, es muy linda, pero hay que fumigarla seguido por las arañas", dice el hombre, que es corredor de seguros.

Florencia, la hermana menor, está atenta y le acomoda a Julieta el pelo, como si su principal rol desde la madrugada del domingo pasado fuera el de dama de compañía ideal de Su Majestad.

El castillo de Julieta es una casa de barrio del IPV, sencilla, con la clásica ampliación al costado, mitad cochera mitad living. Es una familia simple, de trabajo, que ha sufrido. Carina, la madre, padeció durante 11 años una dura enfermedad y ahora ya no está. Todavía se nota ese espacio vacío y los tres, Javier y sus hijas, parecen funcionar sobre esa base. El cuidado que se brindan entre ellos es un acto constante, inconsciente.

La familia confiesa que ese cuidado hizo durante dos años que Julieta no fuera candidata a reina vendimial por decisión de Javier. "Le pedían a él que me presentara, pero les contestaba que a mí no me gustaba la idea. Después la gente cruzaba por la calle y me preguntaba a mí por qué no me gustaría ser Reina de la Vendimia? Y yo les contestaba que sí, que sí me gustaba. Mi papá era un poco celoso, por cuidarme. Finalmente ahora me preguntaron a mí y, con acuerdo de la familia dije que sí". Y fue elegida reina de Rivadavia primero y el domingo Reina Nacional por amplísimo margen.

Juli, como le dicen, ya tiene profundamente incorporado el lenguaje real y no se aparta de él. Sabe cumplir el rol.

Dijo que su regreso a Rivadavia "fue mejor de lo que imaginé. Sabía que tenía mucha gente que me apoyaba, por todos los que habían ido al Acto Central, pero el cariño con el que me recibieron superó todo lo que había imaginado".

Florencia contó que la reina es una buena hermana mayor. Que la acompaña, la aconseja y que comparten sus proyectos. Javier aseguró que Julieta "quiere cumplir con todos. Quiere hacer todo lo que le piden". Que la muchacha quiere aprovechar este año para apoyar y generar acciones que aporten a su pueblo.

La soberana explicó que ha ido un par de veces a la cancha a ver a su novio, Emmanuel Cirrincione. Es arquero y jugó en Vélez hasta el año pasado, cuando pasó a Godoy Cruz. "Fui a verlo jugar contra Ñuls y contra Aldosivi" y espera poder ir a verlo también en el Tomba.

Dijo que quiere recibirse, que quiere casarse y tener hijos, que quiere ejercer su profesión de kinesióloga y especializarse en rehabilitación y medicina deportiva.

Aseguró que Rivadavia es su lugar. Que le gustaría no irse jamás.

Sonríe. Es feliz.
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