Mendoza - Mendoza Mendoza
domingo 05 de noviembre de 2017

"Hay que elegir la virtud porque la práctica espiritual es el elixir de la felicidad"

Cuando se fue de Mendoza, en los albores de los años '80, Susana Contreras era adolescente: apenas tenía 17 años. El cambio fue muy brusco, porque de la tranquila cotidianeidad de un pueblo pasó a la furia porteña: se mudó a Buenos Aires, comenzó a estudiar abogacía y, más tarde, periodismo. Trabajó en una discográfica, y hasta en la editorial Atlántida. Pero tuvo la convicción de que era momento de volar más lejos, siguiendo su búsqueda espiritual. La misma que la llevó por diversos países del mundo, y lo que la impulsó a convertirse en una hermana budista tibetana.

Hoy, después de un largo tiempo de no vivir en la provincia, y de varios intentos infructuosos de instalarse en Mendoza, sigue buscando aquí un lugar para construir un monasterio, donde la gente pueda prepararse espiritualmente para consagrarse al budismo, o bien simplemente meditar y encontrar paz. Sin embargo, la que desea regresar ya no es Susana Contreras, sino Ven (que signfica hermana) Thubten Kundrol, que es su nombre desde que se ordenó.

Thubten Kundrol dialogó con Diario UNO puesto que vendrá a brindar un seminario sobre meditación, y además aprovechará el viaje para retomar el proyecto del monasterio.

–¿Cómo llegó a ordenarse como religiosa budista?
–Cuando me fui de Buenos Aires, pasé por muchos países. Estuve en Brasil, en Estados Unidos y en Europa. Luego conocí el budismo Zen y me fui a Japón, donde trabajé como maestra de inglés. En 1985 pasé por Tailandia y luego descubrí el budismo tibetano.

–¿Se sintió más identificada con esa escuela el budismo?
–Era mi camino. Decidí hacerme monja y me dijeron que, para eso, debía ir a Nepal. Primero viajé a Estados Unidos y después me fui a Nepal. Hace 24 años.

–¿En qué consistió su formación?
–Me entrevisté con un maestro al que llaman "rinpocher"(que significa reencarnado), personas muy espirituales que pueden ver el futuro y el pasado. Hablé con él, le pedí ser monja. Él es quien tiene que dar el visto bueno, o en su lugar le dice a la persona interesada que no es momento y hay que esperar.

–¿Cómo resultó en su caso?
–El maestro me dijo que sí podía hacerlo y entonces me ordené. Ahora es diferente, hay que estudiar y realizar una especie de entrenamiento monástico por un año, esto con el fin de ver si la persona no cambió de opinión.

–¿Qué debió hacer para ordenarse?
–Desde un comienzo, el religioso o religiosa debe realizar 36 votos, en cambio, los votos elementales que realiza la gente laica común son 5. No puede quebrarse esos votos, hay que practicar y estudiar todo el tiempo.
Hay que hacer ver la realidad que quiere mostrar el budismo, la realidad de la vida, verla desde una perspectiva correcta. Se empiezan a ver conceptos erróneos que la sociedad y sistema le imponen.

–Bajo su punto de vista, ¿qué beneficios trae a quienes lo practican?
–El budismo tiene la capacidad de linear la mente y poder definir bien los parámetros de las cosas, la posibilidad de discernir lo que es correcto de lo que es dañino para uno y para otros.

–¿La finalidad es evitar el sufrimiento?
–Es lo que se busca con la meditación, con el entrenamiento en el modo de conducirse. Se puede tomar la cualidad de guiar a las personas, yo hago esto en Buenos Aires, que es el lugar donde actualmente resido. Se nota cuando la práctica es buena, porque brinda beneficios, si la práctica no es buena, inmediatamente se nota.

–¿Su intención es instalarse en Mendoza?
–Es un sueño que tengo desde hace 22 años. Yo estaba en Italia y podría estar en Francia, en un monasterio, pero quiero beneficiar a la Argentina.

–¿De qué manera piensa que podría hacerlo?
–Tratando de aportar una visión espiritual y amplia de los problemas existenciales. Estos surgen a través de un modo no correcto de ver las cosas, y se decide en base a esto.

–¿Cuáles de estos problemas cree que más nos afectan?
–La corrupción, una visión errónea de la realidad, una limitación mental para ver un poco más allá de los propios intereses y pensar en comunidad.

–¿Ese monasterio usted quiere edificarlo en Mendoza?
- Un monasterio que emane esa energía concentrada, habiendo hecho los votos tiene más fuerza la práctica espiritual que uno brinda a todo el medio ambiente. El lugar se transforma en un área de paz, en un área amorosa.

-¿Cree que la gente se hará eco de la propuesta?
–Necesitamos vivir una vida feliz. Si nuestra mente está en paz y es amorosa, esos sufrimientos diarios no van a ser tan dañinos como si no estuviéramos preparados. La gente paga dinero para irse de vacaciones, o comprar objetos, sin embargo, continúan vacíos. Pero cuando uno practica los valores que imparte el budismo, la felicidad no tiene precio.

–¿Cómo repercuten los cambios?
- La persona al desarrollar esas cualidades se benefician estando siempre de buen humor, mejora su salud y su calidad de vida. Las energías vitales internas trabajan de modo adecuado, si uno está armonizado espiritualmente, la energía redunda en el exterior.

–Suena sencillo, pero quizás no sea tan fácil de llevar a la práctica
–Lo cierto es que la práctica espiritual es el elixir de la felicidad. Hay que elegir la virtud sobre lo equivocado.

–¿Cómo definiría "lo equivocado"?
–Si uno se maneja aventajándose, o con mentiras, la persona cree que está bien pero se autoengaña. Sufre.
El cambio viene al darnos cuenta de los pocos beneficios que aportan algunas formas de felicidad errónea,

–¿Qué aconseja hacer para revertirlo?
- Abrir ventanas, liberarse de los problemas y permitir que entre la iluminación. No hay que empastarse en el sufrimiento, hay que entrenarse para ser feliz.

Fuente:

Más Leídas