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domingo 15 de abril de 2018

Fue el mejor mago de Latinoamérica y ahora quiere volver a actuar y abrir un café cultural

Se trata de Mario Mostny, quien se sintió atraído en su adolescencia por el mentalismo y la hipnosis, pero en lugar de estudiar psiquiatría como carrera universitaria decidió hacerse mago.

La magia es como el amor. Comienza siendo una casualidad y se convierte en aprendizaje. Así sucedió en la vida de Mario Mostny, quien se sintió atraído en su adolescencia por el mentalismo y la hipnosis, pero en lugar de estudiar psiquiatría como carrera universitaria decidió hacerse mago. Tanta fue su vocación que su padre, el inventor y comerciante Hans Mostny, y su madre, la reconocida bailarina austríaca Isolde Klietmann, lo apoyaron en todo para que no se detuviera y alcanzara plenamente su sueño. Así, el joven que se entretenía hipnotizando a sus compañeros de escuela secundaria, se convirtió en el Gran Atlantis, mago con reconocimiento internacional, que actuó en cruceros por todo el mundo. Amigo personal de Frans Czeisler, fundador del circo Tihany, Mario Mostny sacó de su galera miles de anécdotas e historias para contar.

Hoy, 30 años después de haber colgado el traje de Atlantis, quiere retomar su carrera y abrir un café cultural en el mítico estudio de danza que fuera de su madre. En esos menesteres lo encontró UNO, con quien dialogó de su historia y proyectos.

–¿Cómo decidió convertirse en mago?
–Inicialmente iba a estudiar psiquiatría; me gustaba mucho la hipnosis pero no como espectáculo, sino como actividad terapéutica. Eso fue en 1963 y comencé a estudiar medicina.

–¿Y sus padres cómo lo tomaron?
–A mi padre no le gustaba que yo hiciera hipnosis, porque una vez vinieron mis compañeros de la secundaria a estudiar y yo para hacerle una broma a mi padre, que estaba cenando, hipnoticé a uno de ellos y le dije: "Vos ahora vas a ir en cuatro patas hasta donde está mi padre, le vas a ladrar y después le vas a decir buenas noches y te vas a volver". Y así lo hizo. Mi padre me preguntó por qué hacía esas cosas, y entonces fue que me recomendó encauzar esa vocación de otra manera.

–¿Cómo aprendió a hipnotizar?
–Desde los 14 años me he interesado por la parte esotérica, el verdadero esoterismo. Lo que pasa es que la gente no sabe lo que es.

–Es cierto, es una palabra que causa miedo, o impresión...
–Esoterismo significa algo interno. Se puede usar, como ejemplo y para explicarlo rápido, un huevo. La cáscara es la parte exotérica, que es la gente cotidiana, la que va a los partidos de fútbol, la que saca la Bandera, los políticos, la gente que va a la iglesia. Yo les llamo "los bípedos destructores de la fuerza de la naturaleza".

–Es decir, casi todos...
–Los que no son prójimos y son semejantes. Hay una diferencia. Prójimo es la persona que vive y siente de la misma forma que uno. Y semejante es el que uno ve en la calle, y se ve igual a nosotros pero no lo es.

–¿Pero hay otras categorías?
–Sí, están los que creen que hay algo más allá de esa cáscara. Se interesan y entran en lo que podríamos decir la clara del huevo, que es la parte mesotérica. Y si pueden avanzar más, entran en lo que se puede comparar con la yema del huevo, que es lo esotérico. Eso era lo que me interesaba a mí.

–¿Eso es lo que hizo desde la adolescencia?
–Sí, y por eso había investigado mucho sobre hipnoterapia, porque me parecía mucho más efectiva que la psicoterapia, porque se llega a la parte inconsciente mucho más velozmente que con el psicoanálisis.

–Pero finalmente no estudió psiquiatría...
–No, porque mi padre me recomendó que me conectara con la gente del Círculo Mágico Cuyano. Él conocía al gerente del Banco Mendoza de aquel entonces, que era mago, y me contactó con él. Fui a ver una función y me entusiasmé.

–¿Lo invitaron a participar en el Círculo Mágico de Cuyo?
– Claro, entré en el círculo como hipnotizador. Ellos se interesaron por la hipnosis y yo por lo que hacían ellos. Así comencé a aprender magia.

–¿Quién le enseñó magia?
– Yo pertenezco a la escuela de magia austríaco vienesa. Estuve mucho tiempo en Austria, estudiando, y seguí esas enseñanzas.

–¿En qué se caracteriza esa escuela?
–Es la magia que busca provocar los efectos en forma más bien lenta, que es más difícil, porque los movimientos no pasan desapercibidos, como sí sucede cuando los pases son rápidos. El espectador lo saborea más, y produce más el efecto mágico. Ese fue mi estilo.

–¿Viajó mucho para aprender?
–Al principio me la pasaba en Europa. Después volví y ocurrió un hecho que fue importante en mi carrera. Gané el Primer Congreso Latinoamericano de Magia en Chile.

–¿Cómo fue esa experiencia de ser considerado el mejor mago de Latinoamérica?
–Yo tenía 23 años. No iba a trabajar, sino como espectador. No había llevado elementos, puesto que mi fuerte era el número con palomas y no las había llevado. Sólo tenía mi frac, unas bolitas y cartas, nada más.

–Pero terminó participando...
–Sí, fue a instancias de los organizadores, que me preguntaron si yo no había llevado nada para actuar. Y la verdad es que sólo tenía esos elementos sencillos, pero les pedí que me alojaran en el mismo hotel que los participantes para contactarme con ellos, aunque yo pensaba pagarme todo por mi cuenta. En cambio, desde la organización me ofrecieron actuar en el simposio y a cambio me pagaban la estadía y lo que consumiera, al igual que a los demás participantes.

–¿Qué sucedió en ese simposio?
–Finalmente terminé participando en Close Up (magia de cerca), Magia en General y en Manipulación, siendo esta última mi especialidad. Cuando entregaron los premios, declararon desierta la categoría de Manipulación. Entonces, cuando yo me iba por los pasillos del teatro me pidieron que me quedara. Me entregaron el premio en Close Up, el primer premio en Magia en General, y en Manipulación no me lo entregaron porque sí me dieron el Gran Premio de Magia de Latinoamérica.

–¿Eso disparó su carrera como mago y de la psiquiatría se olvidó?
–Yo pensé: si soy médico tengo que atender a la gente y si no tiene dinero no le tengo por qué cobrar. Si me llaman por una emergencia, tengo que estar. Entonces pensé, prefiero lucrar y ganarme la vida con algo que no sea necesario como la medicina. El entretenimiento se puede pagar. Lo hice por una cuestión interna, porque si yo era médico sabía que iba a atender gratis.

–¿Cómo siguió su carrera después de haber ganado el Concurso Latinoamericano de Magia?
–Comencé a trabajar en cruceros, estuve 17 años en la línea Costa Cruceros. Me hice muy amigo de Giovanni Costa, uno de los dueños. Trabajé en varios de sus cruceros actuando para un público muy particular, altamente cosmopolita. Eran casi 2.000 personas por viaje.

–¿Qué fue lo que lo hizo alejarse de la magia?
–Trabajé como el Gran Atlantis hasta 1988. Lo que me hizo alejarme fue verme en un programa de la televisión de Chile. Me lo mandaron, porque yo no me había visto. Y lo que vi no me gustó porque vi mi propio ego reflejado en esa actuación. Entonces, decidí dejar.

–Pero ahora quiere volver a actuar...
–Sí, pero ya con otra actitud, con otro aprendizaje. Manejando mi ego, que es algo que los artistas pocas veces pueden hacer.

Perfil
Mario Mostny

El hipnotizador que se convirtió en mago. Mario Mostny nació en Mendoza, pero tiene sus raíces en Austria: es hijo de Hans Mostny y de la reconocida bailarina Isolde Klietmann, pionera de la danza contemporánea en la provincia.

Comenzó a estudiar medicina en la Universidad Nacional de Cuyo, porque quería ser psiquiatra, ya que se sentía atraído por el aprendizaje de la hipnosis, pero abandonó porque ingresó en el Círculo Mágico de Cuyo y se dedicó a su verdadera vocación: la de convertirse en mago.

Para esto se preparó en Austria, en la provincia de Linz, donde nació su madre, y luego volvió al país y ganó tres veces el premio como mejor mago de Latinoamérica. Trabajó en la línea de cruceros Costa, durante casi 20 años. Viajó por el mundo y abandonó la magia en 1988, para dedicarse a otras actividades. Ahora quiere regresar y abrir un café cultural en el estudio de Isolde Klietmann.

El legado de Isolde
Mario Mostny o el Gran Atlantis lleva en sus venas la sangre de la gran Isolde Klietmann y eso no es fortuito. El legado espiritual de Isolde no puede provenir de otro lugar que no sea del arte mismo.

Consultado acerca de qué fue lo que su madre dejó en él, el mago contó una anécdota que lo explica mejor que cualquier definición.

"Después de ganar en tres oportunidades el Gran Premio de Magia de Latinoamérica fui a pedir trabajo en Buenos Aires en el hotel Sheraton. Allí hablé con Alex Mc Cluskey, el hermano del cantante Donald. Llegué con una carpeta de antecedentes, en la cual lo que más se destacaba eran los galardones. Mc Cluskey me dijo que los magos allí no habían tenido éxito, "que no habían gustado". Entonces, me fui. En ese momento estaba con una pareja que me dijo que volviera y le mostrara el resto de la carpeta, sobre todo mis fotos. Cuando las vio me dijo: "¿Cuándo querés empezar? Esto es lo que yo busco, alguien que sepa venderse como actor". Ese fue el legado de mi madre, lo que Alex Mc Cluskey vio en mis fotos y no en los premios que había ganado: la capacidad de transmitir tácitamente el ángel del artista, ese halo de mística tan particular.

Después me hice muy amigo de Alex, y le pregunté por qué no me había dado bolilla cuando le mostré la carpeta. El me respondió que "no le interesaba un mago que ganara premios, sino alguien que supiera venderse como artista".

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