En Mendoza hubo al menos 4 abortos por día

El dato surge de comparar el total de nacimientos por año (35.000 en 2017) con los 1.650 casos, en su mayoría legrados, atendidos en el sistema público de salud local.

Que sí, que no. Que debe legalizarse, que es un asesinato, que la vida comienza en la concepción, que cuando es feto es viable, que la mujer no tiene derecho a decidir sobre su cuerpo, que cada persona debe optar con responsabilidad lo que quiere y puede hacer. Todas estas son posiciones éticas y filosóficas. Lo cierto es que el aborto existió, existe y existirá, con Ley de Interrupción Legal del Embarazo (ILE) o sin ella.

Si bien en los últimos 10 años la cantidad de mujeres que llegan a las maternidades de Mendoza probablemente tras haberse practicado abortos o con problemas graves en sus embarazos ha bajado 34%, lo cierto es que 1.650 (4,5 por día) mujeres fueron atendidas en 2017 en el sistema público de salud por causas relacionadas con abortos.

Los números, que fueron proporcionados por Mónica Rinaldi, directora de Maternidad e Infancia del Ministerio de Salud, no reflejan la realidad completa, porque al ser ilegal el aborto no hay forma de tener el dato preciso.

Lo que dice al respecto la tocoginecóloga Cecilia Ousset, quien realizó su residencia en el hospital Lagomaggiore y hace pocos días escribió un testimonio que se hizo viral a través de Facebook, es que esas son las mujeres que llegan a los hospitales. Las demás no llegan, porque se las termina de atender en un consultorio privado o en la casa de las personas que realizan abortos en forma clandestina.

Sin embargo, hay que destacar que la cantidad de legrados que se realizan en el sistema público de salud ha ido disminuyendo desde el 2008 hasta ahora. Esto, según suponen tanto la profesional mencionada como el jefe de Perineonatología del Lagomaggiore, Ernesto Olcese, es porque se ha comenzado a utilizar el medicamento conocido como Oxaprost –cuya droga genérica es el misoprostol–, un remedio que sirve para inducir partos cuando los embarazos están muy avanzados y a provocar abortos cuando se decide interrumpir la gestación en las primeras semanas de haberse producido.

De los métodos clandestinos, muchos muy peligrosos por las malas condiciones de asepsia en que se efectúan, este es el más seguro.

La grieta
Si bien en el sistema de salud hay una idea generalizada por parte de los profesionales de que el aborto es un tema de la realidad con la que ellos se las tienen que ver a diario, las posiciones están claramente divididas.

Por un lado, el director del hospital Lagomaggiore, Mario Bustos, explicó: "Desde que yo soy director, (cuando comenzó la gestión de Alfredo Cornejo) no he tenido que atender casos tan graves como los que describe la carta de la doctora Ousset. No hemos tenido que atender infecciones graves, ni mujeres con complicaciones por haberse hecho abortos en forma clandestina y en malas condiciones sanitarias. La tarea del hospital es acompañarlas y asistirlas en todo el proceso, desde que ingresan hasta que se retiran. Además si nos manifestó que ella no quiere tener más hijos, se va del hospital con el método anticonceptivo definido: subdérmico, vía oral y también el quirúrgico (ligadura de trompas)".

La jefa del área de Obstetricia, Leticia Ojeda, manifestó que "si hay algunos indicios que indican que se puede haber tratado de un aborto provocado nosotros tenemos la obligación de preguntarlo por una cuestión de medidas terapéuticas que tenemos que tomar".

En cuanto a las muertes de madres por esta causa, aseguró: "Nos guiamos por las estadísticas de Unicef publicadas el año pasado: una de cada 5 muertes maternas en Argentina ocurren por aborto. La tasa de abortos en su totalidad ha bajado".

También se manifestó alejada del proyecto de ley de ILE, en primer lugar porque las personas gestantes que quieren abortar tienen que estar en un área aislada de maternidad ya que es como revictimizarla internarla allí. Por otro lado, planteó que los médicos que no están de acuerdo deben ser respetados en cuanto a ser objetores de conciencia, y negarse a hacer la práctica si va contra sus principios. Esta afirmación también fue sostenida por el profesional de Perineonatología.

La funcionaria y la enfermera
Mónica Rinaldi destacó la baja en la cantidad de prácticas de este tipo que se viene dando desde hace diez años, pero no dejó de poner el foco en que al ser un tema de salud pública se lo debe atender como tal y no esconder lo que sucede. El punto es que no se pueden obtener datos fidedignos porque las mujeres suelen llevar para siempre con ellas el secreto.

Pero Graciela, una enfermera que trabaja desde hace años en el Lago, aseguró: "Acá las chicas se mueren. Vienen con infecciones porque se metieron un palito de rosal, de malvón o de perejil. Hay que preguntarles a los médicos de terapia intensiva sobre cómo vienen esas chicas".
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