Mendoza - Uber Uber
domingo 24 de junio de 2018

El millennial de Cornejo que se bate cuerpo a cuerpo en el barro de Uber

El joven secretario de Servicios Públicos le abre la puerta legal a esa aplicación, en medio de una fuerte polémica con los taxistas. Referente de las generaciones futuras, asegura que la nueva ley es para regular su impacto y que ese avance es inevitable

Con 32 años, es el funcionario de rango más joven del gabinete de Alfredo Cornejo y está a cargo de un área de alto impacto público: el sistema de transporte. En plena crisis de 2001, cuando se disolvió la autoridad presidencial y la Argentina volvió a ser las Provincias Unidas del Río de la Plata por un corto período, Natalio Mema tenía apenas 15 años. Hoy, 17 años después, vive en otro mundo, envuelto en la gran polémica de si le abre o no la puerta a un sistema de "taxis" que se pide con un par de clics sobre la pantalla de un teléfono, ejecutados por los leves movimientos del siempre perezoso dedo gordo. En esa pelea, en esa lucha que enfrenta al viejo y al nuevo mundo está el joven Mema, en el barro de Uber.

En sus últimos 15 años de vida, Mema se crió en otra época que ya está a un siglo de distancia de los comienzos de siglo: la de los viejos televisores que se transformaron en menos de 10 años en TV, PC y equipos de música, todo en uno, all in one, como se dice.

La época de aquellas raras cuasimonedas como los Petrom y las Lecop, que seguramente llegó a conocer y que convivieron en la entrada del nuevo milenio, con antiguas computadoras de pesados monitores montadas sobre un gran mueble.

Esas que después evolucionaron a notebooks y luego a tablets para mutar con grado de ciencia ficción a pequeños smartphones desde los que se puede hacer transferencias bancarias, pagar impuestos, comprar productos con tarjeta de crédito, encargar el pedido del supermercado, conversar cara a cara con una videollamada a cualquier parte del mundo, y hasta pedir un Uber, ese servicio de taxis que dicen que no es un taxi sino "una plataforma digital", que gestiona un sistema casi idéntico a los taxis.

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Esa app (aplicación telefónica), que se ha erigido en el rostro de la nueva era que arrasa a la palpable realidad con robótica y aplaudida eficiencia, ha surgido también como el símbolo de la bestia negra que amenaza a los ciudadanos que aún viven y comen del trato cara a cara en el mundo de las máquinas y los procesos mecánicos.

Aquel chico que a los 15 años trabajó en la panadería que abrió su padre en Chacras de Coria, porque no había nada cerca, para ir a comprar pan recién horneado, es hoy parte de la generación del futuro que se enfrentará al profundo impacto de la robótica. Es la parte de la generación que gobernará la provincia y el país dentro de 20 años.

Ese choque descomunal entre el viejo y el nuevo mundo se sintetiza hoy en la interminable polémica de Uber, que el ahora treintañero ministro decidió confrontar contra viento y marea.

Seguro de sí mismo y asumido en la idea de que es un proceso imparable, Mema no se muestra como un cándido entusiasta de la app.

Al contrario, en muchos frentes cree que tanto Uber, como otras plataformas digitales de gestión, necesita ser reguladas.

Por eso decidió dar lo que él entiende es una batalla para que las nuevas aplicaciones para el transporte no arrasen con todo, entre ello, con los taxis y remises.

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Asegura que no hay modo de frenar ese cambio porque una impronta generacional demanda su uso y porque "no tenemos forma de controlar el teléfono de cada persona que esté pidiendo un Uber u otro servicio similar".

Y trae a cuenta su propia experiencia: "Las veces que usé los autos de Uber en Buenos Aires no me salieron más baratos que un taxi, pero para mí era más cómodos, por una experiencia propia de la edad que tengo, así como uso Google Maps para ver las calles, el waze cuando salgo de viaje para saber dónde hay problemas en la ruta. Tengo 32 años, nací con estas tecnologías y así como uso el WhatsApp, que mi viejo no lo usa, también uso para todo el teléfono. Son herramientas", afirma Mema.

Ante esta presencia implacable e inevitable de la nuevas tecnologías, él cree que lo mejor que se puede hacer es regularlas: "¿Existen o no las plataformas electrónicas? Existen. ¿En Buenos Aires están permitidas? No, pero funcionan igual y la competencia es muy desleal porque el Estado las desconoce, no tienen regulación, pero allí están. Vas a Buenos Aires y te tomás los Uber que quieras. Ya hay casi más Uber que taxis".

Y continúa: "¿Cual es la opción? ¿Vamos a dejar entrar por la ventana a una aplicación que es incontrolable? ¿No la vamos a regular porque a los taxistas de Mendoza no les conviene? No podemos legislar en 2018 en materia de transporte desconociendo esto".

Trae ejemplos que ya están instalados hace rato: "Es como si nosotros quisiéramos regular Gmail (el correo electrónico de Google), porque dejó sin laburo a los carteros del correo. Todo ha cambiando, Booking pasó por encima a las agencias de turismo y estas se reinventaron y siguen existiendo. Mi papá no se organizaría nunca un viaje con Booking, iría a la agencia que lo atiende personalmente, es decir, sigue habiendo para todos, pero no podemos negar que existen".

Mema cree que el Estado debe poner las reglas: "La política más acertada es darle un marco regulatorio. No sá si Uber va a querer venir a Mendoza con esta ley, pero si viene va a tener que cumplirla: sus autos no podrán tener más de cinco años, el chofer sólo podrá ser el propietario con carnet de conducir profesional, no podrá subir pasajeros en la calle, deberá tener la revisión técnica obligatoria y pagar una tasa impositiva importante".

Para el joven Mema es fundamental una ley en este sentido: "¿Cómo nos vamos a parar como Estado frente al avance de la tecnología, de la informática, del software? Tenemos que hacerlo porque esto te pasa por arriba. Si no, habría que ser como China o Corea del Norte, donde accedés a lo que ellos quieren en internet y el resto está bloqueado. Funciona, pero no creo queremos eso en nuestro país".

La leyes no le son ajenas, sino su especialidad. Estudió y se recibió de abogado en la UNCuyo. Es especialista en derecho civil y comercial. Hace poco tiempo tuvo que encargarse de la transformación de la desaparecida Empresa Provincial de Transporte de Mendoza (EPTM) para reconvertirla en la Sociedad de Transportes de Mendoza (STM).

Transformaciones como estas, además de la gestión pura y dura, demandan leyes, normativas que legitimen la transformación, donde nada puede quedar librado al azar y donde Mema debió trabajar para que el cambio no quedara trunco.

Esa es la misión que tiene ahora con la nueva ley de transporte, un proyecto que lo excede, que se ha preparado durante un año con asesores y especialistas extranjero e involucra a todo el Gobierno, a la UCR y a Cornejo en persona como decisor de esa política.

Un proyecto que abre la puerta y le pone reglas al polémico Uber y su omnipresente por encima de la monstruosa omnipresencia que no reconoce fronteras ni Estados.

El futuro: "Será igual de complicado que ahora, pero con desafíos distintos"
Hijo de una era bisagra donde los profundos cambios tecnológicos han puesto años luz de diferencia entre su generación y la de sus padres, Natalio Mema cree que el mundo que se viene para los jóvenes de su edad y los que le siguen "va a ser igual de complicado que ahora, pero con desafíos distintos".

Tomando como referencia sus funciones actuales, ejemplifica: "En la nueva ley de transporte que estamos promoviendo ahora estamos debatiendo ni más ni menos que la regulación del uso del espacio público, en la que tienen lugar tanto las plataformas digitales que dan la pauta del cambio como las bicicletas, las ciclovías por las que circulan, todo eso sin ignorar a los que no están usando el transporte", destaca.

Explica que "el futuro que está asomando es mucho más competitivo. Si no estás preparado para usar distintas nuevas herramientas, estás mal. Si no hablás inglés, sos analfabeto. Incluso hoy no necesitás sí o sí una carrera universitaria para ocupar ciertos lugares de liderazgo. Hay personas que son grandes empresarios, que están brillando en las tecnologías de comunicación y no tienen un título, sino que tuvieron una gran idea y la llevaron a la práctica. Ese es el desafío que nos espera".

De familia radical, nunca militó y llegó a la política súbitamente
Hace unos años Natalio Mema ni se imaginaba trabajando en política. Ejercía la abogacía, vivía bien y tenía su estudio. Sin embargo, en casa, había mamado ese ambiente. Su padre fue senador radical a fines de los '90, su madre es licenciada en Ciencias Políticas. Hoy, tampoco se imagina cómo será su futuro: "Soy muy millennial en eso, pienso en terminar esta gestión, pero me gusta la función pública", asegura.

Ante lo que se viene, contesta sin preocupación: "No sé si voy a hacer carrera política. Si me preguntabas hace una año si iba ser ministro, me parecía una locura", pero a la vez recalca que la función pública "tiene otro gusto, en la actividad privada trabajás para vos".

Básicamente no se imagina de nada hacia adelante, si se abren puertas y le gusta, está dispuesto a aceptar los desafíos.

Por ahora está focalizado en lo que le toca: "Tengo este tema de los servicios publicos, en la crisis más grande de la actividad en los ultimos 30 años, porque estas metiendo tarifa por un servicio malo. Por eso ahora venimos a hacer cambios de fondo".


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