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domingo 31 de diciembre de 2017

El triste resultado del "garantismo"

–Si algo no le gusta son las derrotas políticas ¿Cómo vivió el no haber podido aumentar los miembros de la Corte?
–Los proyectos de cambio profundo presentan contingencias y tienen adversarios fuertes que quieren cuidar privilegios. A veces lo consiguen. Lo importante para nosotros es no perder de vista el propósito que nos llevó a respaldar esa reforma, que era darle agilidad al servicio de justicia, razón absolutamente necesaria para que mejore, por ejemplo, la seguridad en Mendoza. El título mediático que designa a ese proyecto sólo como de "aumento de miembros de la Corte" es un título mezquino. La iniciativa abordaba muchas aristas más para mejorar la Justicia.

–¿Es la Corte, hoy, una enemiga política del Gobierno?
–De ninguna manera. Nosotros queremos contribuir a la calidad del servicio de justicia que es el reclamo de la población y por eso ponemos en el debate público los asuntos en los que creemos que debería mejorar para que los mendocinos vivamos mejor. En este contexto es razonable que a veces haya miradas contrapuestas.

–Un líder dentro de la Corte es Omar Palermo, juez asimilado a la forja de Justicia Legítima...
–No es útil para elevar la calidad del debate hacer referencias personales. Hay testimonio suficiente de que Justicia Legítima es un apéndice del kirchnerismo que ha herrumbrado la Justicia argentina con resultados dolorosos, no sólo en el plano institucional sino directamente para la ciudadanía.

–Una bandera de su gobierno es el combate a la delincuencia. ¿Qué opina del abolicionismo?
–El abolicionismo, comúnmente designado como garantismo en la Argentina, es el gran motor de la puerta giratoria y de que los derechos de las víctimas hayan estado, y en algunos casos aún estén, por debajo de los derechos de los delincuentes. No es posible una política de seguridad pública efectiva sin que todo el Estado, Justicia incluida, trabaje para acorralar al delito. La Justicia que facilita la impunidad deja de ser justicia y ese es el triste resultado del "garantismo argentino".

–¿Qué siente ser una excepción nacional al no tener reelección?
–Nada en particular. Así estaba dictado cuando fui elegido gobernador. Naturalmente, hay procesos de reparación o transición, como el que nos toca, que necesitan más tiempo pues hay mucho por hacer y eso hace parecer que la reelección es un tema central. Pero no lo es de modo excluyente.
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